domingo, 29 de noviembre de 2009
Perú ofrece su mediación entre Bolivia y Chile
Apenas fue conocida, en los primeros de días de Enero de 1879, la fuerte tensión de las relaciones diplomáticas entre Chile v Bolivia, el Gobierno del Perú, deseoso de mantener la paz entre dos países amigos v vecinos, dió orden a sus Representantes en Bolivia y Chile, de interponer sus buenos oficios a la primera aparición de algún indicio de próxima ruptura entre las dos Repúblicas, y de procurar con todos los medios que tuvieran a su alcance alejar ó suspender cualquier acto de hostilidad.
La noticia de que, en caso necesario, el Perú habría ofrecido sus buenos oficios, dada por el Encargado de Negocios del Perú al Presidente de Chile, fue acogida favorablemente por este último. Pero cuando se trató de realizarlos, cuando, conocida la determinación de ocupar Antofagasta, el Representante peruano ofreciendo los anunciados buenos oficios de su Gobierno, pedía a la Cancillería chilena la momentánea suspensión de las órdenes dadas con aquel objeto, al menos durante el corto espacio de tiempo necesario para dar aviso telegráfico a su Gobierno y recibir la respuesta, los ofrecidos buenos oficios fueron rechazados, manteniendo firmes las órdenes para la invasión de territorio boliviano; órdenes que ya sabemos con cuanta diligencia fueron ejecutadas
A pesar de esto, tan luego como sucedió la ocupación de Antofagasta, el Gabinete de Lima, no economizando medio alguno para que se reanudaran las buenas relaciones entre Chile y Bolivia, envió expresamente a Santiago al señor Lavalle, con el carácter de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario, con el fin de ofrecer la amistosa mediación del Perú.
Como fue recibido el plenipotenciario peruano en Valparaíso
Habiendo salido de Lima el 22 de Febrero, el Plenipotenciario peruano llegó el 4 de Marzo a Valparaíso, donde fue bastante mal acogido. Su salida de Lima había sido anunciada telegráficamente al Gobierno de Chile, por su Representante en aquella ciudad, así como el objeto de su misión; y habiendo sido solícitamente divulgada dicha noticia, la población de Valparaíso, donde debía desembarcar el señor Lavalle para dirigirse a Santiago, se preparo de antemano a recibirlo de la manera que lo hizo.
Cual fuera esta acogida, lo dirá la Nota oficial, fecha 8 de Marzo, que el Cónsul General del Perú en Valparaíso dirigía con este objeto a su Gobierno:
“Señor Ministro... Ya en comunicaciones particulares he manifestado a Ud. que este pueblo miraba con profunda aversión y enojo la misión conciliadora del señor Ministro Lavalle; que el anhelo de la guerra al Perú es vehemente en todos los círculos sociales de Chile, y que el tono de la prensa de Valparaíso y Santiago revela la resolución de comprometer a nuestro país en la lucha provocada a Bolivia. Los azuzadores de la guerra, recelando que este Gobierno llegue a ceder a la pacífica instancia de la mediación peruana, decidieron mover al pueblo para ultrajar a los Representantes del Perú, y especialmente a nuestro Plenipotenciario, el día de su llegada al puerto, como el recurso más fácil y breve de cortar toda relación entre el Perú y Chile.
-Con perfecta evidencia de este propósito, me dirigí el día 3 al señor Intendente de esta provincia, manifestándole la enormidad del desacato que se preparaba, v pidiéndole que hiciera guardar al señor Ministro La valle todo el respeto debido a su alto rango oficial y a la seguridad de su persona. El señor Intendente me contestó que ya tenía noticia del atentado que se pretendía cometer; que había aconsejado a los promotores de tal desorden que no le pusieran en el caso de hacer sablear y fusilar al pueblo, y que me garantizaba que el ultraje no se llevaría a cabo. - El día 4, desde las primeras horas de la mañana, me constituí en el desembarcadero para ir a bordo a la llegada del vapor del norte y acompañar al señor Lavalle. Tres a cuatro mil hombres de la más baja esfera se apiñaban en la explanada y plazoleta del Resguardo, esperando el desembarco del Ministro peruano. En cuanto se avistó el vapor una fuerza de doscientos hombres de línea y una compañía numerosa de agentes de policía secreta se introdujeron entre la turba, cubriendo el frente del desembarcadero. A la una de la tarde regresamos de a bordo acompañando al Enviado del Perú, y desde el muelle al Hotel Central tuvimos que caminar entre dos filas de policiales y estrechados a cada paso por una muchedumbre airada y enemiga, como reos que llevan al suplicio. El respeto impuesto por la fuerza pública y las amenazas del señor Intendente Altamirano evitaron el crimen preconcebido. El señor Ministro Lavalle salió en el tren de 5 de la tarde para Santiago. - En la noche del mismo día se verificó el meeting de protesta e indignación contra la misión peruana, a que había sido invitado el pueblo a la víspera. Después de los más torpes e indecentes insultos contra el Perú y sus Representantes, lanzados por una turba de seis a ocho mil hombres, grupos considerables se dirigieron al Hotel Central en busca del señor Lavalle. Convencidos allí de que había ya salido del puerto, se encaminaron a la plaza municipal, en que estaba situado el Consulado, al cual atacaron a pedradas, con vociferaciones de muerte contra el que suscribe.
Habiendo sido nuevamente amagada mi casa en la siguiente noche, por un pequeño grupo de individuos que querían atentar contra mi persona y que fueron rechazados por dos individuos armados que custodiaban el Consulado, resolví trasladar la Oficina de mi cargo a la calle de la Aduana, lugar mas al centro del puerto….. L. E. MARQUEZ (Cónsul General del Perú)”
A este documento será conveniente añadir el siguiente:
“República de Chile - Ministerio de Relaciones Exteriores – Telegrama recibido de Valparaíso el 5 de Marzo de 1879, a las 12,45 p. m.
Señor Ministro: Anoche tuvo lugar en la plaza de la intendencia el meeting anunciado. Los oradores discurrieron, estando a lo que vi en parte y a lo que se me ha dicho, sobre la necesidad de no aceptar la mediación que supone viene a ofrecer el señor Ministro del Perú. Terminados los discursos, el pueblo se retiraba tranquilo al parecer. Era imposible prever que un grupo se detendría frente a la casa del señor Cónsul General del Perú, para dar gritos de odio y lanzar piedras sobre la puerta. Muy cerca de la casa estaba el ayudante Espindola, de la guardia de seguridad, y corrió a proteger la casa del señor Cónsul General del Perú; pero como el grupo de gente aumentaba, y no obedecía a sus intimaciones, dejó a algunos soldados de policía y a algunas personas decentes custodiando la puerta, y se dirigió a darme aviso. En el acto me trasladé a la casa del señor Cónsul con muchos caballeros que estaban conmigo, y encontramos todavía un grupo considerable de gente, pero ya tranquila. Se le pidió que despejara el sitio, y como no se consiguiera con prontitud pedí un piquete de 16 soldados de a caballo, y con esto se retiró aquella gente…… E. ALTAMIRANO (Intendente de Valparaíso).”
Los gravísimos hechos a que se refieren estos documentos, uno de los cuales emana de las mas altas autoridades chilenas, prueban la evidencia, que aun antes de la llegada del Plenipotenciario peruano portador de la mediación, se había formado en Chile una atmósfera contraria al Perú, y que se buscaba con los medios aun mas violentos provocarlo a un conflicto. En Chile, a pesar de ser un país republicano, las conmociones populares no son tan fáciles y frecuentes como en los demás Estados americanos. Gobernado por una Autoridad fuerte e intolerante, por medio de una Policía numerosa y bien organizada, el pueblo chileno sabe perfectamente que no puede moverse, y no se mueve sino dentro de la esfera de acción consentida por el Gobierno: el cual, si no se hace escrúpulo alguno de usar y abusar del látigo por las mas fútiles faltas de policía (1), se lo hace aun mucho menos de sablear y fusilar la plebe en las grandes ocasiones, según la locución usada por el Intendente de Valparaíso en la conferencia con el Cónsul del Perú. Todo esto, pues, hace suponer que en los referidos desórdenes de Valparaíso, que es la segunda ciudad de Chile, tan importante, y políticamente quizás aun mas que la misma Capital, las Autoridades, que todo lo sabían de antemano, fueron mas ó menos cómplices de la muchedumbre puesta en movimiento. Veremos mas adelante el porque de todo esto.
El Plenipotenciario peruano fue recibido, sin embargo, con todo género de consideraciones por el Gobierno de Santiago, el cual no dejó de manifestarle su sentimiento por la mala conducta del populacho de Valparaíso, y de presentarle sus debidas excusas.
(1) La pena del látigo se halla autorizada en Chile por los Reglamentos de Policía, y forma el pan de cada día de sus cárceles. Ha habido hasta periodistas ignominiosamente azotados en las plazas públicas, sin más orden que la de un Agente superior de Policía.
Instrucciones dadas por el Perú a su plenipotenciario para la mediación
Terminado en apariencia este incidente - si bien la prensa chilena no abandonase en modo alguno el tono acre e injurioso contra el Perú, que era la expresión mas ó menos fiel de la opinión pública - el Plenipotenciario peruano se apresuró a exponer, tanto al Presidente de la República como al Ministro de Relaciones Exteriores (cuando le fue posible hacerlo, siete días después), en conferencias tenidas con ellos el día 11 de Marzo, las primeras bases de la mediación que les ofrecía en nombre del Perú, uniformemente a las instrucciones recibidas de su Cancillería; las cuales decían así:
“ Apareciendo la ocupación del litoral boliviano por fuerzas chilenas, como una consecuencia del decreto expedido por el Gobierno de La-Paz rescindiendo el contrato de la Compañía de salitres y ferrocarril de Antofagasta; y no siendo decoroso para Chile ni para Bolivia, ni posible por consiguiente entrar en ningún arreglo pacífico, sin que queden antes removidos tan graves inconvenientes por una y otra parte; propondrá Ud. a ese Gobierno, en caso que esta mediación fuese aceptada, el restablecimiento de los hechos al estado en que se encontraban antes de los últimos acontecimientos, esto es, la desocupación del territorio de Bolivia, siempre que esta República este dispuesta por su parte a suspender el mencionado decreto de rescisión y la ley por la cual se gravó con diez centavos la exportación de todo quintal de salitre que haga la Compañía de Antofagasta, y el consiguiente sometimiento de estas diferencias al arbitraje que ambos Gobiernos tuviesen a bien constituir (1).”
Efectivamente, en la Sesión secreta tenida por el Senado de Chile el 24 de Marzo de 1879, el Ministro chileno de Relaciones Exteriores declaraba que: “La Legación peruana indica la idea de desocupar los territorios comprendidos entre los paralelos 23 y 24, y retrotraer las cosas al estado que tenían el 13 de Febrero último, y someter á arbitraje la cuestión sobre si Bolivia tiene o no derecho para imponer en el litoral los impuestos reclamados. Esta es la base única que comprenden las instrucciones del señor Lavalle.”
Si en realidad al invadir el territorio boliviano, Chile no hubiese tenido mas punto de mira que el de hacer respetar el Tratado que él creía violado por la ley boliviana (además ya suspendida) que imponía la contribución de diez céntimos, y tutelar los intereses de la Compañía salitrera de Antofagasta, que suponía injustamente amenazados por el decreto de rescisión de 1 de Febrero; si, repetimos, hubieran sido estos los únicos móviles de la violencia empleada contra Bolivia, las bases de la mediación ofrecida por el Perú no hubieran podido ser mas lisonjeras para Chile; puesto que satisfacían todas sus exigencias, justas o injustas que fuesen, cuales eran las de impedir que Bolivia practicase innovación alguna contra el Tratado de 1874, ó que en modo alguno procediese contra la Compañía salitrera de Antofagasta, antes que los árbitros decidieran quien de los dos tenia razón: y por consiguiente no debía costarle sacrificio alguno el retirarse del territorio invadido; puesto que se hubiera retirado con todos los honores de la victoria, es decir, después de haber conseguido en virtud de su acto de fuerza todo lo que al hacerlo se había propuesto.
Desgraciadamente no eran estas las intenciones de Chile. El asunto se presentó al Plenipotenciario peruano bajo un aspecto completamente diverso de como lo había previsto la Cancillería de Lima al formular las instrucciones a que debía atenerse; y como él mismo escribía a su Gobierno con las Notas de 7, 11 y 13 Marzo, la cuestión no versaba ya sobre las violaciones verdaderas ó falsas cometidas por el Gobierno boliviano contra los pactos acordados con el Gobierno de Chile ó con los ciudadanos chilenos; sino sobre el dominio mismo del territorio ocupado por Chile, y que éste reclamaba como suyo. De todo lo cual se desprendía, que el arbitraje propuesto por la mediación peruana, ya no debía recaer sobre la primera cuestión - si el Gobierno de Bolivia tenia o no derecho a rescindir su contrato con la Compañía salitrera de Antofagasta, ó bien sobre la anterior, por lo demás ya terminada, si tenia ó no el derecho de imponer la contribución de diez céntimos sobre cada quintal de salitre que dicha Compañía exportase; - sino sobre una cuestión completamente nueva propuesta por Chile; es decir, sobre si Bolivia tenia o no derecho a la posesión y dominio del territorio comprendido entre los paralelos 2 3 y 24, que Chile había hecho suyo y decía pertenecería; porque habiendo declarado nulo y caducado, por falta de cumplimiento por parte de Bolivia, el Tratado de límites de 1874, y con éste el anterior de 1866, consideraba haber retrotraído las cosas al estado en que se encontraban antes del primer Tratado de limites de 1866.
Chile, en fin, declaraba por su propia autoridad como resuelta a su favor la primera cuestión, si Bolivia había ó no infringido el Tratado de 1874; declaraba también de su propia autoridad como nulo y caducado dicho Tratado de 1874, como consecuencia de la pretendida infracción cometida contra él por Bolivia con una ley que había retirado ya; y declarando, siempre de su propia autoridad, como incluida en la nulidad del Tratado de 1874, también la del precedente Tratado de límites de 1866, en el cual se fijaban las fronteras de Bolivia en el paralelo 24, hacía retroceder la cuestión al estado en que se encontraba antes de dicho Tratado de 1866, cuando él pretendía ser dueño exclusivo del desierto de Atacama hasta el paralelo 23; y exigía que esta sola cuestión, y no otra, debía someterse al arbitraje: es decir, a cual de los dos pertenecía (si a Chile ó a Bolivia) la zona del desierto de Atacama comprendida entre los paralelos 2*3 y 24, del cual se había apoderado de viva fuerza a título de reivindicación.
(1) Nota de instrucciones del Ministro de Relaciones Exteriores del Perú al Ministro Plenipotenciario Lavalle. - Lima, 22 de Febrero 1879.
Al hablar de las bases de la mediación ofrecida por el Perú, dice el historiador chileno Barros-Arana, en la página 74 de su Historia de la Guerra Del Pacifico: « El Representante del Perú ofrecía la mediación de su Gobierno, que Chile no tuvo ocasión de rechazar; pero aquél exigía como primer paso que esta República retirase sus tropas de Antofagasta para apaciguar así a Bolivia, a fin de que aceptase gustosa los buenos oficios del mediador. Chile debía en consecuencia, deshacer lo hecho, retirar sus declaraciones, dejar subsistentes los actos depredatorios de Bolivia, antes de saber siquiera bajo que bases aceptaría esta República la mediación. »
¡¡Como se hace la historia en Chile!! Es verdad, sin embargo, que el señor Barros-Arana no se toma jamás la molestia de citar un documento oficial
Chile no acepta el trato de mediación de Perú
Sentado esto, el Presidente de la República y el Ministro de Relaciones Exteriores declaraban el uno después del otro al Plenipotenciario Lavalle, en las anteriormente mencionadas conferencias del 11 de Marzo, que ellos no podían en modo alguno adherir a las indicaciones del Perú, de hacer retroceder el estado de cosas a aquel en que se encontraban el 14 de Febrero, antes del desembarco de las tropas chilenas en Antofagasta; es decir, desocupar el territorio boliviano, si la Bolivia consentía a suspender los efectos del decreto de rescisión de su contrato con la Compañía salitrera de Antofagasta, y los de la precedente ley de contribución sobre el salitre, para someter tales cuestiones al arbitraje; porque no era esto ya lo de que se trataba. Sin embargo, con el objeto de hacer buena acogida a la amistosa mediación peruana, no se negaban a someter al arbitraje la nueva cuestión promovida por Chile, es decir, de saber a quien pertenecía el territorio comprendido entre los paralelos 23 y 24, que las fuerzas chilenas habían ocupado, pero bajo la condición sine qua non de que Chile conservaría la posesión de dicho territorio hasta la última sentencia de los árbitros.
Una vez que la cuestión pendiente entre Chile y Bolivia no era ya aquella misma para la cual el Plenipotenciario peruano se hallaba investido de poderes para ofrecer la mediación del Perú, sino una cuestión mucho más grave y completamente nueva que aparecía entonces por primera vez, dicho Plenipotenciario ya no tenía facultad para seguir tratando sobre la mediación con Chile, y debía necesariamente suspender toda negociación hasta recibir nuevas instrucciones de su Gobierno. Efectivamente, así lo declaró al Presidente de la República y al Ministro de Relaciones Exteriores de Chile; y desde aquel momento sus relaciones con la Cancillería chilena no tuvieron, ó por lo menos no debían tener, sino un carácter meramente confidencial, hasta que le llegasen las nuevas instrucciones del Gabinete de Lima.
Por lo demás, no es difícil explicar como aconteciera que el Gobierno peruano considerase diversamente de lo que era en realidad el conflicto entre Chile y Bolivia, y diera a su Plenipotenciario instrucciones insuficientes a la vez que impertinentes para su misión.
Para poder dar las instrucciones necesarias a su Plenipotenciario, que debía salir y salió de Lima para Chile el 22 de Febrero, el Gobierno peruano interpeló el día 20, acerca de los motivos del desembarco de las tropas chilenas sobre el territorio boliviano, al Ministro Plenipotenciario de Chile en el Perú; el cual respondía evasivamente con Nota del 23, diciendo: “Mi Gobierno no tardará en dirigirse a los de las Naciones amigas dándoles cuenta, por medio de una exposición detallada, del rompimiento de sus relaciones amistosas con Bolivia, en esa exposición que llegará a manos de V. E. no después que a otra alguna Cancillería, verá V. E. amplia e incontrovertiblemente demostrados los motivos y fundamentos de los sucesos cuyo conocimiento oficial es deseable para su Gobierno (1)”
De consiguiente, a la salida del Plenipotenciario Lavalle para Chile, la Cancillería de Lima ignoraba completamente las pretensiones reivindicatorias sacadas a relucir mas tarde por el Gabinete de Santiago; y a juzgar por lo únicamente conocido entonces, es decir por las cuestiones que fueron objeto de discusión entre Chile y Bolivia, hasta la invasión del territorio boliviano, el rompimiento provocado por Chile no podía tener otro motivo que aquellas cuestiones; y en su consecuencia, a ellas y no a otras podían y debían referirse las instrucciones que dio a su Plenipotenciario para el desempeño de su misión.
(1) Esta prometida exposición, ó manifiesto de la Cancillería chilena sobre los motivos de la guerra contra Bolivia, si bien lleve la fecha de 18 de Febrero, no fue entregada al Representante del Perú en Chile, para que la remitiese a su Gobierno, que el día 11 de Marzo, como se desprende de las respectivas Notas de remisión; de modo que no llegó a manos del Ministro de Relaciones exteriores del Perú, que en la segunda quincena de dicho mes de Marzo.
El plenipotenciario es interrogado sobre el tratado con Bolivia
Al fin de la conferencia del día 11, el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile manifestaba también al Plenipotenciario peruano, que su Gobierno tenía noticia, aunque no muy segura, de la existencia de un Tratado secreto de alianza, celebrado en el año 1873, entre las Repúblicas del Perú y Bolivia, preguntándole que había de cierto sobre el particular; a lo cual el
Plenipotenciario peruano respondía, que ignoraba completamente la existencia de semejante Tratado, y que razones meramente personales le hacían creer que no existía; pero que, habiendo oído hablar de dicho Tratado desde el momento de su llegada a Chile, había ya pedido informaciones a su Gobierno sobre este asunto. Sin embargo, el Tratado existía realmente desde el año de 1873, como decía el Ministro chileno; y la Cancillería de Lima, previendo semejante pregunta por parte de la de Santiago, después de haber sabido extra-oficialmente el verdadero objeto de la expedición de Chile contra Bolivia, había escrito ya a su Plenipotenciario, con fecha 8 de Marzo: « Es muy probable que el Gobierno de Chile pregunte a Ud. si realmente existe un Tratado de alianza secreto entre Perú y Bolivia…. Ud. Debe manifestar que en realidad existe el Tratado; pero que ello obstante, si Chile retirase sus fuerzas del litoral boliviano, que como Ud. sabe, es la condición esencial de nuestra mediación, el Perú no se vería ya obligado a su cumplimiento, y estaría por el contrario en aptitud de facilitar los medios conducentes a un arreglo decoroso y equitativo entre Chile y Bolivia”. Pero esta Nota, como se desprende de su fecha, no la había recibido todavía el día 11e el Plenipotenciario Lavalle.
Decreto de Bolivia que provee al estado de guerra creado por la invasión chilena
El 17 de Marzo, el Gabinete de Santiago vino a saber que el Presidente de Bolivia había dado, con fecha de 1 del mismo mes, el decreto siguiente:
“Considerando: Que el Gobierno de Chile ha invadido de hecho el territorio nacional, sin observar las reglas del derecho de gentes ni las prácticas de los pueblos civilizados, expulsando violentamente a las autoridades y nacionales residentes en el Departamento de Cobija. - Que el Gobierno de Bolivia se encuentra en el deber de dictar las medidas enérgicas que la situación exige, sin apartarse no obstante de los principios que consagra el derecho público de las naciones.
Decreto –
Art. 1º:
Queda cortado todo comercio y comunicaciones con la República de Chile, mientras dure la guerra que ha promovido a Bolivia.
Art. 2º:
Los chilenos residentes en el territorio boliviano serán obligados a desocuparlo en el termino de diez días contados desde la notificación (siguen otras prescripciones contra los chilenos)”
Este decreto que, como claramente se lee en él, no hace mas que dictar algunas medidas relativas al estado de guerra en que de hecho se encontraban ya Bolivia y Chile, después de la invasión consumada por este último en el territorio de aquella, y, como textual y detalladamente dice, mientras dure la guerra que Chile ha promovido a Bolivia, fue interpretado por Chile de una manera bastante original.
Chile hace el papel de provocado
El Gobierno de Chile dijo que dicho decreto contenía una declaración de guerra lanzada de motu propio por Bolivia contra
Chile; que el estado de guerra entre Chile y Bolivia comenzaba solamente entonces, en virtud de aquel decreto con el cual Bolivia provocaba Chile a la lucha y que por esto, siendo Chile el atacado, procedía a invadir, por represalia, el territorio del
Estado agresor. Dicho y hecho, dio orden telegráficamente a la escuadra y ejército que treinta días antes se apoderaron en plena paz de Antofagasta, Mejillones y Caracoles, de invadir y ocupar también los puertos y territorios restantes de Bolivia, hasta los confines del Perú. Y como el supuesto Estado agresor, Bolivia, no tenia en sus lejanos y miserables puertos de Tocopilla y Cobija, que escasamente unas pocas docenas de soldados empleados como fuerza de policía, los acorazados chilenos no tuvieron mas que presentarse y desembarcar una compañía de línea para apoderarse de ellos: otras cuantas compañías salieron al mismo tiempo de Caracoles para apoderarse a su vez del villorrio interno de Galanía, situado en el Alto-Atacama; y así es que todo el desierto quedó en pocas horas en poder de Chile - Bien entendido, sin encontrar la menor resistencia, exceptuados solamente unos pocos disparos de fusil en Calama, donde se habían refugiado en medio de mil dificultades y careciendo de todo, especialmente de agua y calzado, los pocos soldados bolivianos desalojados sucesivamente de Antofagasta, Mejillones, Caracoles, Tocopilla y Cobija (1).
En fin Chile, solamente porque había iniciado contra Bolivia una guerra de nuevo genero, sin previa declaración escrita ni verbal, procediendo por sorpresa a invadir el territorio Indefenso del amigo, el 14 de Febrero, bajo el pretexto de reivindicar lo que decía suyo; o en otros términos, solamente porque su agresión del 14 de Febrero había sido mas o menos pérfida, consideraba que dicha invasión no era en modo alguno un principio de guerra, y ni aun siquiera una simple provocación. Aun suponiendo, como remota hipótesis, que Chile hubiese tenido sus buenas razones para ejercer un derecho de reivindicación sobre un territorio poseído pacíficamente por Bolivia, y cuyo dominio Chile mismo le había reconocido por dos Tratados sucesivos ¿ Es acaso con una brutal invasión de dicho territorio, con una invasión hecha de improviso cuando se vive bajo el amparo de la paz asegurada por el derecho internacional, que ese derecho reivindicatorio pueda y deba ejercerse, para luego sostener que dicha invasión no es un acto hostil, y de la peor de las hostilidades?. Sin embargo Chile, armado de una lógica araucana que le es peculiar, sostenía que dicha invasión no constituía por sí misma un acto de guerra, ni una provocación suficiente para romper las hostilidades. Llamaba por el contrario provocación y declaración de guerra, el decreto antes citado del Presidente de Bolivia, cuyo espíritu bien diverso se revela fácilmente a todo aquel que no carezca de sentido común; y se aferraba a este pretexto para extender su invasión de 14 de Febrero a todo el Desierto de Atacama, o sea a toda aquella parte del territorio boliviano que se había propuesto conquistar. ¡Hasta donde pueden llegar el espíritu de prepotencia y la ceguera de las pasiones!!
Y todo esto, mientras se escuchaban y dejaban en suspenso las gestiones del Perú que se ofrecía como mediador, para zanjar amigablemente las dificultades con Bolivia.
(1) En la Historia de la Guerra del Pacífico, escrita por el historiador chileno Diego Barros-Arana, con la ayuda e inspiración del Gobierno chileno, allí donde se habla de estos hechos y del famoso decreto del Presidente de Bolivia, General Daza, se lee: « Desde que el General Daza había declarado la guerra a Chile… a la cabeza de unos 500 hombres de las tres armas salió de Caracoles el coronel—> pág. 68.
La conducta de domingo Santa María con el plenipotenciario peruano
Desde el día 11 hasta el 19 de Marzo no hubo negociaciones de ningún género entre el Plenipotenciario del Perú y la Cancillería de Santiago, directamente por lo menos. Nos dicta esta reserva la conducta bastante singular observada por uno de los personajes mas influyentes de los círculos políticos de Santiago, D. Domingo Santa María, antiguo amigo del Plenipotenciario peruano, al cual visitara desde su llegada a la Capital chilena, y a cuyos faldones estuvo siempre continuamente cosido durante toda su permanencia allí, conversando y discutiendo familiarmente con él sobre el objeto de su misión y sobre todas las cuestiones mas vitales de actualidad. Santa María, como en varias ocasiones el mismo se complacía declarar: “ no se mezclaba en estos negocios que como amigo del Perú, del Plenipotenciario Lavalle y del señor Pinto, Presidente de Chile, que lo había expresamente autorizado para ello, pero sin carácter oficial alguno (1).”
Ahora bien, aunque no tuviese ningún carácter oficial, la expresa autorización del Presidente de Chile le revestía por lo menos de cierto carácter oficioso, que le daba la facultad, y hasta cierto punto le obligaba a hacer de portavoz entre dicho
Presidente y el Plenipotenciario Lavalle: sin embargo, parece que este último no se preocupó ni mucho ni poco de semejante circunstancia; e hizo muy a menudo, al amigo, confidencias tales que no hubiera hecho ciertamente a personas revestidas de carácter oficial; como por ejemplo, la que relata en Nota 13 de Marzo a su Gobierno, a saber que, habiéndole preguntado Santa María; “si a su juicio, y hablándole francamente de amigo a amigo, el mal éxito de las negociaciones que se le habían encargado, daría como resultado inevitable la guerra entre el Perú y Chile….. el contestó sin vacilar que sí”
Nosotros no suponemos en modo alguno que Santa María, persona muy respetable, abusase a sabiendas de tales confidencias. Pero de cualquier modo que fuese, el Plenipotenciario peruano no hubiera debido olvidar jamás el carácter semioficial de dicho Señor, y prever la probabilidad nada remota que, aun inconscientemente y sin mala intención por su parte, podía este permitir alguna vez que el intermediario oficioso o autorizado escuchara lo que únicamente se decía al amigo. Además, Maquiavelo decía que en política no hay amigos; quizás la sentencia es demasiado absoluta, pero es conveniente no olvidarla.
El 19 de Marzo el Plenipotenciario Lavalle tuvo una segunda conferencia con el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, el cual, después de las mayores manifestaciones de simpatía hacia el Perú, que llegaron hasta hacerle decir que: “jamás
Chile declararía la guerra al Perú, y que se limitaría a resistir si era agredido, considerando esa la mas dolorosa de las necesidades a que podía verse expuesto”, y después de haber reiterado su primera declaración de la imposibilidad de desocupar el litoral boliviano, como base del arbitraje propuesto por el Perú, no pudiendo abandonar los ciudadanos chilenos que la habitaban, al despotismo y a la perpetua anarquía de Bolivia, le manifestó; 1° el proyecto del Gobierno chileno de intentar con la mediación del Perú, un arreglo directo e inmediato con Bolivia; 2º de trasladar las negociaciones a Lima, donde podrían discutirse amigablemente las bases de dicho arreglo, con la Intervención del Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, entre los Plenipotenciarios de Chile y Bolivia; 3º que el Plenipotenciario de Chile sería Don Domingo Santa María, sobre el cual se podía contar, si bien realmente todavía no hubiera aceptado la misión; 4º que era necesario conservar el mayor secreto sobre el particular. Y aquí es de advertir, que dicho proyecto desarrollado oficialmente por el Ministro chileno como habiendo entrado ya en las miras de su Gobierno, se había formado poco a poco en los días anteriores en las conferencias entre Lavalle y su amigo Santa María.
El día siguiente, 20 de Marzo, el Plenipotenciario del Perú recibió la visita de costumbre de Santa María, el cual le comunicó, que el Presidente de Chile le había instado vivamente, para que se trasladase a Lima, a lo que había respondido afirmativamente, aunque fuese un gran sacrificio para él abandonar Santiago en aquellos momentos, únicamente por el deseo de asegurar la paz entre Chile y el Perú; y que sin embargo temía fuese ya demasiado tarde, y su sacrificio estéril, la actitud del Perú con sus armamentos y con el envió de dos mil hombres a la frontera de Bolivia, siendo muy sospechosa y amenazadora para Chile. De todas maneras, se acordó que Santa María saldría de Chile con el vapor del 29 del mismo mes, si nada de particular acaecía en este intervalo. Al día siguiente, 21 de Marzo, Santa María hizo una nueva visita a Lavalle, para decirle que después de maduro examen y de una larga conferencia con el Presidente de Chile, había decidido no trasladarse a Lima; porque abrigaba el temor de llegar demasiado tarde, y sin otro resultado que el de ver disparar el primer cañonazo.
Chile reclama la neutralidad de Perú
Poco después, dentro del mismo día, el Plenipotenciario del Perú se apersonó, previa invitación, en casa del Presidente de la República; el cual, además de confirmarle cuanto le había anunciado Santa María , le dijo : “ Que su mas vivo deseo era la conservación de la paz con el Perú, y obtener, con la mediación peruana, el restablecerla con Bolivia; pero que la actitud del Perú era muy alarmante; que sus oficios como mediador eran difíciles de actuarse, mientras pareciese dispuesto y próximo a convertirse en beligerante; y que en bien de la paz deseaba saber si el Perú seria neutral o no, en la guerra entre
Chile y Bolivia, declarada ya por esta última Nación (1).” A esto respondió el Plenipotenciario peruano que, enviado por su Gobierno para ofrecer la amistosa mediación del Perú, no había recibido autorización ni instrucción alguna para declarar cual sería la conducta de su Gobierno en el caso que no fuese posible llegar a un arreglo amistoso entre Chile y Bolivia; y que a su entender, creía: 1°, que el Perú no podría hacer jamás una declaración de neutralidad a priori, tratándose de una guerra entre vecinos, la cual de un momento a otro podría comprometer sus propios intereses; 2º, que solo podría declararse neutral condicionalmente, o sea, en el caso que Chile admitiese algunas bases de mediación para someterlas a Bolivia: y que por esto, habiendo rechazado Chile las bases presentadas por el, en nombre de su Gobierno, lo excitaba a presentar otras nuevas que se apresuraría a trasmitir al Gabinete de Lima, en cuyo caso quizás este último se decidiría a declarar su neutralidad.
Volviendo a tomar la palabra, después de esto, el Presidente de Chile añadió: “Que por el momento no podía proponer sino las siguientes bases: 1°, mantener el statu quo (o sea la ocupación chilena del desierto de Atacama) sin derivar de ello otros derechos para el futuro; 2º, el retrotraimiento de la cuestión al punto en que se hallaba en 1866; 3º, el sometimiento a un arbitraje de la decisión del dominio real; pero que esto no podía hacerse sino mediante una discusión tranquila, siendo el Perú neutral.” Bases esenciales eran de consiguiente, la previa declaración de neutralidad por parte del Perú, y que hasta la decisión de los árbitros, que podía prolongarse indefinidamente, conservara Chile la posesión del territorio boliviano que había ocupado con la fuerza: dicha ocupación, como hemos dicho ya se había extendido días antes a todo el desierto de Atacama hasta los confines del Perú, es decir, mas allá todavía del grado 23 donde se había detenido la del 14 de Febrero.
A pesar de lo poco aceptable de estas bases, a las cuales Bolivia no hubiese prestado jamás su asentimiento, el Plenipotenciario Lavalle se prestó a trasmitirlas al Gobierno de Lima; y se convino entre el y el Presidente Pinto que se haría telegráficamente, y que para evitar cualquier inexactitud por su parte, sería redactado el despacho por el mismo Presidente, quien se comprometió a enviarle el borrador dentro del mismo día, - borrador que no envió ni aquel día ni nunca (2).
Un paso atrás: El Representante de Chile en Lima, con Nota de 17 de Marzo, después de haber hablado de los armamentos que hacia el Gobierno peruano, y del envió de una división de 2000 hombres a Iquique, así como también de los sentimientos hostiles a Chile manifestados por la prensa de Lima, concluía pidiendo al Perú una declaración de neutralidad, en los siguientes términos: “Cree propio (el Gobierno de Chile), para hacer mas desembarazada su acción respecto del Gobierno de Bolivia, inquirir seriamente si el de V. E. tiene la intención, que sus deberes le sugieren, de permanecer neutral ante los acontecimientos que han tenido y tengan lugar defendiendo Chile con las armas la ocupación del territorio litoral al sur del paralelo 23°”
Pero el Gabinete de Lima no había recibido aun hasta entonces, del de Santiago, la participación oficial de la ocupación del territorio boliviano, que tuvo lugar el 14 de Febrero, y que por primera vez oía llamar reocupación del territorio litoral; de modo que, lógicamente, no le era posible declarar cual seria su conducta en vista de hechos de los cuales ignoraba el verdadero móvil y significado. Y un " poco por esto, un poco herido por la altisonante acrimonia que respiraba la Nota del Ministro chileno, le respondía que, habiendo acreditado cerca de la Cancillería de Santiago una misión particularmente encargada de tratar todos los incidentes a que pudiera dar lugar este asunto, enviaría a la misma las instrucciones necesarias para responder a aquel Gobierno sobre los diversos puntos contenidos en dicha Nota. Todo esto por escrito.
Pero en una conferencia oficiosa que el Plenipotenciario chileno tuvo con el Presidente del Perú, el día 20, este le expuso:
“Que no le era posible formular en expresiones precisas cual sería mas tarde su decisión; que su Gobierno, ligado de antemano a Bolivia por un Tratado secreto de alianza ofensiva y defensiva (3), tendría forzosamente que hacer causa común con aquel país, a menos que se restableciesen las relaciones de amistad entre el y Chile, o si el Congreso del Perú que pronto será convocado a sesiones extraordinarias, no autorizase el no cumplimiento de dicho Tratado. ….En conclusión, que una decisión no sería adoptada por su Gobierno, sino después de ser conocedor del éxito de la misión confiada al señor Lavalle (sobre la mediación), y después de interrogar al país por medio de sus representantes al Congreso (4). » En consecuencia de esto, el día siguiente, 21 de Marzo, el Ministro chileno mandaba a su Gobierno el siguiente despacho telegráfico: “Mi Nota moderada pidiendo declaración neutralidad será contestada hoy. Presidente me expuso anoche no poder decidirse, tener Tratado alianza con Bolivia, convocar Congreso para decisión, y encargar Lavalle de explicarse con nuestro Gobierno (5)”
Estas explicaciones que el Gabinete de Lima enviaba ampliamente a su Plenipotenciario en Santiago, con Nota del 26 de
Marzo, para que las comunicase a la Cancillería chilena, no fueron esperadas por esta última, que declaró rotas sus amistosas, relaciones con el Perú, antes que dicha Nota llegase a su destino.
(1) Todo cuanto se refiere a estas conferencias del 19 y 21, lo hemos recogido en las Notas oficiales del Plenipotenciario peruano a su Gobierno del
20 y 21 Marzo.
(2) La Exposición de la Cancillería chilena sobre los hechos del 14 de febrero, entregada al Plenipotenciario peruano en Santiago el once de Marzo, para ser enviada a su Gobierno, no le había llegado aun ni podía haberle llegado el 17.
El servicio postal entre Chile y el Perú, se verifica por medio de los vapores de la Compañía inglesa del Pacífico, los cuáles emplean desde el
Callao a Valparaíso, y viceversa, de 9 a 11 días, según el mayor o menor número de escalas que hacen; saliendo tanto del Callao como de Valparaíso una o dos veces por semana. Desde Santiago a Valparaíso, y desde Lima al Callao los ferrocarriles llevan el correo empleando respectivamente, las primeras 5 horas y los segundos 30 minutos. A esto es necesario añadir el tiempo que se pierde en el embarque y desembarque en los puerto, las diversas horas de salida de los correos, y las coincidencias entre las salidas y llegadas, respectivamente, de los trenes y de los vapores; además de los días que es necesario esperar hasta la salida del primer vapor.
(3) La alianza era simplemente defensiva, y no ofensiva como erróneamente dice el Ministro chileno haberle asegurado el Presidente del Perú
(4) De la Nota que el Plenipotenciario de Chile en Lima dirigía a su Gobierno el 22 de Marzo 1879.
(5) De la misma Nota anterior.
Respuesta del Perú al requerimiento chileno de neutralidad
El 24 de Marzo, el Presidente de Chile y el Plenipotenciario peruano celebraron una nueva conferencia, que el primero inicio con las siguientes palabras: Estoy profundamente disgustado, porque acabo de tomar algunas medidas relativas a la guerra con el Perú; para luego decirle: que la actitud del Perú, el cual se presentaba como mediador armado, y próximo a convertirse en beligerante, exigía una pronta resolución por su parte; que la opinión pública lo obligaba a ello, y que los marinos y hombres de guerra de Chile creían el momento propicio para acometer al Perú, por considerarse en aquel móntenlo mas fuerte Chile, situación que podía cambiarse mas tarde; pero que no existiendo realmente ningún motivo de guerra entre Chile y el Perú, cuyos comunes intereses exigían el ir siempre de acuerdo, no veía porque se debía llegar a tan dolorosa extremidad; y que todo podía evitarse con la simple declaración de neutralidad por parte del Perú: que con este objeto había encargado a su Representante en Lima pedir a aquella Cancillería dicha declaración, y que deseaba que la misma petición fuese repetida por el Plenipotenciario Lavalle, por medio de un despacho telegráfico del cual había preparado el borrador escrito, y que decía: “La situación indefinida del Perú es un obstáculo insuperable para las negociaciones. La declaración de neutralidad tranquilizaría los espíritus aquí como en el Perú y Bolivia. Proposiciones que podrían ser aceptables estando los ánimos mas tranquilos no pueden ahora discutirse”. El Plenipotenciario peruano respondió, que no dejaría de trasmitir este despacho a su Gobierno, para satisfacer los deseos manifestados por el Presidente; pero que, aun careciendo de instrucciones especiales sobre el particular, se permitía manifestarle una vez más, que el Perú no podía declararse neutral, como se pretendía, a priori e incondicionalmente, en una guerra entre vecinos que podía comprometer de un momento a otro sus propios intereses; y que si el Perú había asumido el carácter de mediador, y hacía todo género de esfuerzos para evitar la guerra, era precisamente porque, convencido de la imposibilidad de mantenerse neutral quería evitar la necesidad de convertirse en beligerante.
El Presidente de Chile añadió entonces: “1°, que no veía que intereses tan poderosos podían ligar al Perú con Bolivia: quo
Chile le daría toda especie de garantías, si de algunas necesitaba a consecuencia de la ocupación del litoral boliviano, y que, si por su declaración de neutralidad Bolivia le hacia la guerra, contase con la alianza de Chile, y con un ejército chileno que se pondría a las órdenes del Perú; 2o. que si la guerra estallaba entre Chile y el Perú, no sería extraño que acabase en una guerra entre Perú y Bolivia, aliada a Chile; pues hoy mismo Chile podría hacer la paz con Bolivia con detrimento del Perú, cosa en que él no entraría jamás; y que para evitar la guerra entre ambos países era preciso que el Perú declarase su neutralidad.”
El día siguiente, 25 de Marzo, volviendo sobre cuanto se había dicho entre él y el Plenipotenciario peruano en la conferencia anterior, el Presidente de Chile escribía al señor Lavalle la siguiente carta autógrafa:
“Santiago, a 25 de Marzo de 1879 - Sr. D. José Antonio de Lavalle - Mi apreciado señor - Creo que no estaría de mas decir, que declarada la neutralidad, las negociaciones podrían continuarle en Lima, donde podrían llevarse con mas actividad que en Santiago. Creo que declarada la neutralidad, podríamos conseguir que Santa María fuese a Lima…. A. PINTO. »
Insistiendo siempre sobre la declaración de neutralidad de Perú, que debía ser el punto de partida de toda negociación, el Presidente de Chile volvía una segunda vez sobre el proyecto de los días 19, 20 y 21, de hacer negociar en Lima por Santa María un proyecto de arreglo amistoso con Bolivia.
El plenipotenciario peruano explica a Chile el espíritu del tratado con Bolivia
Pero en este estado de cosas, le fue referido a Lavalle, que el Gobierno de Chile había dado órdenes a la escuadra de mantenerse pronta para operar a la primera señal contra los puertos y fuerzas navales del Perú.
El 31 de Marzo, habiendo recibido de su Gobierno copia del Tratado de alianza celebrado entre el Perú y Bolivia el año 1873, el Plenipotenciario peruano dio lectura de este documento al Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, haciéndole notar como además se desprendía de él claramente, que no tenia carácter alguno de hostilidad contra Chile; tratándose únicamente de un pacto general de alianza defensiva, debido mas que a otra cosa a la necesidad de consolidar las, entonces difíciles, buenas relaciones con Bolivia, tan necesarias al desarrollo comercial y económico de los dos países por su respectiva posición geográfica.
Efectivamente, no pudiendo servirse Bolivia de sus lejanos puertos de la costa del desierto de Atacama, mas que únicamente para las necesidades de una región muy limitada del Estado, se halla necesariamente obligada a servirse, para las necesidades comerciales de la mayor parte de la República, de los puertos peruanos de Arica y Moliendo. Naciendo de aquí entre ambos países continuas dificultades aduaneras, y a veces tirantez en las relaciones diplomáticas, o desacuerdos mas o menos pasajeros, para llegar después con mas o menos trabajo, a la celebración de Tratados especiales de aduanas, que fueron casi siempre remedios tardíos o causas de perjuicios y trastornos en los intereses comerciales de los dos Estados. Con el Tratado de alianza se creyó poner un dique a estas frecuentes y dañosas disensiones entre las dos Repúblicas haciéndolas solidarias de una amistad leal y duradera.
Declaración de guerra hecha por Chile
El 1° de Abril los periódicos de Santiago publicaban la noticia, de que el Gobierno había pedido la autorización del Consejo de Estado para declarar la guerra al Perú. Y en la noche del mismo día, el populacho de Valparaíso, a la vista de la Policía que permaneció espectadora indiferente del hecho, asaltó el Consulado del Perú y arrancó violentamente el escudo de armas de esta Nación, para después romperlo en pedazos, y hacer de el un solemne auto de fe delante de la iglesia de la Merced.
El mismo día 1° de Abril, el Plenipotenciario peruano se apresuraba a enviar una Nota a la Cancillería chilena, pidiéndole aclaraciones sobre cuanto se decía en los periódicos referentes a la declaración de guerra al Perú, y rogándole, en caso afirmativo, que le enviase sus pasaportes. No habiendo recibido respuesta, dirigió otra aun más urgente la mañana del 3, en la tarde de cuyo día recibió del Ministro de Relaciones Exteriores, con fecha del 2 de Abril, la Nota siguiente:
“La manifestación hecha en estos últimos días al Ministro chileno en Lima por el Gobierno de Ud. de que no podía declararse neutral en nuestra contienda con Bolivia, por tener un pacto de alianza defensiva que Ud. me leyó en la conferencia habida el 31 del pasado, ha hecho comprender a mi Gobierno que es imposible mantener relaciones amistosas con el del Perú. Ateniéndome a la respuesta que Ud. me dió en la primera conferencia que tuvimos el 11 de Marzo último, contestando a la interrogación que le hice sobre si existía o no ese pacto, y en la que Ud. me aseguró que no tenia conocimiento de él, que creía que no existía mi Gobierno ve que el de Ud. reservando el pacto a Ud. y a este Gobierno, se ha colocado en una situación profundamente irregular. Mi Gobierno se ha sorprendido al saber que el del Perú proyectase y suscribiese ese pacto en los momentos en que manifestaba hacia Chile sentimientos de cordial amistad. A ese acto misterioso y en el que se pactó la reserva mas absoluta, el Gobierno de Chile contesta con elevada franqueza, que declara rotas las relaciones con el Gobierno del Perú y lo considera beligerante. Al enviar a Ud. sus pasaportes…. ”
Aquel mismo día, 3 de Abril, el Ministro Plenipotenciario de Chile en Lima, Joaquín Godoy, hacia en nombre de su Gobierno otra declaración de guerra al del Perú, pidiendo sus pasaportes. Habiendo copiado, como lo hemos hecho, la del Ministro de Relaciones Exteriores de Chile al Plenipotenciario Lavalle, debería ser ocioso trascribir esta otra: sin embargo, aun sin regalársela íntegra a nuestros lectores, copiaremos algunos de sus párrafos principales, tanto por su originalidad, como por los diversos y nuevos motivos en que el jocoso Godoy funda la declaración de guerra.
“Al estallar el conflicto que, sin provocación del Gobierno del infrascrito, y bien a pesar suyo, ha interrumpido las relaciones amistosas que ligaban a Chile con Bolivia, y colocado a las dos Naciones en estado de guerra, la armonía mas perfecta existía entre Chile y el Perú... (1). En tal situación natural era esperar que la causa de Chile en el conflicto aludido, causa a cuyo lado militan la razón y la justicia, la civilización y la buena fe, hubiese encontrado en el pueblo y en el Gobierno del Perú nobles adhesiones y ardientes simpatías….Imposible es por tanto expresar el sentimiento de asombro y de sorpresa con que el Gobierno de Chile y la Nación entera han tomado nota de la actitud asumida por el Perú.... Ninguna precaución ha sido bastante para ocultar por mas tiempo la existencia del Tratado secreto de alianza que en 1873 celebraron Bolivia y el Perú (2). Según ese pacto, ajustado cuando Chile descansaba en la confianza de que una profunda paz reinaba en sus relaciones con este país, con Bolivia y con todas las Naciones, el Perú quedó formalmente obligado a constituirse, dado el conflicto hoy existente, en enemigo de Chile, y a comprometer en su daño sus naves, sus ejércitos y sus tesoros. No solo existe ese compromiso, consignado en el pacto secreto de 1873. El Gobierno del infrascrito es sabedor de que el de V. E. ha empezado ya a darle cumplimiento, suministrando directa aunque ocultamente al de Bolivia, armas y municiones de guerra. Profundamente ofendido Chile por la actitud del Perú revelada en estos hechos concretos, pudo desconocer desde luego el carácter neutral que pretende conservar esta Nación, y tratarla como enemiga.... No ignora V. E. que el infrascrito tuvo el pesar de saber que no obtendría del Gobierno peruano declaración de neutralidad, que estaba ligado por un pacto de alianza con Bolivia, que ninguna consideración era bastante poderosa por inducirle a la ruptura de ese convenio (3). El carácter de beligerante asumido pues deliberadamente por el Gobierno del Perú en el hecho de haberse negado a hacer la declaración de neutralidad que le fue pedida, en el de haber dado por fundamento de su negativa la existencia de una alianza concertada con uno de los beligerantes, en el de haber suministrado a este auxilios directos de armas y municiones, y en la actitud bélica que revelan después de estos antecedentes, los activos aprestos que el infrascrito mencionó en su citado despacho de 17 de Marzo, y que han continuado y continúan con inusitada solicitud; todo esto hace ver que no es compatible con la dignidad de Chile al mantenimiento de esta Legación…. Declara por tanto el infrascrito terminada su misión de paz….”
(1) Chile comienza la guerra ex abrupto contra la Bolivia, evadiendo en plena paz el territorio de esta última, y su Plenipotenciario dice que ¡¡estalla la guerra sin provocación por parte del Gobierno chileno!!
(2) Debe recordarse que él mismo había escrito a su Gobierno, que el Presidente del Perú le manifestó la existencia del Tratado con Bolivia, la primera vez que se presentó la ocasión, en la conferencia del 20 Marzo
(3) El mismo había escrito a su Gobierno, que el Presidente del Perú le declaró, no poder decidir la petición de neutralidad, hasta después de terminada la misión Lavalle sobre la mediación, y del voto del Congreso.
Examen de los pretextos chilenos para la guerra I
Como la simple lectura lo prueba, las dos declaraciones de guerra, provenientes, la una directamente de la Cancillería chilena y la otra de su Legación en Lima, no son en modo alguno uniformes entre sí.
La primera que, por su procedencia, tiene derecho a ser considerada como la mas seria, funda la declaración de guerra en dos motivos: 1°, en el haber tenido oculto el Gobierno peruano su Tratado de alianza con Bolivia; 2º, en el haber firmado dicho Tratado en momentos en los cuales manifestaba sentimientos de cordial amistad a Chile; dando a entender con esto la
Cancillería chilena, que consideraba dicho Tratado como un acto de hostilidad hacia Chile; y que le había sido suficiente saber que dicho Tratado existía, para andar lanza en ristre contra el Perú, declarándole francamente una guerra que este preparaba y meditaba desde mucho antes.
Estos, sin embargo, podemos decirlo sin temor de equivocarnos, no fueron los verdaderos motivos que impulsaron Chile a declarar la guerra al Perú.
En cuanto a la pretendida ocultación del Tratado de alianza, fundada en la respuesta negativa dada por el Plenipotenciario
Lavalle, no se puede razonablemente llamar tal; porque la Cancillería de Lima, al mandar un Plenipotenciario con la misión especial de ofrecer la mediación del Perú en el conflicto chileno boliviano - conflicto nacido, como creía el Perú, a consecuencia de la diversa interpretación que Chile y Bolivia daban a los actos de esta última, relativamente a un Tratado existente entre ellos, y que en nada comprometía la alianza Perú-boliviana, que tenia un objetivo completamente diverso, - no tenia obligación alguna de poner en conocimiento de su Plenipotenciario un hecho completamente extraño a su misión; y mucho menos de prever que se le hubiera hecho tal pregunta, y de consiguiente darle instrucciones en propósito. SÍ al acreditar un Plenipotenciario cerca de una Nación, debieran prever las Cancillerías todas las preguntas que se le pudieran hacer, aun no pertinentes a su misión, las facultades humanas no serian suficientes para superar tamaña dificultad. Encontrándose los Plenipotenciarios en continua correspondencia con sus Gobiernos, se hallan siempre en el caso de pedir y recibir nuevas instrucciones a medida que se presenta la necesidad; y ningún Gobierno se da por ofendido cuando el Representante de una Nación amiga no puede responder, por falta de instrucciones, a sus preguntas. Entonces únicamente comienza la falta, cuando, transcurrido el tiempo necesario para pedir y recibir las correspondientes instrucciones, la respuesta se hace todavía esperar; porque entonces solamente se principia a manifestar la intención de no dar las declaraciones pedidas, o, como diría la Cancillería de Santiago, de ocultar los hechos y. circunstancias objeto de la interpelación.
De consiguiente, era suficiente que el Plenipotenciario peruano dijera, como dijo, que no tenia instrucciones de su Gobierno sobre el particular y que las había pedido, tanto mas cuanto que él mismo había oído hablar de dicho Tratado en Chile, para que el Gabinete de Santiago no se diese por ofendido, como hizo entonces, y esperara con tranquilidad la respuesta de la Cancillería de Lima. Si el Gobierno chileno deseaba esta respuesta con mas urgencia, no tenia mas que rogar al Plenipotenciario peruano, como hizo en otras ocasiones, que pidiese dichas instrucciones por telégrafo: no habiéndolo hecho así, debía necesariamente resignarse a esperar los veinte y tantos días necesarios para obtener una respuesta de Lima por el conducto ordinario del correo. Ciertamente, el Plenipotenciario del Perú después de haber declarado que carecía de instrucciones, y que las había pedido previendo una interrogación, no debió despojarse de su carácter oficial y diplomático, para emitir las razones exclusivamente personales que, por ignorar él la existencia del Tratado, le hacían creer que dicho Tratado realmente no existiese. Pero estas explicaciones puramente personales, lo repetimos, debidas solamente a la poca pericia en el manejo de los asuntos diplomáticos, y al excesivo deseo de hacerse agradable, exponiendo francamente sus propias ideas, no cambian de ninguna manera el fondo de la cuestión; ni pueden ser motivo suficiente para acusar de doblez al Gabinete de Lima, completamente extraño a estos hechos.
Examen de los pretextos chilenos para la guerra II
Que el Gobierno del Perú no tuvo un solo momento la idea de ocultar la alianza con Bolivia - alianza Duramente defensiva y para casos especiales, que en un principio se creyó no tener nada que ver con el conflicto chileno-boliviano - se desprende del hecho de que, apenas fue interpelado sobre el particular por el Representante chileno en Lima, le manifestó inmediatamente, además de la existencia del Tratado, su naturaleza y el alcance que podía tener; de lo cual hacen fe la Nota y el telegrama que el Representante chileno enviaba a su Gobierno el 21 de Marzo. Pero dejemos esto, sobre lo cual nos hemos ya extendido bastante.
Si el Gabinete de Santiago hubiese declarado la guerra al Perú mas que por otra cosa, por la sorpresa que le causara el haber firmado el Perú el Tratado con Bolivia mientras se encontraba en perfecta paz con Chile, como quisiera hacer creer en el segundo de los motivos que examinamos, tal declaración la hubiera hecho indudablemente en el primer momento en que tuvo noticia oficial de la existencia de dicho Tratado. Y puesto que esta noticia oficial la tuvo por medio de su Representante el 21 de Marzo, no comprendemos porque contuviera su indignación hasta el 31 de Marzo en que, a su vez, el Plenipotenciario peruano se la comunicara; ¿Quizás para esperar, tratándose de un asunto que revestía tanta gravedad, las explicaciones que este debía darle, como le anunciaba su Representante, sobre la petición de neutralidad hecha al Perú? Pero además de que en este caso no hubieran sido, ni la pretendida ocultación del pacto de alianza, ni la sorpresa que le causaba su existencia, las que lo decidían a declarar la guerra, es digno de notarse que no esperó tampoco dichas explicaciones; y que, como dice en sus primeras líneas la Nota en cuestión, se atuvo a la simple manifestación hecha a su Representante en Lima por aquel Gabinete. La lectura del Tratado que le fue hecha por el Plenipotenciario peruano el 31 no tuvo pues ninguna influencia.
De todas maneras, la generosa indignación que le hacia prorrumpir el 3 de Abril en una tremenda declaración de guerra, hubiera debido por lo menos, aun contenida fuertemente del 21 y el 31 de Marzo, hacer que se abstuviera de toda negociación con el Plenipotenciario peruano. Pero nosotros sabemos por el contrario, que fue precisamente en los diez días transcurridos entre el 21 y el 31, que el Presidente de Chile se empeñó mas activamente con el Plenipotenciario peruano para separar al Perú de Bolivia, y conseguir que hiciese una declaración de neutralidad incondicional. De consiguiente podemos decir, con toda seguridad, que la indignación provocada por la pretendida ocultación del Tratado de alianza con Bolivia, y por la noticia misma de la existencia de dicho Tratado, no fue mas que un mero pretexto, y no la verdadera causa de la declaración de guerra al Perú.
Por otra parle, es abundantemente sabido que los hombres políticos de Chile conocían la existencia y naturaleza de dicho
Tratado desde el mismo año en que se celebró; como quedó plenamente probado en la Sesión secreta del Senado chileno de 2 de Abril de 1879, en la cual se vino a descubrir que, quien mas, quien menos, casi todos los Señores Senadores sabían algo sobre el particular desde larga fecha. En dicha Sesión, el Senador Ybañez declaraba que, siendo él Ministro de Relaciones Exteriores en el 1873, conoció la existencia del Tratado de alianza Perú boliviana por los Ministros chilenos residentes en el Perú y en la República Argentina, y por otros conductos; y que fue precisamente en atención a estas noticias que el Gobierno de Chile, a pesar de sus dificultades económicas, ordenó la construcción de sus dos buques blindados Blanco-Encalada y Lord-Cochrane. A esto debemos añadir, que fue también en el 1873, cuando supo la existencia del Tratado de alianza entre Perú y Bolivia, que Chile adquirió en Europa, por medio del entonces Coronel Sotomayor, el fuerte armamento militar con el cual inició la presente guerra.
¿Porque demoró el Perú la declaración de su neutralidad?
La verdadera causa de la declaración de guerra podría quizás encontrarse, aunque no sea en ello que se apoya el Gabinete de Santiago, en las primeras palabras de la Nota en cuestión:
“La manifestación hecha en estos últimos días por el Gobierno de V.S. de que no podía declararse neutral en nuestra contienda con Bolivia....” es decir, en la negativa del Perú a hacer la declaración de neutralidad que con tanta insistencia se le pedía: motivo que se halla expreso claramente en la declaración de guerra hecha por el Plenipotenciario chileno en Lima. Y aquí, en primer lugar ¿es realmente cierto que el Gabinete de Lima declarase al Representante de Chile que, no podía declararse neutral en la guerra chileno-boliviana? La respuesta la dará la Nota misma del Plenipotenciario de Chile, fecha 22 de Marzo, con la cual refería a su Gobierno lo que había sobre este particular:
“Legación de Chile en el Perú; Lima, Marzo 22 de 1879 - Sr. Ministro - Si como presumo ha recibido mi precedente comunicación, V.S. debe conocer ya de que manera he procedido, en cumplimiento de sus instrucciones, para pedir a este Gobierno una declaración inmediata de neutralidad. La copia que acompañé a la citada comunicación, habrá manifestado a V.S. en sus términos textuales, el despacho que dirigí el 17 del corriente sobre el particular, al Señor Yrigoyen, Ministro de Relaciones Exteriores. Recibido este despacho en la tarde del 17, se reunió el día siguiente el Consejo de Ministros, para tomarla en consideración; pero en aquella sesión no se llegó a resolución alguna. En la que tuvo lugar el día siguiente, si las noticias que tengo no son inexactas, el Señor Yrigoyen presentó un proyecto de respuesta en términos de absoluta negativa a mi petición; proyecto que no fue aceptado, y que por esta circunstancia dió motivo para que el Ministro intentara presentar su dimisión. El 20, disponiéndome a conferenciar con S. E. el General Prado, recibí una invitación suya con este objeto, y tuvo lugar la conferencia de la cual paso a dar cuenta a V.S…
S. E. (El Presidente de la República) me declaró que no le era posible formular en expresiones precisas cual sería mas tarde su decisión.... que su Gobierno, ligado de antemano a Bolivia por un Tratado secreto de alianza ofensiva (1) y defensiva, tendría forzosamente que hacer causa común con aquel país, a menos que no se restableciesen las relaciones de amistad entre él y Chile, o si el Congreso del Perú que será convocado extraordinariamente, no autorizara el no cumplimiento de dicho Tratado... En conclusión, me expresó que una decisión no seria adoptada por su Gobierno, sino después de ser conocedor del éxito de la misión confiada al Sr. Lavalle, y después de interrogar al país por medio de sus representantes al Congreso…. Ayer, 21, me apresuré a dar a V.S. concisa cuenta de ella por telégrafo dirigiéndole en cifra el mensaje siguiente: -Mi Nota moderada pidiendo declaración neutralidad, será contestada hoy. Presidente me expuso anoche no poder decidirse, tener Tratado alianza con Bolivia, convocar Congreso para decisión, y encargar Lavalle de explicarse con nuestro Gobierno…. GODOY.”
Recibido el precedente despacho telegráfico, el Gabinete de Santiago, telegrafió el día 25 a su Representante en Lima:
“Declaración neutralidad debe resolverse inmediatamente en Lima, acompañada de suspensión de armamento. No aceptamos que este asunto se trate en Chile. Pida manifestación pacto secreto, inquiera si está aprobado por el Congreso, y si el Gobierno se resuelve abrogarlo inmediatamente Conferencie hoy con Presidente y Ministros, y contéstenos hoy, y si no fuere posible, mañana.”
En Nota del 26 de Marzo, respondiendo al telegrama precedente, recibido el día anterior, el Representante chileno escribía a su Gobierno: “Respecto a la declaración de neutralidad me han expuesto, tanto el Señor Presidente como el Señor Ministro, que ese es un acto que su Gobierno no ejecutará, si el Congreso peruano, recientemente convocado para el 24 de Abril próximo, no lo acuerda.... Mucho antes que este oficio llegue a manos de V.S., el telegrama que me propongo dirigirle mañana le dará conocimiento suficiente del asunto.” El Gabinete de Santiago no recibió esta Nota, hasta después de la declaración de guerra al Perú; pero recibió, como es de suponer, el telegrama que le prometía su Representante.
(1) Es inexacto; defensiva únicamente, y no ofensiva.
Hoy todavía que el famoso Tratado de alianza ha sido publicado tanto en documentos oficiales, como en los periódicos, de manera que todos pueden leerlo, y saber que habla únicamente de alianza defensiva, hoy todavía, repetimos, el historiador chileno Barros-Arana dice en su así llamada Historia de la guerra del Pacífico, en las pág. 31 y 73, que era un Tratado de alianza ofensiva y defensiva. Esto puede dar idea de como se interpretan y refieren los hechos en Chile, y de como se escribe la historia en aquel país.
No es verdad que Perú no pudiera declararse neutral, no hubo tiempo suficiente
Estas, y no otras, fueron las manifestaciones hechas por el Gabinete de Lima al Ministro chileno; es decir, las manifestaciones a las cuales se refiere la Cancillería de Santiago en la mencionada declaración de guerra; y como se ve, es completamente inexacto que el Gobierno del Perú respondiese rotundamente que no podía declararse neutral, como afirma el Gabinete de Chile. El Gobierno peruano decía por el contrario, que por el momento no podía tomar, determinación alguna sobre él (particular; y que no podría tomarla sino en vista del éxito definitivo de la misión confiada al Plenipotenciario Lavalle para la mediación, y después de haber oído la decisión de las Cámaras Legislativas, ya convocadas extraordinariamente. En una palabra, el Gobierno del Perú declaraba que no le correspondía a el tomar una resolución de tanta importancia, sino al único poder del Estado que tenia esta facultad, o sea al Congreso Nacional que había sido convocado ya con este objeto; y que se reservaba dar a Chile la respuesta que este le pedía, después que el Congreso decidiera lo que debía hacerse.
Para que no quedaran dudas sobre el particular, hemos preferido atenernos siempre a los documentos chilenos, como se ha visto. De consiguiente, no fue tampoco la declaración del Perú de no poderse declarar neutral - declaración que no llegó a hacerse - la que impulsaba Chile a la guerra.
Vamos mas adelante todavía. ¿Tenia Chile el derecho de exigir del Perú una declaración inmediata de neutralidad? Dice Hautefeuille: “Las declaraciones de neutralidad deben ser espontáneas. Ninguna Nación, por poderosa que sea, puede exigirlas con la amenaza o con la fuerza. No hay duda, como observa Galiani, que es lícito sondear las intenciones de los otros Estados, investigar sobre sus disposiciones y provocar la manifestación de su voluntad; pero es contrario al derecho el emplear la violencia para obtener una manifestación. El país interrogado puede responder o mantenerse en silencio, según lo crea mas conveniente a sus propios intereses, sin que el beligerante tenga motivo para ofenderse por la negativa.” No tenemos necesidad de añadir, que esta es la opinión unánime de los mejores publicistas.
Examen del tratado de la alianza
En la declaración de guerra hecha directamente al Gobierno del Perú por el Representante de Chile, se añaden a los precedentes, como hemos dicho, tres nuevos motivos; que son:
1°. La existencia del Tratado de alianza con Bolivia, “según el cual, dice el Plenipotenciario chileno, el Perú quedó formalmente obligado a constituirse, dado el conflicto hoy existente, en enemigo de Chile;” 2º. El haber el Perú suministrado a Bolivia, después de su rompimiento con Chile, socorros directos de armas y municiones; 3º. Los preparativos bélicos que activamente hacía el Perú.
El Tratado de alianza defensiva, celebrado en 1873 entre Perú y Bolivia, ¿obligaba tal vez al primero, velis nolis, para permanecer fiel a lo pactado, a abrazar la causa de la segunda contra Chile? Dice el Tratado:
“Art. 1°. Las Altas Partes contratantes (Perú y Bolivia) se unen y ligan para garantizar mutuamente su independencia, su soberanía y la integridad de sus territorios respectivos, obligándose en los términos del presente Tratado a defenderse contra toda agresión exterior, bien sea de otro u otros Estados independientes, o de fuerzas sin bandera que no obedezcan a ningún poder reconocido.”
“Art. 2°, La alianza será efectiva para conservar los derechos expresados en el artículo anterior, y en los casos de ofensa que consistan: 1°. En actos dirigidos a privar a alguna de las Altas Partes contratantes de una porción de su territorio, con ánimo de apropiarse su dominio o de cederlo a otra Potencia.- 2º. En actos dirigidos a someter a cualquiera de las Altas Partes contratantes a protectorado, venta o cesión de territorio, o a establecer sobre ella cualquiera superioridad, derecho o preeminencia que menoscabe ú ofenda el ejercicio amplio y completo de su soberanía e independencia.”
« Art. 3º, Reconociendo ambas partes contratantes que todo acto legítimo de alianza se basa en la justicia, se establece para cada una de ellas, respectivamente, el derecho de decidir si la ofensa recibida por la otra, está comprendida entre las designadas en el artículo anterior.”
“Art. 8º. Las Altas Partes contratantes se obligan también: 1º. A emplear con preferencia, siempre que sea posible, todos los medios conciliatorios para evitar un rompimiento o para terminar la guerra, aunque el rompimiento haya tenido lugar, reputando entre ellos, como el mas efectivo, el arbitraje de una tercera Potencia.”
La simple lectura de estos artículos del Tratado es mas que suficiente para comprender, que no fue firmado contra Chile, y que en modo alguno podía pretender Bolivia que el Perú, en ejecución de dicho Tratado, se asociase a ella contra Chile, en el caso en que la guerra promovida por este hubiese sido una guerra justa, como Chile debía creerlo. La alianza no era mas que para los casos de guerra notoriamente injusta contra uno de los dos países aliados; y para hablar mas claro para las guerras de conquista, sea de territorio, sea de derechos y supremacías contra uno de ellos. De consiguiente, si Chile no había promovido a Bolivia una guerra notoriamente injusta, si Chile no pretendía hacer contra Bolivia una punible guerra de conquista, no tenía nada que temer del Perú; el cual no se hubiera hallado en manera alguna obligado, por su Tratado
de alianza con Bolivia, a tomar las armas contra de él.
Efectivamente Bolivia había ya enviado a Lima un Ministro Plenipotenciario, desde fines de Febrero, para pedir al Gobierno del Perú que, en ejecución del Tratado, declarase llegado el casus foederis, Pero el Gabinete de Lima, sin acceder a las instancias de su aliada, suspendía toda discusión sobre este asunto; en primer lugar, para agotar todos los medios amistosos que pudiesen conducir a una conciliación pacifica la cuestión pendiente entre Chile y Bolivia, con cuyo objeto ofreció su mediación a los Gobiernos de ambos países; y por último, si la mediación no daba los resultados apetecidos, para decidir, en vista de los motivos que alegaría Chile en justificación de su proceder del 14 de Febrero contra Bolivia, si verdaderamente el Perú se encontraba obligado, o no, en virtud del Tratado de alianza, a hacer causa común con Bolivia contra Chile.
Quien por el contrario declaró llegado el casus foederis fue Chile, el cual declaró la guerra al Perú, aduciendo el motivo de que este tenía un Tratado de alianza con Bolivia: siendo así que si esto no hubiese sido un simple pretexto por su parte, como los anteriores, Chile se hizo justicia por si mismo, declarando implícitamente que su guerra contra Bolivia era injusta, y nada mas que una escandalosa guerra de conquista; puesto que, como se ha visto, era este el único caso en el cual una guerra contra Bolivia podía obligar al Perú, en virtud del antiguo pacto de alianza con esta última, a tomar las armas en su favor.
¿La conducta de chile justificaba lo dispuesto en el tratado?
Puesto que al tener noticia del Decreto del Presidente de Bolivia, fecha 1° de Marzo, que hemos examinado con anterioridad, Chile, gracias a su lógica especial, habla cambiado los papeles entre él y Bolivia, publicando que quien declaraba y proclamaba la guerra entre los dos países era Bolivia y no Chile; y puesto que en su pretendido carácter de hostilizado, se había creído en el derecho de invadir también la parte del desierto de Atacama que había respetado en su primera invasión del 14 de Febrero, era necesario, para ser lógico consigo mismo, que por lo menos no considerara al Perú como obligado a hacer causa común con aquella misma Bolivia que de una manera tan original presentaba como iniciadora de la guerra. Siendo el Tratado, no de alianza ofensiva y defensiva, sino defensiva solamente, nacía de por sí que si la iniciadora de la guerra había sido Bolivia, esta no podía en modo alguno pedir al Perú un socorro que este únicamente estaba obligado a darle en caso de guerra defensiva por su parte, y de la cual no hubiese sido ella la iniciadora. Por lo demás, esta es la suerte de todos los pretextos o falsos motivos: la de conducir a las contradicciones mas patentes, desprendiéndose de ellos mismos lo que verdaderamente son.
En cuanto al segundo motivo, de haber suministrado el Perú armas y municiones a Bolivia, fue solemnemente desmentido por el Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, en su Nota de respuesta de 4 de Abril, con las siguientes palabras: “La afirmación hecha por S. E. de que el Gobierno del infrascrito ha comenzado a dar cumplimiento al mencionado Tratado de alianza defensiva, suministrando directa aunque ocultamente, armas y municiones de guerra a Bolivia, carece absolutamente de fundamento, y es ofensiva a la lealtad nunca desmentida del Perú.” Además de esto, es un hecho público y notorio, que nosotros mismos hemos apurado sobre el terreno por muchas personas, en su mayor parte extranjeros bien informados, que el Perú no suministró a Bolivia en aquel intervalo ningún socorro de este género.
Hay todavía más: 1°. Una de las principales razones por las cuales Bolivia no poseyó jamás un mediano armamento, consiste en las grandes dificultades que hay que vencer para introducirlo en un país perdido detrás de la gigantesca cordillera de los Andes: y aunque el Perú hubiese querido y podido superar estas dificultades, para hacer semejante regalo a Bolivia, no le hubiera sido posible ocultar las muchas operaciones necesarias para ello; lo que hubiera permitido al Gabinete chileno, tan bien informado siempre de los mas minuciosos acontecimientos, el indicar una sola siquiera de estas operaciones; indicación que no hizo. 2º. Bien difícil hubiera sido al Perú prestar armas y municiones a Bolivia, cuando ni aun para él mismo tenia: y esto, que Chile conocía perfectamente, fue puesto luego en evidencia cuando tan inesperadamente se encontró arrastrado a la guerra. 3º. Si estos imaginarios socorros de armas y municiones hubieran realmente tenido lugar, la Cancillería chilena no hubiera hecho ciertamente caso omiso de ellos, en la declaración de guerra que enviaba directamente al Plenipotenciario peruano en Santiago: y no se diga que este hecho, desconocido al lejano Gabinete de Santiago, podía ser por el contrario conocido de su Representante en Lima, y que este no hubiese tenido el tiempo suficiente para comunicárselo; puesto que el Plenipotenciario chileno decía que era precisamente por su Gobierno que él había conocido estos hechos, con las palabras: El Gobierno del infrascrito sabe…..
Aquí no será de mas añadir también, que en la Sesión secreta celebrada por el Senado chileno el 24 de Marzo de 1879, el Ministro de Relaciones Exteriores declaraba, que hasta aquel momento no había recibido noticia alguna que hiciese mención de suministros de armas a Bolivia por parte del Perú, y que había ordenado por telégrafo al Señor Godoy a Lima, que tomase informes sobre el particular.
Finalmente, en cuanto a los preparativos bélicos del Perú, el Plenipotenciario chileno no entra en particular alguno; refiriéndose tan solo a los expuestos anteriormente en su Nota de 17 de Marzo, en la cual decía al Ministro del Perú: “Son notorios los aprestos bélicos que ha empezado a hacer el Gobierno de V. E. desde que estalló el conflicto chileno-boliviano: el ejército ha recibido considerable aumento, sigue incrementándose y se eleva ya a una cifra que sobrepasa en mucho a la que en el estado de paz es requerida por el servicio ordinario; una fuerte división (2000 hombres) bien armada y copiosamente provista de pertrechos ha sido aproximada al territorio que será teatro probablemente del combate que las fuerzas bolivianas se disponen a librar con las de Chile (1); las naves que componen la armada peruana, se concentran, se equipan y se aprontan como para abrir una campaña, aumentando aceleradamente sus dotaciones, reforzando su armamento, embarcando municiones, víveres y combustible, y entregándose a frecuentes y no usuales ejercicios; nuevos buques acorazados han sido pedidos con urgencia a Europa para engrosar la armada, que durante muchos años de paz internacional se ha considerado suficiente- mente poderosa; las fortalezas que defienden la plaza del Callao y que dan abrigo a la escuadra nacional, se artillan, aglomeran gente para su servicio, acopian materiales, ejercitan diligentemente su artillería, y se aprestan, en una palabra, para sostener combate.”
Esta poética descripción del Plenipotenciario chileno dice mas bien lo que el Perú hubiera debido hacer, que lo que efectiva y realmente hizo, como los hechos lo probaron mas tarde. Y para dar una idea exacta de la actividad desplegada por el Perú en tal circunstancia, no tenemos mas que reproducir las palabras que el mismo Representante chileno escribía a su Gobierno en Nota del 1° de Marzo: “Está al alcance de mi percepción (decía él) que el Gobierno del Perú está haciendo aprestos bélicos, si no con mucha actividad, con aquella al menos, que sus escasos recursos permiten.” - A continuación, después de haber hecho una detallada descripción de las diferentes naves que componían la flota peruana, decía en la misma Nota:
“Todas estas fuerzas son, empero, impotentes para luchar con probabilidades de éxito contra las de nuestra Armada, y tal es la conciencia del Gobierno, fundada en la opinión de los mas serios de sus marinos.”
Pero aun admitiendo que los preparativos del Perú hubiesen sido tales como los descubre el Plenipotenciario chileno en su Nota de 17 de Marzo, ni aun así autorizaban en modo alguno a Chile a dudar de la neutralidad del Perú, que con tanta actividad se ocupaba del restablecimiento de la paz entre Chile y Bolivia.
(1)El 17 de Marzo, el ejército boliviano que debía salir a campana no existía todavía. Reunidos, Dios sabe como, unos cuatro mil hombres en los últimos de Marzo y primeros de Abril, este famoso ejército salía trabajosamente el 17 de Abril de la Capital boliviana, para no llegar, como no llegó nunca, al desierto de Atacama.
El Perú aún neutral tenía derecho de armarse
Aun prescindiendo del derecho que tienen todos los Estados de un mismo Continente de armarse como pueden, cuando dos o mas de ellos se hallan en guerra, para encontrarse en el caso, si fuese necesario, de defender su propia neutralidad, la especial condición del Perú era tal que, deseando conservar su neutralidad en la lucha empeñada entre Chile y Bolivia, únicamente era posible para él, la que el derecho internacional distingue con el nombre de neutralidad armada.
Además de que uno de los beligerantes era su vecino – circunstancia siempre apremiante para que un Estado neutral asegure sus propios intereses armándose - había sido escogido para teatro de la guerra, no solamente el territorio del vecino, sino aquella parte justamente del territorio de este que confinaba con el suyo proprio; siendo así, que la suerte de las armas entre los dos beligerantes debía decidirse en los confines mismos del Perú, hasta donde Chile había extendido su invasión en la segunda mitad de Marzo. Añádase a esto, que estas tierras limítrofes del Perú, cerca de las cuales debía arder con sus siniestros resplandores la roja antorcha de la guerra, eran precisamente la parte mas rica del territorio peruano, es decir el desierto de Tarapacá, Iquique, Pisagua y sus famosos depósitos de salitre; se añade además, que la población de Iquique se hallaba en gran parte compuesta de obreros chilenos y bolivianos empleados en las grandes explotaciones de salitre, y se verá de aquí que, mas que razón, tenia el Perú necesidad absoluta de armarse y prepararse a todo evento en sus confines.
La pequeña división de dos mil hombres enviada a Iquique, tenia como especial misión la de prevenir y contenerlas luchas que los obreros chilenos y bolivianos, dado su peculiar carácter, hubieran casi seguramente empeñado entre ellos; y que además habrían podido servir de incentivo y fácil pretexto, para la entrada en el territorio peruano de uno o de ambos ejércitos combatientes del otro lado del Loa. ¿Quien ignora, hasta donde puede dejarse arrastrar a veces el caudillo de un ejercito invasor, por el entrañable amor por sus compatriotas puestos a dos pasos de él, y que, con razón o sin ella, imploren su ayuda…..sobre todo, si este afortunado caudillo perteneciera a una Nación que dio siempre pruebas no equivocas de sobrada ternura hacia sus hijos residentes en el extranjero? (1).
Hay todavía más. Bolivia que se encontraba completamente desprovista de un buen armamento, Bolivia que no poseyó jamás un cañón ni siquiera como objeto de curiosidad, no podía batirse con Chile sin antes armarse convenientemente, dejando a un lado sus viejos y enmohecidos fusiles de treinta o cuarenta años atrás. Pero un armamento cualquiera no podía recibirlo que por dos solos caminos: o del Atlántico a través de la República Argentina, camino bastante largo y difícil, por no decir imposible; o bien del Pacifico, desembarcándolo en un puerto del Perú, para introducirlo luego dentro del Estado pasando por el territorio peruano; puesto que su costa del desierto de Atacama se hallaba toda en poder de Chile. De un tercer camino por las fronteras del Brasil sería ocioso ocuparse. Y aunque Bolivia no tuviese marina, podía sin embargo dar patentes de corsario, como lo hizo efectivamente el 26 de Marzo; podía comprar algún barco de guerra, uno o dos buques blindados, o simplemente vapores mercantes armados con este objeto, cosas muy posibles todas ellas.
Entonces el Perú se hubiera encontrado amenazado seriamente. Bolivia habría sin duda alguna forzado sus puertos, para proveerse de un buen armamento; y en lugar de hacer descender sus tropas al teatro de la guerra escogido por Chile, a través de la Cordillera y del desierto de Atacama (por sitios casi absolutamente impracticables y faltos de todo, de víveres, de agua y de forrajes), hubiera preferido el camino relativamente fácil y llano del Perú; lanzándolas sobre la acostumbrada vía de La-Paz a Tacna, para embarcarlas luego en Arica, como hizo siempre en épocas de paz, con el consentimiento del Perú, para renovar las pequeñas guarniciones de sus puertos del desierto de Atacama: Antofagasta, Mejillones y Cobija. Y en vista de tantas y tan posibles contingencias; ¿quien no descubre la imperiosa necesidad en que se hallaba el Perú de armarse, para hacer respetar su neutralidad y ponerse a cubierto de cualquiera sorpresa, que de un momento a otro podía comprometer sus intereses y hasta la integridad del suelo nacional?
Por último, es preciso no olvidar las palabras tan altamente significativas que el Presidente mismo de Chile dijo al Plenipotenciario peruano, en la conferencia del día 24 de Marzo:
“Hoy mismo Chile podría hacer la paz con Bolivia, con detrimento del Perú....” hecho que, con algo asaz peor todavía, el Perú conocía desde mucho antes, como diremos a su debido tiempo; y se juzgue por todo esto, si el Perú podía permanecer en una neutralidad inerme, en momentos y circunstancias en que todo era amenaza para él.
(1) El Diario oficial del Perú, EL PERUANO, publicaba el 7 de Marzo la siguiente noticia: “Hoy ha partido para el Sur de la República una división de soldados. Dos razones han dictado esta medida al Supremo Gobierno: es la primera, la natural previsión hacia acontecimientos que pudieran sobrevenir en nuestras fronteras; y consiste la segunda en-la necesidad de conservar a todo trance el orden público en algunas poblaciones del sur, donde, según han informado las autoridades políticas al Gobierno, se principia a sentir alguna excitación entre las colonias chilena y boliviana.”
Publicando después la noticia de la llegada de estas tropas a Iquique, el mismo diario oficial añadía: “Hay actualmente de doce a quince mil chilenos y bolivianos en Iquique y en sus inmediaciones, que no contendrían sus ímpetus belicosos faltando la fuerza competente: he aquí el primer peligro que se ha prevenido.”
El Perú no se hallaba en condiciones de desear la guerra
Que el Perú no quería la guerra, lo dicen abundantemente, además de los grandes y repetidos esfuerzos que hizo para restablecer las buenas relaciones entre Chile y Bolivia, su propio malestar y la semi-imposibilidad moral y material en que se encontraba de lanzarse a empresas de tal género. A esto se debe añadir también, que la guerra contra Chile, aja cual se hallaba por todas partes provocado, únicamente le podía ofrecer una perspectiva de las mas desgraciadas y desalentadoras: la de tener mucho que perder en una derrota, mientras la victoria aun la mas completa no podía brindarle nada de positivo, si se exceptúa la estéril satisfacción de la victoria misma.
¿Que hubiera podido pedir el Perú a Chile, después de la victoria? Nada: tierras no, porque aun las mejores de Chile le hubieran sido de un peso inútil, además de que no las tiene por ningún lado en sus confines; y dinero tampoco, pues hubiera sido aun mucho para Chile si hubiese podido escasamente pagar, después de años y años, los gastos de guerra: de manera que esta, aún con el éxito mas favorable, no podía dar otro resultado que el de empeorar su desastrosa posición económica, sin producirle ventaja alguna. La guerra, para el Perú, no podía tener mas objeto, que el de comprar a subido precio un poco de paz; y ciertamente no se hallaba en sus intereses romper la paz que buscaba y que le era tan necesaria, únicamente para tener que comprarla después a costa de tantos y tantos sacrificios.
Como Chile conocía perfectamente, el Perú atravesaba en aquellos momentos uno de los períodos mas difíciles de su vida política y económica. Sus ricos depósitos de guano se habían convertido, como expondremos a su debido tiempo, de fuentes de recursos que eran, en un peso y en un sarcasmo; y sus no menos ricos depósitos de salitre de Tarapacá (empeñados en planes económicos, que la mala fe de algunos intrigantes políticos y comerciales hizo ruinosos) corrían la misma suerte que los primeros. Lleno de deudas (único resultado de sus tesoros de salitre y guano), sin crédito en el extranjero, y sin más recursos en el interior que las insuficientes rentas aduaneras; reducido desde muchos años atrás, para suplir a las más urgentes necesidades de la administración del Estado, a recurrir a la circulación forzosa del papel-moneda, que corría cada día mas a marchas forzadas sobre el camino del descrédito (1); envuelto desde mucho tiempo en una desastrosa crisis comercial, que se manifestaba a grandes rasgos con la quiebra de muchas de las mas fuertes casas comerciales, reducidas a este extremo por la inesperada no solvabilidad de sus numerosos deudores,- el Perú, económicamente hablando, yacía sobre un verdadero lecho de espinas.
No era ciertamente mejor su situación política. Dividido por las discordias intestinas; punto de mira las riendas del Gobierno, de la ambición mas o menos desenfrenada de inquietos partidos que, ora vencedores, ora vencidos, no dejaban nunca desde largos años de hacerse la guerra, unas veces sorda y latente, otras amenazadora y violenta - el Perú había llegado a un estado en el cual, puede decirse sin exageración alguna, que faltaba moralmente de unidad política. Y bien que bajo la amenaza de una revolución, el Gobierno se había visto obligado a desarmar su escuadra y a reducir casi completamente su ejército, por dos razones; en primer lugar por falta de medios, y luego para impedir que la revuelta se llevase a efecto con sublevaciones de cuartel y de las tripulaciones navales, con pronunciamientos, como casi siempre comenzaron todas las revoluciones peruanas.
Sabemos, por noticias recogidas sobre el terreno y de las cuales garantizamos la autenticidad, que cuando fue conocida en Lima, en el mes de Febrero, la invasión chilena del desierto boliviano de Atacama, las principales fuerzas bélicas del Perú se encontraban en la situación siguiente: El ejército peruano, concentrado en Lima y en el Callao, superaba escasamente de algunos centenares los dos mil soldados que mas tarde fueron enviados a Iquique. Los fuertes del Callao, los únicos que poseyera el Perú, y que defendían el camino de la capital por la parte del mar, se encontraban completamente abandonados, desmontados sus cañones mas importantes, y con una guarnición tan poco numerosa que hubiera sido apenas suficiente para el simple servicio de montar la guardia. Los dos únicos barcos blindados peruanos, el Huáscar y la Independencia, no se hallaban en situación de abandonar el puerto. El Huáscar se encontraba completamente desarmado, hasta el punto que los marineros de custodia habían convertido su torre en palomar; y la Independencia estaba casi reducida a pontón inamovible, habiéndose desmontado y escondido algunas piezas importantes de su máquina, y tan bien escondidas que fue tamaña dificultad el encontrarlas mas tarde (2). Todo esto, para impedir la repetición de audaces tentativas consumadas en otras ocasiones por los revoltosos, que se habían apoderado por sorpresa de tales instrumentos de guerra para combatir al Gobierno.
Júzguese por cuanto dejamos dicho, si el Perú podía desear y querer una guerra con Chile, o con Nación alguna. Fue, pues, en medio de tan deplorables condiciones que el Perú se vio sorprendido, primero por la noticia de la agresión chilena contra Bolivia, y luego por la declaración de guerra contra él mismo.
(1) En Marzo de 1879, el agio sobre la plata era de 90 por ciento; y para las letras en oro sobre el extranjero, el sol en papel, del valor nominal de 48 peniques, no se calculaba mas que 20 peniques escasamente
(2) En la Sesión secreta celebrada por el Senado chileno el 24 de Marzo de 1879, el Ministro de Relaciones Exteriores declaraba: « que el Ministro chileno en Lima había informado, que la fragata Independencia se encontraba en mal estado, y que su reparación demandaría algún tiempo. »
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

