domingo, 6 de diciembre de 2009
Productos de Chile y la Araucanía
Chile no posee manifacturas en el verdadero sentido de la palabra. Si se exceptúa una elaboración de orden completamente secundario, o como diríamos embrionaria, dicho Estado lo recibe todo de Europa. Telas, hilados, vajilla, cristalería, quincalla, papel de escribir y para la imprenta, máquinas, muebles de precio, instrumentos de trabajo, objetos de lujo de todas clases, todo lo recibe de Europa. El comercio se encuentra por nueve decimos en manos de los extranjeros. Valparaíso, primer puerto y centro mayor del comercio chileno es una verdadera Babilonia en cuanto a idiomas. Allí se oyen todas las lenguas de Europa, con pronunciado predominio de la inglesa.
Los productos principales de Chile son los cereales y el cobre. Es sobre estos dos productos que se ejerce, en razón de un ochenta por ciento por lo menos, la actividad nacional; y es sobre ellos que reposa todo el comercio de exportación de la República. De consiguiente, depende únicamente de dichos productos el necesario equilibrio entre el comercio de exportación
y el de importación.
A comenzar desde la época de su independencia, cuando Chile no contaba mas que medio millón de habitantes,, su población indígena ha ido siempre aumentando rápidamente, en una proporción que pasa sobremanera la que acusa la Estadística en los demás Estados del globo. Esto ha dependido y depende en su mayor parte de la cercana Araucanía, poblada de los restos de una de las muchas tribus salvajes que habitaban el territorio extremo de la América meridional, y que formaron la primera población indígena de Chile, después de la conquista española.
Tribu valiente, belicosa y feroz, la de los araucanos sostuvo continuas y encarnizadas luchas con los conquistadores ibéricos, los cuales, si bien llegaron de cuando en cuando a someter pequeñas fracciones, no consiguieron nunca someterla completamente.
La República de Chile, tanto por su propia defensa cuanto para apoderarse de las tierras ocupadas por los salvajes Araucanos, continuó y continua siempre contra ellos, quizás con mayor actividad y constancia, la guerra iniciada por los conquistadores españoles, consiguiendo frecuentemente, como aquellos, apoderarse de una parte de su territorio y reducirlos, en fracciones mas o menos grandes, a su obediencia.
Sin andar más lejos, una prueba de este hecho nos la ofrece el discurso leído por el Presidente de Chile al Congreso nacional el 1° de Junio 1881, del cual hemos hecho ya mención: “Terminada la campaña de Lima - dice el Presidente - y no siendo posible licenciar de una vez al ejército de reserva, creí que podrían utilizarse, los servicios de esa tropa en el adelanto de la frontera que nos separa de las tribus de la Araucanía…. A la fecha se encuentran ya establecidos siete nuevos fuertes.... Con los fuertes recientemente establecidos ha quedado sometido todo el territorio que se extiende del Malleco al Cautín…. Establecida nuestra línea de frontera sobre el Cautín, y ocupados los puntos que acabo de mencionar, la estrecha faja de terreno comprendida entre ese río y el Tolten podrá ser sometida al imperio de nuestras leyes en el momento que se crea oportuno.”
Los salvajes habitantes de la Araucanía, que desde el 1820 hasta nuestros días ha ido siempre sometiendo Chile a su obediencia, y que han entrado naturalmente a engruesar la numerosa clase de los rotos, son pues los que principalmente han contribuido a aumentar con tal rapidez la población de la República; la cual, si en 1820 llegaba con dificultada 5oo,ooo habitantes, contaba 1,439,120 en 1854, y 2,319,266 en 1875, como resulta de los empadronamientos de los años respectivos.
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