domingo, 6 de diciembre de 2009

Malestar económico de chile


Si exceptuamos el pequeño aumento en la exportación de 1876, que no llegó tampoco a la cifra de importación de los años anteriores, dicha exportación bajó por el contrarío en los años 1877 y 1878; lo que prueba una diminución en la producción, y de consiguiente en la riqueza privada; y si a la par disminuyó la importación, esto no fue mas que una consecuencia, lo repetimos, del malestar económico del país.


En nuestros Estados europeos, todos ellos mas o menos industriales y manufactureros, la diminución en la importación no es generalmente, salvo casos excepcionales, mas que una consecuencia del progreso de las industrias y manifacturas propias, las cuales disminuyen en tanto la entrada de los productos extranjeros, cuanto mas avanzan ellas mismas y consiguen satisfacer las necesidades del consumo interior. Pero esto no es ni podría ser aplicable a Chile, el cual, como hemos dicho, no tiene manufactura alguna, ni industria de ningún género, aparte sus minas de cobre y la agricultura, a las cuales se podría añadir, si bien en muy modestas proporciones, la del carbón fósil.

Exceptuando los productos agrícolas y los metalúrgicos, repetimos, Chile lo recibe todo del extranjero. De consiguiente, la diminución en la importación no puede depender mas que de uno de estos dos motivos: o por haber disminuido las necesidades, o por faltar los medios para satisfacerlas. Cerrando sus puertos a la importación extranjera, su población podría materialmente subsistir con el producto de sus tierras; pero no podrían hacer la vida natural a los pueblos civilizados. Comenzando desde la camisa hasta los vestidos de mayor lujo, desde los primeros a lo$ últimos utensilios e instrumentos de trabajo, desde el indispensable hasta el objeto mas superfino de que se rodea el hombre civilizado, todo lo recibe Chile del extranjero. De consiguiente, para admitir una diminución de necesidades sobre estos artículos, sería necesario comenzar por admitirla en el consumo, como consecuencia de la diminución de la población, o sea de los consumadores, o del retroceso de la población en la vía de la civilización. Pero mientras está probado que la población de Chile aumenta todos los días rápidamente, es también un hecho reconocido que esta marcha siempre adelante, aunque con mas o menos lentitud, sobre la vía de la civilización y del progreso.

No sería de consiguiente ni verdadero ni verosímil, el admitir una diminución en las necesidades; y la diminución de consumos que manifiesta la rebaja de la importación, solamente puede y debe atribuirse a la diminución de los medios que ocurren para satisfacer tales necesidades, o lo que es lo mismo, al malestar económico del país. Mientras que le fue posible, mientras pudo disponer de exuberancia de fuerzas vivas, o sea de capitales de reserva, vivió a sus expensas, y pagó con ellos el exceso de consumo que no llegaba a cubrir con el producto de su exportación. Más tarde, como sucede ordinariamente tanto en la vida de los pueblos corno en la de los individuos, habituado a este bienestar, y habiendo agotado, o poco menos, sus capitales de reserva, se encaminó en el sendero del crédito, descontando de antemano sus fuerzas virtuales o del porvenir. Y cuando este último recurso, tan ruinoso siempre, comenzó también a faltarle; cuando su impotencia se pronunciaba ya en todos sentidos, se vio obligado, por grado o por fuerza, a someterse al régimen de las privaciones; y principió a consumar menos de año en año, dejando de año en año sin satisfacer una parte siempre mayor de sus necesidades. Dejando aparte los últimos cinco años que nos han procurado los dalos para este examen, encontramos que en el año siguiente 1879, que fue el primero de la guerra, la importación disminuyó todavía mas, llegando escasamente a la cifra de 22,794,608 pesos; es decir, que fue inferior en mas de dos quintos a la de los años 1874 y 1875.

Es muy sabido que, principalmente para los pequeños pueblos, los anos de guerra, y de una guerra relativamente colosal,
Son años de la mayor economía y privación. Sin embargo, como resulta de los mencionados datos estadísticos, la importación de 1879 no fue mas que de dos millones y medio próximamente inferior a la del año anterior 1878, la cual había sido ya de cuatro millones poco mas o menos inferior a la del 1877, que a su vez fue de seis millones menos que la precedente importación de 1876, ya disminuida en cerca de tres millones de la del 1875. Esto prueba que cuando llegó la guerra, que por sus inmensas proporciones necesitara el concurso de todas las fuerzas del país, éste había llegado ya por grados sucesivos casi al sumo en la escala de las economías y privaciones posibles; en modo que fueron bien pocas las que todavía pudo hacer, y siempre inferiores a las de los años anteriores de paz octaviana. A pesar de todo, la importación de aquel año fue con pequeña diferencia igual a la del año 1860, cuando su población era una tercera parte menor en número, y de consiguiente, en necesidades.

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