domingo, 6 de diciembre de 2009
El Perú convierte en renta estancada la exportación del salitre
El Perú, mientras fue rico cerró los ojos, sin acordarse siquiera que Tarapacá era suyo, y sin apercibirse que dejaba esparcirse en el extranjero un calor con el cual hubiera podido y debido calentarse él mismo. Pero ya no fue así cuando, habiendo sonado también para él la hora de los sinsabores, sintió la necesidad de apelar a todas las fuentes de su riqueza hasta entonces puestas en olvido.
Cuando en 1873 el Perú estancó el salitre de Tarapacá, reduciendo su exportación a privilegio del Estado, como expondremos en el lugar correspondiente, las cosas mudaron completamente de aspecto para Chile. Arrancado el monopolio del salitre de las manos de las grandes casas extranjeras de Valparaíso, este puerto se encontró inmediatamente privado del gran movimiento de negocios a que dicho monopolio daba lugar, y volvió otra vez la misma agonía, la misma languidez, que gracias a él había desaparecido años atrás; vuelta que naturalmente tomó un carácter mas serio y alarmante, como sucede con todo mal, que es siempre peor cuando vuelve por segunda vez, después de haberse acostumbrado el paciente a vida mas llevadera. Los negocios comerciales en general, que habían tomado cierto impulso durante los florecientes tiempos del salitre, se encontraron en un momento paralizados, produciendo un sensible desequilibrio en todo el comercio de la República; y se manifestó casi instantáneamente una de aquellas grandes crisis económicas, contra las cuales un pequeño pueblo, pobre de industrias y obligado a recibirlo todo del extranjero, lucha asaz difícilmente.
Consecuencia de esta crisis siempre creciente fue precisamente la persistente diminución en la importación de los años 1876, 1877 y 1878, sin hablar de los de la guerra, como hemos visto ya. Otra consecuencia de esta misma crisis fue también el aumento en la emigración de los rotos a las vecinas Repúblicas de Bolivia, del Perú y de la Confederación Argentina, de la otra parte de los Andes. Como hemos dicho mas arriba, eran ya varios años que las dos industrias principales de Chile, la agrícola y la metalúrgica, sufrían en los mercados extranjeros una tal concurrencia que las hacían cada día menos productivas. El hacendado y el minero, propietarios de las tierras y de las minas, a medida que disminuían sus entradas por la rebaja siempre creciente en el precio de los productos de sus industrias, disminuían a su vez el precio de la mano de obra; o sea los escasos jornales de los trabajadores de las tierras y de las minas, del roto en una palabra; el cual, viendo gradualmente desaparecer de esta manera sus pequeñas economías destinadas a la orgía, objeto principal de su vida, comenzó a encontrarse excesivamente mal dentro de su país, y de consiguiente, a emigrar siempre mas y mas.
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