domingo, 6 de diciembre de 2009

El intento de Chile de enemistar a Perú y Bolivia: Razones


Mientras fomentaba las discordias interiores que debían debilitar cada día más Bolivia y el Perú, Chile alimentaba también continuamente las rivalidades existentes entre los dos países, que ambos heredaran de su efímera Confederación; y esto, para poderlos derrotar cómodamente, ya separados, ya con la ayuda ora del uno, ora del otro, y llegar de este modo al logro de todas sus aspiraciones, que habían ido siempre creciendo, y que no fueron jamás un misterio para quien quiso conocerlas.

Ensoberbecido por el primer éxito de la campaña iniciada el año 1837, Chile no se contentaba ya con las simples ventajas comerciales obtenidas entonces. Comenzó la fiebre de conquista, con el doble objeto de aumentar las escasas rentas del Estado, y de dar una salida y un trabajo más productivo a su población que se consumía sin fruto sobre sus pobres tierras, y dedicó a ella exclusivamente toda su atención. Después de los hechos ya referidos de 1842, le vino el deseo de apoderarse del rico desierto boliviano de Atacama. Más tarde, después del descubrimiento del carbón fósil bajo las nieves de la costa patagónica, sobre el estrecho de Magallanes, fue asaltado por un segundo deseo no menos ardiente y tenaz: el de arrancar de las manos de la República Argentina el inmenso territorio de la Patagonia, que aquella había tenido siempre puesto en olvido. Y finalmente, más tarde todavía, puestos los ojos en los ricos depósitos de salitre del desierto peruano de Tarapacá, confinante con el de Atacama, no pudo resistir a un tercer deseo: el de ponerlo bajo la bandera chilena; a falta de otra razón, para librarlo del perpetuo desgobierno del Perú y así como pretendía apropiarse el de Atacama para sustraerlo en beneficio del comercio chileno y extranjero, a la perpetua anarquía de Bolivia (1).

La República de Bolivia, lo hemos dicho ya varias veces, es un inmenso territorio colocado detrás de la gran cordillera de los Andes, en la parte central del continente, sin más salida al mar que la desgraciadamente mezquina e inservible del desierto de Atacama; siendo así que para las necesidades de las dos terceras partes, por lo menos, de su comercio, se halla obligada a recurrir al puerto peruano de Arica; lo que, hasta cierto punto, la coloca en un estado de servidumbre perpetua respecto del Perú; al cual le bastaría negar el paso por su territorio a las mercancías bolivianas, para que éstas se quedaran secuestradas en su propio país. Esta es el arma de la cual se ha servido Chile, desde el 1842, para convertir a Bolivia en enemiga acérrima del Perú.
Bolivia, decían los hombres políticos de Chile a los de aquella Nación, y principalmente a los revolucionarios que acogían y favorecían en su país, no tiene necesidad del inútil y estéril desierto de Atacama, sino de la provincia peruana de Tacna con su magnífico puerto de Arica; esto es innegable: que Bolivia ceda, de consiguiente, su inútil desierto de Atacama a Chile, y procure adquirir con el apoyo y alianza de este último, la provincia peruana de Tacna con su puerto de Arica; esta es la sola, la verdadera rectificación de confines que la justicia y los intereses de Bolivia reclaman. Quizás sería difícil encontrar un solo hombre político de Bolivia, que una vez por lo menos no se haya oído susurrar a los oídos semejante proyecto por los de Chile; proyecto al cual se refería precisamente el Presidente de Chile, con una simple trasposición de los verbos PODER y QUERER, cuando decía al Plenipotenciario peruano, como hemos visto, que PODÍA Chile firmar la paz con Bolivia con detrimento del Perú, si hubiese QUERIDO.

Sin embargo en este proyecto no se manifestaba mas que una parte solamente de las verdaderas intenciones de Chile; la otra, quizás la más importante, se quedaba escondida entre los pliegues, para salir a luz cuando Chile y Bolivia se encontraran con las armas en la mano contra el Perú. Entre el desierto de Atacama, que Chile decía abiertamente que quería hacerlo suyo, y la provincia peruana de Tacna que pretendía dar a Bolivia, se encuentra el apetitoso desierto peruano de Tarapacá, que tantos millones ha dado y daría con su salitre. Puesto que se trataba de rectificar los confines, no era del caso dejar al Perú una porción de territorio que hubiera quedado al otro lado de sus fronteras con Bolivia; y puesto que ésta no tenia necesidad para ponerse en comunicación con el Océano, mas que de la provincia de Tacna con su puerto de Arica, venia como consecuencia lógica, que el desierto de Tarapacá, lo mismo que el de Atacama poblado de chilenos, tocaba de derecho a Chile, sino por la razón, por la fuerza, como dice la divisa de las armas de la República, que se lee en sus monedas: “ POR LA RAZÓN O LA FUERZA.”

El Periódico más autorizado de Chile, El Ferrocarril, que se publica en Santiago, escribía en sus artículos editoriales en Setiembre de 1872: “No hay antagonismo entre los intereses de Chile y Bolivia, ni hay entre Chile y Bolivia cuestiones provechosas de frontera. Esas cuestiones, solo existen entre el Perú y Bolivia. Es Bolivia quien puede ganar adquiriendo una parte del litoral peruano. Chile no necesita del litoral de nadie. He aquí la verdad. Por eso, si Bolivia ambiciona rectificar sus fronteras, debe ser nuestro aliado y no nuestro enemigo, en lugar de hacerse el aliado del Perú y el enemigo de Chile, que nada gana ni nada pierde con que Bolivia tenga buenos o malos puertos, esté cerca o lejos del mar, para hacer sus exportaciones.”
Este es el bosquejo de la política chilena. Ahora veremos el retrato.

En el mismo año de 1872, y en el mismo mes de Setiembre, un insigne escritor boliviano, Julio Méndez escribía en el periódico La Patria de Lima una serie de doctos artículos sobre los intereses generales de la América meridional, y sobre las tendencias de sus diversos Estados. De uno de ellos tomamos las palabras siguientes; « Chile ha comprendido que, cuando pasa el rio Paposo obra contra la estabilidad de Bolivia y la del Perú. La Legación que negoció ese Tratado de límites (el de 1866) con Melgarejo, dejó en el ánimo del Dictador boliviano el incesante conato de romper con el Perú. Melgarejo terminaba los accesos de la embriaguez (muy frecuentes), lanzando su bamboleante persona en campaña contra el Perú, en busca de aquella rectificación de fronteras que Chile aconseja a Bolivia, después de tomarle su territorio y sus tesoros. La erección de las dictaduras de Bolivia y el Perú, a cuya sombra medró en 1866, le han enseñado a homologar la guerra civil en ambos Estados, La cruzadas partirán en adelante de Chile, sobre ambos focos; y el motor que deba cambiar la escena en Bolivia, no entrará antes de cambiar la que le sea adversa en el Perú…. La escuela internacional que se ha levantado en Chile pretende que Bolivia, después de cederles los cinco grados de la costa de Atacama, se haga su aliada a fin de desmembrar las costas del Perú, y venga a ser Chile el único gigante del Pacífico. »

Como se ve, las antiguas aspiraciones de Chile, más ó menos realizadas con la victoria de sus conquistadoras armas, no eran un secreto para nadie desde el 1872; porque se discutían públicamente por los chilenos y por los bolivianos, en Chile y en el Perú, como la cosa más sencilla del mundo.

(1)Pensamiento manifestado por el Presidente de Chile el 19 de Marzo de 1879, al Plenipotenciario del Perú, como se lee en la correspondencia de este ultimo del 20 de Marzo de 1879.

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