domingo, 6 de diciembre de 2009

Chile se aprovecha de la debilidad del Perú, dejando toda practica democrática


La flota del Perú en Marzo de 1879, repetirnos, era muy inferior a la de Chile, aún independientemente del mal estado en que accidentalmente se encontraba. Pero el Gobierno de Lima había encargado ya la adquisición en Europa de dos buques blindados, que pudieran hacer frente a los de Chile; encargo que el Plenipotenciario chileno conocía perfectamente - gracias a la poca costumbre que hay en aquel país de guardar los secretos – y que se había apresurado a comunicar a su Gobierno. El Perú, es cierto, no tenía fondos prontos, ni suficiente crédito para hacer dicha adquisición con la misma facilidad con que la había encargado: pero además de que no hubiera sido difícil el obtenerlos de los afortunados poseedores del guano - a los cuales importaba más que a nadie, que el Perú no experimentase desastre alguno, para que pudiese conservarles la posesión de su rico tesoro - es demasiado sabido que en las cajas exhaustas del rico se encuentra a veces mas que en la gaveta del pobre: además, hubiera bastado que el Perú llamase en su ayuda a sus generosas y nobles damas, como hizo en otras ocasiones, pidiendo a cada una la menos rica de sus joyas, en socorro de la patria en peligro, para encontrar con creces los fondos necesarios (1). Finalmente a esto es necesario añadir, saliendo del terreno de las hipótesis, que el Representante de Chile en Lima participaba a su Gobierno en Nota del 15 de Marzo, que tenia muy buenas razones para creer que el señor Canevaro, encargado por el Gobierno del Perú de adquirir los acorazados, había ya encontrado en Paris los fondos necesarios, probablemente por medio de los contratistas del guano.

Urgía de consiguiente a Chile, para no perder la ocasión largamente esperada y preparada, no dejar al Perú el tiempo necesario para aumentar sus fuerzas marítimas; y arrastrarlo con solicitud sobre los campos de batalla, si no se decidía inmediatamente a firmar su propia ruina con la declaración de su neutralidad. Era necesario obrar diligentemente, sobre todo para obtener que los Gobiernos neutrales de Europa, suponiendo que el Perú hubiese comprado ya tos barcos deseados, no los dejasen salir de sus puertos. La hora de la grande empresa había sonado; y el dilema que se había propuesto Chile no admitía términos medios: e debía batir la alianza Perú-boliviana separadamente y mediante la alianza misma, declarándose neutral el Perú, o debía batirla toda junta sin la menor pérdida de tiempo, entonces mismo, en el solo momento propicio en que aquella se encontraba con fuerzas inferiores a las propias.

Contra este secreto designio de Chile, madurado desde largo tiempo, antes que el Perú asumiese el carácter de mediador y aún antes de la invasión del territorio boliviano, lo que fue consecuencia y no causa, no se elevaba mas que un solo obstáculo: la lentitud de los procedimientos diplomáticos. Pero estos, como se ha visto, no podían ser un obstáculo serio para un país que no se hacía escrúpulo alguno de entrar audazmente en una guerra de conquista, bajo el mas fútil de los pretextos, con la invasión del desierto de Atacama; desierto del cual no quiso salir en modo alguno, ni aun siquiera cuando la mediación peruana le ofrecía hacerle dar satisfacción por Bolivia, sobre todos los pretextos que presentó para apoderarse de él. Para quien se contenta con pretextos estos nunca faltan.

El Gobierno de Chile comprendía perfectamente el grande y positivo interés que tenia el Perú en impedir su conquista de
Atacama; y conociendo las verdaderas condiciones del Perú y todo cuanto sucedía en Lima, sabía desde fines de Febrero, por medio de su Representante en aquella Capital, que (como éste le telegrafiaba el mismo 4 de Marzo, en que el Plenipotenciario peruano llegaba a Valparaíso para ofrecer la mediación de su Gobierno) “el Gobierno peruano tenia miedo a la guerra; pero que, excitado por la opinión pública, hacia preparativos sin decidirse.” Y a fin de que este miedo a la guerra, aumentado por la casi certidumbre e inminencia del peligro, se sobrepusiese a toda otra consideración en el ánimo de los gobernantes del Perú, preparó por debajo de cuerda, o dejó preparar, la amenazadora recepción que el Plenipotenciario peruano tuvo a su llegada en Valparaíso, y que fue seguida del grave atentado contra el Consulado del Perú; hechos, que por si solos hubieran bastado en otras circunstancias para que el Perú se lanzase a la guerra. No contento con esto, hemos visto que el mismo Presidente de Chile dijo al mencionado Plenipotenciario en dos ocasiones, y cuando lo solicitaba mas vivamente para que el Perú declarase su neutralidad, que sus hombres de guerra creían el momento propicio para acometer al Perú, por considerarse en aquel momento mas fuerte Chile; y luego: que acababa de tomar algunas medidas relativas a la guerra con el Perú, guerra de la cuál no se había proferido una sola palabra, y sobre la cual, dado el estado de cosas, y el amistoso carácter de mediador que había tomado y ejercía con completa buena fe el Perú, no hubiera debido existir ni la mas ligera sospecha.

(1) Cuando mas tarde, en Octubre de 1879, el Gobierno del Perú y la prensa, se dirigieron a las señoras peruanas para obtener los fondos necesarios para la compra de un barco blindado, que gracias a l a incapacidad de los hombres del Gobierno, no fue comprado jamás, sus donaciones llegaron en menos de 15 días a la suma de seis millones de francos próximamente.

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