domingo, 6 de diciembre de 2009

Crisis económica de Chile


Se comprende fácilmente que las arcas del Tesoro no podían salvarse de esta crisis económica que envolvía el país en todos sentidos. Fueron por el contrario las primeras a sentir sus efectos, desde que se iniciara; es decir, desde el año 1865, en el cual presentaron un déficit que fue preciso cubrir con el producto de un empréstito. Comenzando desde dicho año 1865 los presupuestos del Estado se cerraron siempre con nuevos déficits que metódicamente se cubrían siempre con nuevos empréstitos; los cuales, aunque de pequeñas proporciones tomados aisladamente, aumentaban todos los años en número y entidad, aumentando cada vez más el déficit del año siguiente.


En todo el intervalo de 14 años trascurridos desde el 1865 al 1878 inclusive, no se encuentran mas que 4 años en los cuales no hubo empréstitos; pero dos de ellos se hallan compensados por empréstitos mayores en los años anteriores y siguientes, y los otros dos por aquellos años en los cuales hubo empréstitos dobles, uno interior y otro exterior: así es que entre unos y otros se cuentan doce empréstitos sucesivos en 14 años. El total de los empréstitos interiores hasta el 1878 inclusive fue de 19, 318,800 pesos; y el de los exteriores de 49, 023,300 pesos; que sumados a los 5, 810,000 de empréstitos anteriores, dan la cifra de 54, 883,300 pesos, total de la deuda exterior de Chile en 1° de Enero de 1879. Sin embargo aquí es necesario advertir que de estos 55 millones de deuda exterior, 35 fueron empleados en la construcción de los ferrocarriles actualmente en ejercicio.

En el último año de paz, 1878, a pesar de las muchas economías introducidas en todos los ramos de la administración pública, se debió recurrir para hacer marchar la barca del Estado, a un empréstito de 3,960,000 pesos: cifra que relativamente a un presupuesto anual que llega escasamente a 15 o 17 millones, era mas que suficiente para dar que pensar, y hasta para aterrorizar a los estadistas chilenos (1).

No era mejor tampoco el estado de los Ayuntamientos, como lo prueba la Memoria que el Ministro del Interior presentaba al Congreso nacional de Chile el i5 de Junio de 1880; memoria en la cual se lee: “Atendida la escasez de sus fondos los Ayuntamientos pudieron apenas atender, no obstante el socorro gubernativo, a todos los ramos de sus servicios. Muchos de ellos se hallan gravados por empréstitos contraídos en otras épocas en beneficio de mejoras locales, con la esperanza de poderlos cubrir con el creciente aumento de sus rentas. Desgraciadamente estas esperanzas han quedado ordinariamente burladas y el Estado ha corrido en su ayuda; a cuyo efecto el Congreso ha votado anualmente algunas sumas en la discusión de los presupuestos da la Nación.”

Estado, Ayuntamientos, comercio, industrias y población, todos se arrastraban penosamente a principios de 1879, en medio a una crisis económica cada vez más desastrosa y apremiante; y esta situación tan abrumadora de la cual se quería salir a toda costa, fue un nuevo y poderoso agente, una de las causas principales que empujaron a Chile, Gobierno y pueblo, a cerrar la parábola trazada por la política nacional, con la única solución desde tan largo tiempo preparada y esperada: la de mejorar sus propias condiciones a expensas de sus débiles vecinos, Perú y Bolivia.

(i) Para que nuestros lectores puedan comprender hasta donde llegaban las economías del Gobierno chileno, copiamos de la Memoria presentada por el Ministro de la Justicia al Congreso de 18S0, el siguiente párrafo: “Continúan vacantes, uno de los cargos de Ministro (Magistrado) de la Corte de Apelaciones de la Serena, y el juzgado de letras de Petorca; el primero por traslación de D. E. del Canto a uno de los juzgados de Valparaíso, hecha en 8 de Agosto de 1878, y el segundo por jubilación de D. M. Irrázaval, concedida en 9 de Junio de 1879. Aunque se ha tenido en vista, al no proveer hasta ahora las mencionadas plazas de la magistratura, el hacer una economía sin daño para el servicio público, la circunstancia de imponer este estado de cosas una carga pesada y ya muy permanente a los abogados llamados por la ley a integrar la Corte de la Serena; y las frecuentes reclamaciones de los vecinos de Petorca, quizás obliguen pronto a nombrar las personas que deban servirlos con arreglo a la ley” pág. 6.
— Como se ve, contrariamente a cuanto afirmaba el Ministro, la economía se había hecho con perjuicio del servicio público desde mediados del último año de paz de 1878.

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