domingo, 6 de diciembre de 2009
Porque Chile quiso a todo a todo trance la guerra contra el Perú
Como hemos visto en el capítulo anterior, mientras el Perú hacía todo género de esfuerzos para obtener un arreglo entre Chile y Bolivia, y evitar una guerra en la cual tarde o temprano se hubiera visto obligado a tomar parte, Chile se asía de cuantos pretextos le venían a la mano para empujarlo a la lucha. ¿Porque?
Si Chile tenia sus razones para temer que el Perú, frustradas sus tentativas de conciliación, se pusiese enfrente de él como aliado de Bolivia, ¿porque no esperó que se decidiera por si mismo a dar este paso?
Merced a la sorpresa del 14 de Febrero, Chile se encontraba ya en posesión del desierto de Atacama, que formaba el objeto de sus aspiraciones, sin disparar un solo cañonazo, y sin que el verdadero enemigo, Bolivia, se hubiera movido todavía para disputárselo: ¿ porque pues, precipitó de este modo los acontecimientos? ¿Porque se apresuró él mismo a reunir al natural y al posible defensor de su presa, para que se aceleraran a disputársela? Al invadir el desierto boliviano de Atacama, Chile estaba íntimamente convencido que si la usurpación o conquista de tan rico territorio debía costarle una guerra, una guerra real y verdadera, ésta no hubiera tenido jamás que sostenerla contra Bolivia solamente, sino con Bolivia y el Perú juntos.
Confinada detrás de la inmensa cordillera de los Andes, en la casi imposibilidad de bajar con un ejército sobre la costa del desierto a través su propio territorio, por la grandes dificultades topográficas que había que vencer, y por los enormes gastos que esto hubiera ocasionado; sin puertos propios, ni buenos ni malos, habiendo perdido los únicos que tenia en el desierto mismo; sin ni aun siquiera principio de escuadra, sin armamento, y falto de medios para proveerse de todo esto,-Bolivia, dejada sola contra Chile, o no se hubiera empeñado en una guerra, sino de palabras, recurriendo como en la primera usurpación chilena de 1842 a la vía diplomática; o hubiera opuesto a Chile, decidiéndose realmente a la lucha, una resistencia tan débil que habría hecho cierta y segura la victoria de este último, sin esfuerzo alguno. Este simulacro de guerra no hubiera tenido otro resultado, que el de asegurar definitivamente a Chile el dominio y propiedad del desierto, a falta de otro título, por el de indemnidad de guerra, que Bolivia no hubiera podido satisfacer de otra manera. Así es que Chile hubiera ganado la partida de todos modos, quedando dueño del codiciado desierto de Atacama a costa de sacrificios nulos o insignificantes; y este era precisamente el pensamiento del Gobierno y del país.
Para convencerse de la completa exactitud de cuanto dejamos dicho, basta hablar sobre este objeto con cualquier chileno bien informado, que no tenga la astucia o dignidad necesarias para ocultar ciertas verdades poco lisonjeras para su Nación. El escritor chileno semi-oficial, Barros-Arana, uno de los mejor informados y que conoce perfectamente las ideas de su Gobierno, después de hablar de la invasión del desierto de Atacama iniciada el 14 de Febrero, y ultimada en la segunda quincena de Marzo, dice: “ Los chilenos quedaron así dueños de todo el desierto de Atacama hasta la frontera del Perú. La guerra con Bolivia estaba terminada de hecho. Chile no pretendía expedicionar en el interior de ese país por el placer de hacer una campaña dificultosísima y sin resultado alguno práctico. Bolivia por su parte, a causa de la configuración singular de su territorio y de las dificultades invencibles que le oponían las montañas y los desiertos, no podía llevar sus tropas hasta el litoral. Esta situación habría durado quien sabe cuanto tiempo sin la acción del Perú (1).”
Si la conquista del desierto de Atacama, repetimos, podía y debía costarle una guerra, indudablemente hubiera debido Chile sostenerla contra el Perú y Bolivia juntos, o por mejor decir contra el Perú, no pudiendo considerarse Bolivia mas que como una simple fuerza auxiliar; puesto que falto de flota, de armamento, y de dinero, a todo lo cual hubiera tenido que suplir el Perú, no podía dar mas, como lo demostraron mas adelante los hechos, que un contingente mas o menos escaso de hombres, que el Perú debía necesariamente armar y mantener. Chile conocía perfectamente todo esto cuando invadía el desierto de Atacama; y conocía también que difícilmente habría podido evitar una guerra con el Perú: el cual, aun prescindiendo de su alianza con Bolivia, debía necesariamente ver en las tendencias de Chile, y en la violencia con que las ponía en práctica una amenaza gravísima contra si mismo.
(1) BARROS-ARANA, Historia de la Guerra del Pacifico, pág. 70.
Chile sabia que el Perú no se hallaba dispuesto para la guerra
A la guerra contra el Perú, Chile se encontraba de antemano preparado y decidido: en su consecuencia no la temía. Sin embargo, si hubiera podido evitarla, sin retirarse de Atacama, lo hubiera hecho con gran placer; y no ya porque le doliese tenerlo como enemigo, y medirse con él. Muy por el contrario: una guerra con el Perú que acabase con la derrota de éste, fue siempre el sueño dorado de Chile, desde la independencia; sueño que ha ido renaciendo y revistiendo siempre con colores y ropajes más brillantes en diversas épocas y ocasiones, desde el 1825 al 1879.
Perfectamente informado de la alianza Perú-boliviana y del natural y justificado interés que tenia el Perú en mantenerlo lejos de sus fronteras, Chile sabia sin embargo que el Gobierno del Perú no quería la guerra, para la cual no se hallaba en modo alguno preparado; y que solamente la habría aceptado como una dura necesidad, después de haber agotado todos los medios posibles para evitarla. Sabía también, como le fue dicho sin disfraz alguno al Plenipotenciario peruano por el mismo Presidente de Chile, que aquel era el momento más propicio para medirse con el Perú; el cual se encontraba excepcionalmente en las peores condiciones posibles, y en su consecuencia infinitamente débil, como jamás se había encontrado anteriormente, y como quizás no hubiera vuelto a encontrarse en el porvenir: es decir, con una mezquina flota, insuficiente para resistir a la suya, que jamás había sido tan floreciente; sin ejército, sin armamento, sin medios y sin crédito en Europa para procurárselos; y por último destrozado por las rivalidades de los partidos, por la guerra civil latente, pronta a estallar de un momento a otro; de modo que no le hubiera sido posible concentrar en una guerra todas las fuerzas vivas del país, ordinariamente tan superiores a las de Chile, moral y materialmente (1).
A pesar de esto, y por mas que se creyese preparado y seguro del éxito, una guerra con el Perú no dejaba de preocupar bastante a Chile. Preveía fácilmente que aun caminando las cosas a medida de su deseo, la guerra habría sido larga, difícil y costosa; y el estado de su hacienda no era suficientemente próspero para prometerle los fondos que hubiera necesitado. Muy por el contrario, el país arrastraba difícilmente una crisis económica, que comenzada años atrás había ido siempre en incremento; y las arcas del Tesoro se hallaban en verdadera penuria. Gozaba, es verdad, de algún crédito en el extranjero, por la puntualidad con que, en vista de sus proyectos de conquista, y a costa de inmensos sacrificios, pagara siempre los intereses de su deuda exterior; y quizás no le habría sido difícil, a costa de nuevos y mayores sacrificios, procurarse las sumas necesarias hasta un cierto punto. Sin embargo, era siempre una fuerte partida la que habría tenido que jugar (2).
(1) Escuchemos sobre el particular la voz del historiador chileno, y casi diríamos, del Gobierno chileno: “E1 Perú atravesaba en esos momentos por una situación poco favorable para embarcarse en aventuras de esa clase. Aparte de las dificultades financieras cada día más apremiantes, la paz interior, amenazada poco antes por el asesinato del ex-Presidente Pardo en las puertas del Senado, era tan poco sólida que el Gobierno creía no poder vivir sino bajo el régimen de las facultades extraordinarias y de la suspensión de la Constitución.”
BARROS-ARANA, Historia de la Guerra del Pacífico, pág. 71.
(2) Aunque el Perú no haya presentado mas que una débil resistencia, y que Chile se haya visto acompañado siempre por una suerte tal que a él mismo le ha sorprendido, han trascurrido ya dos años y la guerra dura todavía. A propósito de la larga duración de la guerra, que a pesar de tantas. victorias, se está convirtiendo en una verdadera gangrena para Chile, el periódico LA NACIÓN de Valparaíso, en un notable artículo del 7 de Marzo de 1881, encaminado a censurar el Gobierno chileno por no haber sabido llegar a un tratado de paz después de la rendición de Lima, dice: “ Nuestros caudillos se habían encontrado con la victoria sin saber como, y con la facilidad que la fortuna comunica a sus favorecidos, creyeron que después de la victoria Con la cual se habían encontrado por casualidad, debía presentarse también la paz a recibirlos con los brazos abiertos.”
El estado económico de Chile no era floreciente
Los hechos han venido a probar, que sin los grandes recursos que Chile supo procurarse con los ricos depósitos de guano y de salitre del Perú, de los cuales se apoderara a tiempo, difícilmente hubiera podido continuar la guerra hasta sus últimas fases, y mucho menos desplegar todo el lujo de ejércitos, armamentos, trasportes y facilitaciones de todo género, a los cuales debe en gran parte sus victorias. En el discurso leído al Congreso Nacional por el Presidente de Chile, el 1° de Junio de 1881, encontramos: “Se han obtenido valores considerables de la enajenación de los salitres de Tarapacá (del Perú), que el Gobierno hizo elaborar por su cuenta hasta el 2 de Octubre de 1880, procediendo primero por medio de realización en subasta pública, y entregándolos después a la consignación de una casa respetable, que ha correspondido a la confianza que se depositó en ella... La explotación del guano ha podido solo efectuarse en escala limitada, no habiendo excedido hasta hoy día la exportación de 4oooo toneladas.” Con todo esto, obligado desde el principio de la guerra a recurrir al curso forzoso del papel moneda, dicho papel sufrió desde el primer momento un agio, que era todavía del 60 por ciento en el 1° de Junio de 1881; es decir, cuando hacía ya cuatro meses y medio que las tropas chilenas ocupaban la capital del Perú, y que la guerra, siempre próspera para las armas de Chile, podía considerarse como terminada ya, al menos en el artículo gastos; manteniéndose en gran parte el ejército de operaciones con las contribuciones de guerra y las rentas aduaneras del Perú, como se dice en el discurso presidencial antes citado, en el cual se lee: “Con el avance de nuestras armas, se ha ido implantando el régimen aduanero en los territorios ocupados, a fin de que la guerra buscase en si misma su alimento.”
De dicho papel-moneda se encontraban todavía en circulación en 1° de Junio de 1881, como vemos en el mismo discurso del Presidente, mas de veinte y cinco millones de pesos fuertes; sin contar otros 15 o 18 millones mas en bonos del Tesoro, y sin contar tampoco, ni los varios millones puestos en circulación de moneda de plata de escaso valor (1), o alterada, ni las enormes sumas empleadas en la adquisición del armamento, y que gracias a su crédito en Inglaterra no ha satisfecho todavía (1° de Junio 1881) exceptuando tan solo pequeñas cantidades dadas a cuenta.
Para que nuestros lectores puedan formarse una idea exacta del estado económico de Chile, antes y después de la guerra, o sea hasta el 1° de Junio de 1881, en cuya época hacía cuatro o cinco meses ya que había terminado de hecho, recurriremos una vez mas a la voz oficial por excelencia del Presidente de Chile, quien en su mencionado discurso dice así: “Para apreciar con alguna exactitud la situación financiera de la República, considero oportuno manifestar que las entradas ordinarias del Estado han alcanzado en 1880 (es decir en el segundo año de la guerra) a la cantidad de 27,992,584 pesos. Es verdad que figuran en esta suma cerca de 2,500,000 pesos, recurso eventual proporcionado por la redención de censos. También figuran el producto de las ventas de salitres (del Perú) por una suma que excede de 4,ooo,ooo de pesos; pero este recurso comenzó a ser reemplazado desde Octubre por el derecho de exportación, que sin ser indudablemente inferior en sus rendimientos, ofrece la ventaja considerable de la facilidad de su percepción, sin los inconvenientes a que están expuestas las operaciones mercantiles. La sola renta aduanera superó en cerca de 4,ooo,ooo, a la del año de 1879 (del año en que comenzó la guerra) y esta progresión no se ha detenido en el año corriente, siendo digno de notarse que ella es debida a la extensión de los mercados, al aumento de la producción y al consiguiente desarrollo de los consumos.”(Consecuencias todas del buen éxito de la guerra desde su principio).
Deduciendo de estas así llamadas rentas ordinarias del año 1880» el extraordinario producto, no reproducible, de la redención de los censos, y el de los cuatro millones de la venta del salitre del Perú, como además los cuatro millones de aumento en las rentas aduaneras - que fue debido exclusivamente a las aduanas usurpadas a Bolivia, - dichas rentas ordinarias de Chile se reducen escasamente a 17 millones poco mas o menos de pesos fuertes. Para poder comprender y juzgar justamente la conducta de Chile en los acontecimientos que describimos, será bueno no olvidar estos datos estadísticos.
(1) La acuñación de la moneda de baja ley no solo ha satisfecho plenamente las urgentes exigencias del mercado, resistiendo a las violentas alteraciones que ha sufrido el cambio, sino que ha dado también al tesoro nacional una gruesa suma de dinero para solventar los considerables gastos de la guerra”
MEMORIA presentada por el Ministro de Hacienda al Congreso de Chile, en Junio de 1880.
Superioridad de las fuerzas navales de Chile
De consiguiente Chile, firme siempre en su propósito de aprovecharse de las excepcionales condiciones del Perú, que lo hacían por el fomento inferior a él en una lucha, para asegurarse la conquista del rico desierto de Atacama, que no debía ser sino el primer paso para conquistas mayores, como diremos mas adelante; y deseoso de exponerse a correr los menos riesgos posibles, habría evitado gustoso la guerra con el Perú como aliado de Bolivia: pero a condición de que faltando a su alianza con esta última, le hubiese el Perú dejado completa libertad de acción contra ella, declarándose neutral en el conflicto chileno-boliviano; conducta que hubiera sido la ruina del Perú y que más tarde habría asegurado el triunfo de todos los proyectos chilenos de engrandecimiento, tanto para el presente, como para el porvenir, según veremos en el curso de esta historia.
Urgía sin embargo a Chile, para el buen resultado de sus secretos designios, que la declaración de neutralidad del Perú llegase pronto, solícita e inmediatamente, para no darle tiempo de armarse y de salir de las difíciles circunstancias del momento, que hasta cierto punto lo ponían a su merced; en cuyo caso habría perdido todas sus ventajas.
La principal superioridad de Chile sobre el Perú provenía de la indiscutible superioridad de su flota: y esta superioridad que era de una importancia casi decisiva en una guerra, era necesario no perderla; mas aun, era necesario que diese sus frutos antes que el Perú la hiciese desaparecer con un aumento bastante probable de sus fuerzas navales.
En una guerra entre los dos países, sobre inmensos territorios en su mayor parte deshabitados, y cuya vitalidad reside completamente en sus extensas playas del Océano, en tantos centros separados los unos de los otros por grandes arenales de difícil tránsito, privados de vegetación y de agua - los movimientos de los ejércitos, con todas sus dependencias, son de una dificultad y lentitud sin igual; y las operaciones militares no pueden desarrollarse con ventaja, sino aprovechándose de la vía del Océano que baña dichas playas. Así es que, puede decirse con toda seguridad, que el éxito de una guerra depende en razón de un setenta por ciento al menos, de sus flotas. Además de la certidumbre que se adquiere con el simple conocimiento de estas regiones, nuestra aserción anterior fue plenamente probada en la guerra de la independencia americana contra España; la cual, aun poseyendo un ejército mejor y más numeroso que el de sus Colonias, tanto por instrucción, como por armamento y disciplina, no pudo sostenerse, y caminó de derrota en derrota, desde el momento en que fue inferior a aquellas en fuerzas marítimas. Mientras España se veía obligada a mover difícilmente sus ejércitos, con largas y fatigosas marchas, y a fraccionarlos con frecuencia para poder procurarles vituallas con menos dificultad, el ejército siempre compacto de las Colonias, o de la independencia, se aprovechaba de la comodidad y rapidez de movimientos que le ofrecía la vía marítima para separarlos, cogerlos en fracciones y hacerlos trizas.
La preponderancia militar entre las Repúblicas del Pacífico reside en las fuerzas marítimas, y no en los ejércitos. Esto no fue jamás un secreto para Chile, desde su primera aparición en la vida autónoma; y siendo la posesión de esta preponderancia una de sus principales aspiraciones, no dejó nunca de poner en práctica medio alguno para quitársela al Perú, a quien correspondía de derecho por su mayor importancia territorial y económica, primero, privándolo de flota, y luego creándose él mismo una muy superior. Por primera vez lo dejó sin ella con un acto de prepotencia (1), en la época misma de mayor fraternidad en la cual combatían juntos contra España las guerras de su común independencia. Y posteriormente en 1836, mientras Chile se disponía secretamente a llevar el haz de la guerra al Perú, se prevalió ante todo, como acto preparatorio, de la paz existente entre los dos países, para sorprender la flota del futuro enemigo y apoderarse de ella (2). Mas tarde Chile encontró un camino mejor para establecer su preponderancia marítima sobre el Perú, construyendo a costa de sacrificios muy superiores a sus fuerzas, los dos buques blindados Cochrane y Blanco Encalada que posee actualmente. A pesar de esto, no olvidó completamente sus hazañas de 1822 y 1836 como veremos mas adelante.
(1) “Lord Cochrane (almirante de la escuadra chilena) que había recorrido los puertos de Colombia y México para dar caza a los buques españoles, al regresar de una expedición tan penosa, como estéril supo con gran disgusto que se habían entregado al Perú. Reclamándolos como suyos por solo el hecho de haberlos perseguido sin descanso, se apoderó a viva fuerza de la Venganza (uno de los susodichos buques españoles) que todavía estaba en las aguas de Guayaquil.... y llegando al Callao se apodero de la Montezuma, y cambió la bandera peruana por la de Chile.”
S. LORENTE, Historia del Perú, T. i} pág. 66.
(2) La circular diplomática en que Santa-Cruz (jefe de la confederación Perú-boliviana) protesta de sus sentimientos pacíficos es de 20 de Agosto de 1836. Imagínese ahora cual seria la sorpresa de aquel Mandatario, al saber que en la noche del siguiente día, 21 de Agosto, el bergantín Aquiles (buque de guerra chileno) se había apoderado de todos los buques de guerra del Gobierno peruano surtos en la bahía del Callao, D. V. Garrido había llegado a aquel puerto (con el Aquiles) a las 9 de la mañana del 21 de Agosto. . . . y había pasado a visitar al Comandante de marina para cerciorarse del estado indefenso de los buques peruanos, y dar sobre seguro el asalto nocturno que meditaba.... A las 12 de la noche del 21 de Agosto de 1836. .. 80 marineros mandados por el Comandante Angulo (del Aquiles) se lanzaban sobre las solitarias cubiertas de los buques peruanos, y sin ningún género de resistencia los sacaban fuera del tiro de los cañones de los castillos. A las 2 de la mañana, aquel deshonroso atentado que entonces se celebró como una proeza heroica, estaba cometido; y el emisario de Chile se hallaba en el caso de volver ufano con su presa. . . .”
BENJAMÍN VICUÑA MACKENNA (historiador chileno), Don Diego Portales Segunda parte, pág. 77 a 79.
“El Aquiles y el Colocolo, únicos buques de guerra que tenia Chile, se presentaron amistosamente en los puertos del Callao y de Arica, puesto que el Perú y Chile estaban en paz; y sus Comandantes y Oficiales fueron bien recibidos y festejados pero en la noche sorprendieron contemporáneamente, en sus embarcaciones, a los pocos hombres que se hallaban a bordo de los buques peruanos desarmados, y se los llevaron. Se apoderaron de este modo de toda la flota del Perú.”
PRUVONENA, Memorias y documentos para la historia del Perú p. 140.
Chile se aprovecha de la debilidad del Perú, dejando toda practica democrática
La flota del Perú en Marzo de 1879, repetirnos, era muy inferior a la de Chile, aún independientemente del mal estado en que accidentalmente se encontraba. Pero el Gobierno de Lima había encargado ya la adquisición en Europa de dos buques blindados, que pudieran hacer frente a los de Chile; encargo que el Plenipotenciario chileno conocía perfectamente - gracias a la poca costumbre que hay en aquel país de guardar los secretos – y que se había apresurado a comunicar a su Gobierno. El Perú, es cierto, no tenía fondos prontos, ni suficiente crédito para hacer dicha adquisición con la misma facilidad con que la había encargado: pero además de que no hubiera sido difícil el obtenerlos de los afortunados poseedores del guano - a los cuales importaba más que a nadie, que el Perú no experimentase desastre alguno, para que pudiese conservarles la posesión de su rico tesoro - es demasiado sabido que en las cajas exhaustas del rico se encuentra a veces mas que en la gaveta del pobre: además, hubiera bastado que el Perú llamase en su ayuda a sus generosas y nobles damas, como hizo en otras ocasiones, pidiendo a cada una la menos rica de sus joyas, en socorro de la patria en peligro, para encontrar con creces los fondos necesarios (1). Finalmente a esto es necesario añadir, saliendo del terreno de las hipótesis, que el Representante de Chile en Lima participaba a su Gobierno en Nota del 15 de Marzo, que tenia muy buenas razones para creer que el señor Canevaro, encargado por el Gobierno del Perú de adquirir los acorazados, había ya encontrado en Paris los fondos necesarios, probablemente por medio de los contratistas del guano.
Urgía de consiguiente a Chile, para no perder la ocasión largamente esperada y preparada, no dejar al Perú el tiempo necesario para aumentar sus fuerzas marítimas; y arrastrarlo con solicitud sobre los campos de batalla, si no se decidía inmediatamente a firmar su propia ruina con la declaración de su neutralidad. Era necesario obrar diligentemente, sobre todo para obtener que los Gobiernos neutrales de Europa, suponiendo que el Perú hubiese comprado ya tos barcos deseados, no los dejasen salir de sus puertos. La hora de la grande empresa había sonado; y el dilema que se había propuesto Chile no admitía términos medios: e debía batir la alianza Perú-boliviana separadamente y mediante la alianza misma, declarándose neutral el Perú, o debía batirla toda junta sin la menor pérdida de tiempo, entonces mismo, en el solo momento propicio en que aquella se encontraba con fuerzas inferiores a las propias.
Contra este secreto designio de Chile, madurado desde largo tiempo, antes que el Perú asumiese el carácter de mediador y aún antes de la invasión del territorio boliviano, lo que fue consecuencia y no causa, no se elevaba mas que un solo obstáculo: la lentitud de los procedimientos diplomáticos. Pero estos, como se ha visto, no podían ser un obstáculo serio para un país que no se hacía escrúpulo alguno de entrar audazmente en una guerra de conquista, bajo el mas fútil de los pretextos, con la invasión del desierto de Atacama; desierto del cual no quiso salir en modo alguno, ni aun siquiera cuando la mediación peruana le ofrecía hacerle dar satisfacción por Bolivia, sobre todos los pretextos que presentó para apoderarse de él. Para quien se contenta con pretextos estos nunca faltan.
El Gobierno de Chile comprendía perfectamente el grande y positivo interés que tenia el Perú en impedir su conquista de
Atacama; y conociendo las verdaderas condiciones del Perú y todo cuanto sucedía en Lima, sabía desde fines de Febrero, por medio de su Representante en aquella Capital, que (como éste le telegrafiaba el mismo 4 de Marzo, en que el Plenipotenciario peruano llegaba a Valparaíso para ofrecer la mediación de su Gobierno) “el Gobierno peruano tenia miedo a la guerra; pero que, excitado por la opinión pública, hacia preparativos sin decidirse.” Y a fin de que este miedo a la guerra, aumentado por la casi certidumbre e inminencia del peligro, se sobrepusiese a toda otra consideración en el ánimo de los gobernantes del Perú, preparó por debajo de cuerda, o dejó preparar, la amenazadora recepción que el Plenipotenciario peruano tuvo a su llegada en Valparaíso, y que fue seguida del grave atentado contra el Consulado del Perú; hechos, que por si solos hubieran bastado en otras circunstancias para que el Perú se lanzase a la guerra. No contento con esto, hemos visto que el mismo Presidente de Chile dijo al mencionado Plenipotenciario en dos ocasiones, y cuando lo solicitaba mas vivamente para que el Perú declarase su neutralidad, que sus hombres de guerra creían el momento propicio para acometer al Perú, por considerarse en aquel momento mas fuerte Chile; y luego: que acababa de tomar algunas medidas relativas a la guerra con el Perú, guerra de la cuál no se había proferido una sola palabra, y sobre la cual, dado el estado de cosas, y el amistoso carácter de mediador que había tomado y ejercía con completa buena fe el Perú, no hubiera debido existir ni la mas ligera sospecha.
(1) Cuando mas tarde, en Octubre de 1879, el Gobierno del Perú y la prensa, se dirigieron a las señoras peruanas para obtener los fondos necesarios para la compra de un barco blindado, que gracias a l a incapacidad de los hombres del Gobierno, no fue comprado jamás, sus donaciones llegaron en menos de 15 días a la suma de seis millones de francos próximamente.
¿Por qué insistía Chile en la neutralidad de Perú?
Como hemos dicho, todo esto no tenía mas que un solo objeto: el de ejercitar una presión, con el miedo de una guerra próxima y cierta en la cual el Perú hubiera sucumbido, en el ánimo del Plenipotenciario peruano, y por medio de este en los Gobernantes del Perú, para decidirlos a hacer diligentemente la declaración de neutralidad que se les había pedido. Y para hacerles todavía mas fácil la marcha sobre la vía de la neutralidad, al temor del peligro añadía todavía el Gobierno chileno, la lisonja de mostrarse animado de las mejores intenciones hacia Bolivia, y principalmente hacia el mismo Perú, una vez que este se hubiese declarado neutral. A tal objeto tendían: primero, los proyectos de amistosa conciliación con Bolivia, valiéndose de la mediación del Perú, presentados por Santa María, por el Presidente y por el Ministro de Relaciones Exteriores; proyectos que luego fueron retirados bruscamente, para en seguida volverse a hablar de ellos nuevamente como cosa, no solamente factible, sino cierta, después que el Perú se hubiese declarado neutral, en la calma y tranquilidad de los ánimos: segundo, las explícitas ofertas que el Presidente de Chile hacía espontáneamente al Plenipotenciario peruano de socorrer al Perú con los ejércitos chilenos en el caso que a consecuencia de su declaración de neutralidad, o por otro motivo cualquiera, debiese un día encontrarse en guerra con Bolivia.
Por último, como complemento de todo lo que dejamos dicho, y de la doble presión del temor y de la lisonja, recordaran también nuestros lectores la perspectiva de una traición por parte de Bolivia, que el Presidente chileno hizo brillar un instante a los ojos del Plenipotenciario peruano; es decir, la posibilidad de que Bolivia se pusiese de acuerdo con Chile para marchar juntos contra el Perú.
Todo esto, repetimos, no tenia mas objeto que el de estrechar al Perú por todas partes, con el fin de arrancarle una declaración de neutralidad en el conflicto chileno-boliviano; declaración que debía necesariamente serle fatal y ruinosa. Para poder comprender toda la gravedad que hubiera tenido para al Perú, la declaración incondicional de neutralidad que solicitaba Chile, es necesario conocer ante todo ciertos precedentes indispensables, que procuraremos exponer con la mayor brevedad posible.
Dificultad de la vida en Chile
Durante el régimen colonial, la Capitanía General de Chile fue la Colonia más pobre que España poseyera en América: la única que, no solamente no le produjera beneficio alguno, sino que, ni aun a si misma bastándose, se hallaba obligada a socorrer; razón por la cual le hacía enviar todos los años por el Virrey del Perú trescientos mil pesos fuertes, que ordinariamente se le trasmitían en tabaco. Así mismo, después de la independencia, la República de Chile fue la mas pobre entre sus hermanas del Pacifico (1); y por cierto, no fue un mal para ella.
En la vida de los pueblos, como en la del hombre, hay épocas en que la pobreza es un bien. Cuando no han llegado aun a un grado de civilización suficiente para que las riquezas los lleven a ennoblecer las facultades del alma, abriendo nuevos y mas vastos horizontes a su actividad, aquellas sirven por el contrario para debilitarlas y envilecerlas siempre mas y mas en el pútrido pantano del ocio, en que solo germinan vicios.
Su pobreza obligó a los chilenos a buscar en un trabajo asiduo y penoso, por la poca fertilidad del suelo, los medios necesarios para su subsistencia cotidiana. Y como a todo aquel que se halla obligado a trabajar sin descanso para poder vivir, faltan tiempo y medios para dedicarse al triste juego de las revoluciones, principalmente si los únicos que pueden ofrecer los elementos de trabajo, y por consiguiente, de vida, son aquellos mismos en cuyas manos se halla concentrado el poder, como sucedió en Chile desde un principio, - los chilenos tuvieron necesariamente que acostumbrarse muy pronto a una vida trabajadora y arreglada.
(1) En los primeros años de la vida política de Chile, el presupuesto del Estado no pasaba de 600,000 pesos o sea tres millones de francos.
Gobierno oligárquico de Chile: sus tendencias de conquista
Como hemos indicado, el poder público en Chile se halla concentrado en pocas manos. Este es un hecho que nadie se atrevería a negar. Las pocas familias de origen español, que durante el régimen colonial se establecieron definitivamente en Chile, se apoderaron con tiempo de la única riqueza que entonces ofrecía el país: las tierras. Habiéndose encontrado por esto, cuando fue proclamada la República, las solas poseedoras del suelo, del cual era necesario procurarse los medios de subsistencia; y además de esto, siendo las solas que gozasen de una relativa civilización, el resto de la población hallándose envuelto en una semi-barbarie que en su mayor parte dura todavía, no les fue difícil organizar entre ellas, bajo el nombre de República, una especie de oligarquía disfrazada, que por las mismas -causas, ayudadas eficazmente por un sistema de Gobierno fuerte y en extremo rígido, han podido conservar hasta el día.(1).
Libres de la abrumadora pesadilla de las revoluciones intestinas, los Gobiernos de Chile procuraron asiduamente mejorar las condiciones de su país. Y descubriendo los Estados vecinos, continuamente envueltos en desórdenes interiores, sobre ellos principalmente basaron sus aspiraciones; sabiendo perfectamente que como sucede generalmente en todos aquellos países que se hallan destrozados por las pandillas políticas, sus Gobiernos debían ser necesariamente poco celosos de los verdaderos intereses nacionales, y sumamente débiles en el extranjero.
(1) Hasta la época de su independencia, Chile no poseyó mas que un escaso número de Escuelas elementales, un modesto Seminario, y un colegio aún más modesto en los claustros de un monasterio, con una pequeña Universidad muy pobre de profesoras, para uso exclusivo de los hijos y descendientes de los colonos españoles ; y solamente desde mediados del siglo XVIII . La primera imprenta que conoció Chile, fue desembarcada en el puerto de Valparaíso el año 1812. El Perú y México, por el contrario, poseyeron imprenta desde el siglo XVI.
Chile acoge a los emigrados y alimenta rivalidades entre naciones
Su primera aspiración fue la preponderancia en el Pacífico, para asegurar al comercio nacional, con más o menos daño de sus vecinos, las mayores ventajas posibles; y la primera manifestación positiva de esta aspiración tuvo lugar en el año 1837, con motivo de la Confederación Perú-boliviana, formada por el general Santa Cruz. Tomando como pretexto el que algunos prófugos peruanos invocaban en Santiago la ayuda de Chile, para restablecer la forma de Gobierno nacional que creían comprometida por él despotismo de Santa Cruz, el Gobierno chileno invadió dos veces el territorio del Perú: primero con un pequeño ejército que volvió atrás inmediatamente, después de haber estipulado con el Gobierno federal un tratado de paz que él desaprobó; y luego con un ejército mas numeroso, compuesto en parte de prófugos y malcontentos peruanos. Cuando este ejército desembarcaba en las inmediaciones de Lima, se encontró con que la Confederación había sido disuelta por el Presidente del Perú, el cual en su consecuencia lo invitaba a retirarse, por haber cesado el objeto de su expedición, por lo menos aquel bajo cuyo pretexto había salido de Chile. Sin embargo, en vez de retirarse, comenzó por derrotar al pequeño ejército de este último, que habiendo incorporado luego en sus filas le ayudó a derrotar igualmente al antiguo ejército de la Confederación, todavía en pie, o sea el de Santa Cruz, y colocar en la presidencia del Perú al General Gamarra, jefe de los prófugos y malcontentos peruanos que habían invocado la ayuda de Chile.
Los verdaderos móviles de Chile en esta guerra eran dos: destruir en sus gérmenes la Confederación Perú-boliviana, contra la cual no hubiera podido luchar una vez que se hubiese consolidado, y exigir al Perú la abolición de dos leyes que perjudicaban enormemente al comercio chileno; una, que declaraba Arica puerto franco, y la otra que imponía a los barcos mercantes de procedencia europea una doble tarifa, que, muy módica para los barcos que llegasen a los puertos peruanos sin hacer escala en los chilenos, era por el contrario gravosa en el caso adverso: y solamente después de haber conseguido ambas cosas, el ejército chileno volvió a los patrios lares.
Desde entonces Chile no dejó un solo momento de tomar una parte activa, aunque indirecta, en los asuntos interiores del Perú y Bolivia, fomentando con todas sus fuerzas la rivalidad que existía entre los dos países, como única consecuencia de la extinguida Confederación, y las interiores discordias de los partidos, con las consiguientes guerras intestinas de entre ambos. Después de Gamarra, fue siempre en Chile, donde eran amistosamente acogidos y secundados en sus miras, que se refugiaron constantemente todos los malcontentos y revoltosos, tanto del Perú como de Bolivia. Para no hablar sino de los casos más notables, fue precisamente en Chile, donde luego recibió el grado de general chileno, que se refugió el año 1868 el entonces coronel peruano M. Y. Prado, que una revolución echaba de la Presidencia del Perú, a la cual había llegado él mismo por medio de una dictadura ganada, dos años atrás, en los campos revolucionarios. Fue en Chile donde se organizó, con la connivencia y protección del Gobierno chileno, y de donde salió el año 1872 la expedición del General Quevedo, que debía llevar y llevó por la centésima vez la triste antorcha de la revolución a la República de Bolivia. Fue en Chile donde se refugió desde el 1872 al 1879 el incansable revolucionario peruano D. Nicolás de Piérola; en Chile, repetimos, donde con el beneplácito de las autoridades locales y a su vista, organizó las innumerables revoluciones con los cuales afligió y destrozó el Perú durante aquellos siete años, y que fueron una de las causas principales del estado de desorganización e impotencia en que se encontrara el Perú al aparecer el conflicto chileno-boliviano; estado del cual se aprovecho Chile, para envolverlo solícitamente en la guerra.
El intento de Chile de enemistar a Perú y Bolivia: Razones
Mientras fomentaba las discordias interiores que debían debilitar cada día más Bolivia y el Perú, Chile alimentaba también continuamente las rivalidades existentes entre los dos países, que ambos heredaran de su efímera Confederación; y esto, para poderlos derrotar cómodamente, ya separados, ya con la ayuda ora del uno, ora del otro, y llegar de este modo al logro de todas sus aspiraciones, que habían ido siempre creciendo, y que no fueron jamás un misterio para quien quiso conocerlas.
Ensoberbecido por el primer éxito de la campaña iniciada el año 1837, Chile no se contentaba ya con las simples ventajas comerciales obtenidas entonces. Comenzó la fiebre de conquista, con el doble objeto de aumentar las escasas rentas del Estado, y de dar una salida y un trabajo más productivo a su población que se consumía sin fruto sobre sus pobres tierras, y dedicó a ella exclusivamente toda su atención. Después de los hechos ya referidos de 1842, le vino el deseo de apoderarse del rico desierto boliviano de Atacama. Más tarde, después del descubrimiento del carbón fósil bajo las nieves de la costa patagónica, sobre el estrecho de Magallanes, fue asaltado por un segundo deseo no menos ardiente y tenaz: el de arrancar de las manos de la República Argentina el inmenso territorio de la Patagonia, que aquella había tenido siempre puesto en olvido. Y finalmente, más tarde todavía, puestos los ojos en los ricos depósitos de salitre del desierto peruano de Tarapacá, confinante con el de Atacama, no pudo resistir a un tercer deseo: el de ponerlo bajo la bandera chilena; a falta de otra razón, para librarlo del perpetuo desgobierno del Perú y así como pretendía apropiarse el de Atacama para sustraerlo en beneficio del comercio chileno y extranjero, a la perpetua anarquía de Bolivia (1).
La República de Bolivia, lo hemos dicho ya varias veces, es un inmenso territorio colocado detrás de la gran cordillera de los Andes, en la parte central del continente, sin más salida al mar que la desgraciadamente mezquina e inservible del desierto de Atacama; siendo así que para las necesidades de las dos terceras partes, por lo menos, de su comercio, se halla obligada a recurrir al puerto peruano de Arica; lo que, hasta cierto punto, la coloca en un estado de servidumbre perpetua respecto del Perú; al cual le bastaría negar el paso por su territorio a las mercancías bolivianas, para que éstas se quedaran secuestradas en su propio país. Esta es el arma de la cual se ha servido Chile, desde el 1842, para convertir a Bolivia en enemiga acérrima del Perú.
Bolivia, decían los hombres políticos de Chile a los de aquella Nación, y principalmente a los revolucionarios que acogían y favorecían en su país, no tiene necesidad del inútil y estéril desierto de Atacama, sino de la provincia peruana de Tacna con su magnífico puerto de Arica; esto es innegable: que Bolivia ceda, de consiguiente, su inútil desierto de Atacama a Chile, y procure adquirir con el apoyo y alianza de este último, la provincia peruana de Tacna con su puerto de Arica; esta es la sola, la verdadera rectificación de confines que la justicia y los intereses de Bolivia reclaman. Quizás sería difícil encontrar un solo hombre político de Bolivia, que una vez por lo menos no se haya oído susurrar a los oídos semejante proyecto por los de Chile; proyecto al cual se refería precisamente el Presidente de Chile, con una simple trasposición de los verbos PODER y QUERER, cuando decía al Plenipotenciario peruano, como hemos visto, que PODÍA Chile firmar la paz con Bolivia con detrimento del Perú, si hubiese QUERIDO.
Sin embargo en este proyecto no se manifestaba mas que una parte solamente de las verdaderas intenciones de Chile; la otra, quizás la más importante, se quedaba escondida entre los pliegues, para salir a luz cuando Chile y Bolivia se encontraran con las armas en la mano contra el Perú. Entre el desierto de Atacama, que Chile decía abiertamente que quería hacerlo suyo, y la provincia peruana de Tacna que pretendía dar a Bolivia, se encuentra el apetitoso desierto peruano de Tarapacá, que tantos millones ha dado y daría con su salitre. Puesto que se trataba de rectificar los confines, no era del caso dejar al Perú una porción de territorio que hubiera quedado al otro lado de sus fronteras con Bolivia; y puesto que ésta no tenia necesidad para ponerse en comunicación con el Océano, mas que de la provincia de Tacna con su puerto de Arica, venia como consecuencia lógica, que el desierto de Tarapacá, lo mismo que el de Atacama poblado de chilenos, tocaba de derecho a Chile, sino por la razón, por la fuerza, como dice la divisa de las armas de la República, que se lee en sus monedas: “ POR LA RAZÓN O LA FUERZA.”
El Periódico más autorizado de Chile, El Ferrocarril, que se publica en Santiago, escribía en sus artículos editoriales en Setiembre de 1872: “No hay antagonismo entre los intereses de Chile y Bolivia, ni hay entre Chile y Bolivia cuestiones provechosas de frontera. Esas cuestiones, solo existen entre el Perú y Bolivia. Es Bolivia quien puede ganar adquiriendo una parte del litoral peruano. Chile no necesita del litoral de nadie. He aquí la verdad. Por eso, si Bolivia ambiciona rectificar sus fronteras, debe ser nuestro aliado y no nuestro enemigo, en lugar de hacerse el aliado del Perú y el enemigo de Chile, que nada gana ni nada pierde con que Bolivia tenga buenos o malos puertos, esté cerca o lejos del mar, para hacer sus exportaciones.”
Este es el bosquejo de la política chilena. Ahora veremos el retrato.
En el mismo año de 1872, y en el mismo mes de Setiembre, un insigne escritor boliviano, Julio Méndez escribía en el periódico La Patria de Lima una serie de doctos artículos sobre los intereses generales de la América meridional, y sobre las tendencias de sus diversos Estados. De uno de ellos tomamos las palabras siguientes; « Chile ha comprendido que, cuando pasa el rio Paposo obra contra la estabilidad de Bolivia y la del Perú. La Legación que negoció ese Tratado de límites (el de 1866) con Melgarejo, dejó en el ánimo del Dictador boliviano el incesante conato de romper con el Perú. Melgarejo terminaba los accesos de la embriaguez (muy frecuentes), lanzando su bamboleante persona en campaña contra el Perú, en busca de aquella rectificación de fronteras que Chile aconseja a Bolivia, después de tomarle su territorio y sus tesoros. La erección de las dictaduras de Bolivia y el Perú, a cuya sombra medró en 1866, le han enseñado a homologar la guerra civil en ambos Estados, La cruzadas partirán en adelante de Chile, sobre ambos focos; y el motor que deba cambiar la escena en Bolivia, no entrará antes de cambiar la que le sea adversa en el Perú…. La escuela internacional que se ha levantado en Chile pretende que Bolivia, después de cederles los cinco grados de la costa de Atacama, se haga su aliada a fin de desmembrar las costas del Perú, y venga a ser Chile el único gigante del Pacífico. »
Como se ve, las antiguas aspiraciones de Chile, más ó menos realizadas con la victoria de sus conquistadoras armas, no eran un secreto para nadie desde el 1872; porque se discutían públicamente por los chilenos y por los bolivianos, en Chile y en el Perú, como la cosa más sencilla del mundo.
(1)Pensamiento manifestado por el Presidente de Chile el 19 de Marzo de 1879, al Plenipotenciario del Perú, como se lee en la correspondencia de este ultimo del 20 de Marzo de 1879.
Renace en Chile las antiguas aspiraciones de conquista
En aquel mismo año de 1872, que al parecer fue la época en la cual las antiguas aspiraciones de Chile, revistiendo las formas más simples y determinadas, se hicieron aun más ardientes y mas activas, los hombres de Gobierno de Chile se esforzaron mas que nunca en todos los sentidos, para hacer aceptar sus proyectos por los hombres políticos de Bolivia de todos los partidos; es decir, tanto de la fracción dominante que tenía en sus manos las riendas del Estado, como de la adversaria, cuyos jefes, como de costumbre, estaban organizando en Chile una de las tantas revoluciones que ensangrentaron el suelo de Bolivia: - la misma precisamente capitaneada por el General Que vedo de que nos hemos ocupado ya.
No pudiendo saber anticipadamente quien sería el victorioso en la lucha que estaba para empeñar en Bolivia la revolución que con la ayuda de Chile preparaba en Valparaíso el General Quevedo, los políticos chilenos creyeron oportuno atraer separadamente a sus ideas, al Representante oficial del Gobierno boliviano y al Jefe de la revolución. Todo esto se hacía, tanto para salir ganando siempre, si era posible, sea con el Gobierno sea con la revolución; cuanto para poder determinar la medida de las simpatías que era necesario acordar a cada uno de los dos. Este hecho es tan grave, como medida de moralidad política, que nosotros, en modo alguno partidarios del sistema de la doblez, no nos hubiéramos creído autorizados a mencionarlo en estas páginas, si además de las afirmaciones recogidas sobre el terreno de individuos tan estimables como bien informados, no tuviésemos entre la manos las pruebas escritas en documentos oficiales, que nuestros lectores encontraran como comprobante al fin de este párrafo.
Los hombres políticos de Bolivia, de todos los partidos, los mismos que invocaban la ayuda de Chile para organizar sus guerras intestinas, no se prestaron jamás a dividir y secundar los secretos manejos chilenos. Fieles a los pactos internacionales, en medio de todas sus discordias interiores, procuraron siempre conservar su propiedad sin desear la del prójimo. Esto sin embargo no sirvió en modo alguno de ejemplo a los políticos chilenos, ni pudo jamás hacerles desistir de su insidiosa propaganda contra el Perú: ellos que para colocar su propio país por encima de sus vecinos en la estima del mundo, hacen continuo y estrepitoso alarde de su paz interior, como antítesis de las guerras civiles que son la ruina de los otros - paz interior que, como hemos visto, no es un mérito propio, sino el resultado de una situación poco envidiable-no dejaron jamás de procurar corromper la moralidad internacional de la tan vilipendiada Bolivia; y las antiguas sugestiones encaminadas a armar a ésta contra el Perú, hicieron todavía oír su insidiosa voz cuando se escuchaba ya el rauco estampido del cañón de la conquista.
El proyecto de una alianza chileno-boliviana, que debía producir a Bolivia, no solamente la provincia de Tacna, sino todo el departamento peruano de Moquegua, con los puertos de Arica e Yslay, era casi oficialmente propuesto al Presidente de Bolivia, general Hilarión Daza, por el ex Cónsul de Chile en Bolivia, en cartas confidenciales de los días 8 y 11 de Abril de 1879.
Dichas cartas, que nuestros lectores encontraran como comprobante al fin del párrafo, entraron inmediatamente bajo el dominio público; y el Presidente de Bolivia, para alejar todas las sospechas que pudieran surgir sobre su lealtad, hacía pasar una copia de ellas al Gobierno del Perú, por medio de la Legación boliviana. Y aquí hay que advertir: primero, que el ex- Cónsul chileno Justiniano Sotomayor, autor de esta cartas, es pariente cercano de Otros dos Sotomayor que figuraban, uno principalmente, entre los directores de la política de Chile; segundo, que en tales epístolas (como hacía observar el Plenipotenciario boliviano al remitir copia de ellas al Gabinete de Lima), a la par que se ofrecía a Bolivia una parte del territorio peruano, se dejaba fuera, y casi implícitamente, para Chile, como dijimos mas arriba el rico desierto peruano de Tarapacá, situado entre el ofrecido departamento de Moquegua y el desierto boliviano de Atacama que Chile hada suyo; tercero, que dicha propuesta, reproducida en Abril de 1879, cuando el Perú había sido ya arrastrado a la guerra por la sola razón o pretexto de ser aliado de Bolivia, encerraba para esta última, en el caso que bajo la fascinación de la fuerte recompensa que se le prometía, la hubiese aceptado, no ya una combinación política de mas o menos mala fe, sino la mas inicua quizás de las traiciones que registra la historia universal.
No se asusten de esto los lectores, porque de semejantes manejos oiremos todavía hablar mas tarde, sobre los campos mismos de batalla, cuando una culpable retirada del Presidente de Bolivia, General Daza, con el ejercito que tenia a sus órdenes, abandonaba fácilmente a Chile la victoria en la primera batalla de Dolores, o de San Francisco, que decidió del éxito de la guerra.
Las palabras varias veces citadas, que el Presidente de Chile lanzaba a quema ropa en su cara al Plenipotenciario peruano, de que habría podido hacer la paz con Bolivia con detrimento del Perú, si hubiese querido, no eran de consiguiente, mas que la fiel expresión del principal objetivo de la política chilena; debiéndose suprimir únicamente el si hubiese querido, puesto que no fue el QUERER lo que le hizo falta nunca, sino el PODER, por no haber consentido Bolivia.
Consecuencias que hubieran resultado de la neutralidad del Perú
Volviendo ahora a la declaración de neutralidad del Perú, que con tanta insistencia solicitaba el Gabinete de Santiago, no es difícil comprender cuan engañosa era semejante propuesta, por las gravísimas consecuencias que hubiera tenido para el Perú.
No debiendo luchar mas que con Bolivia solamente, la victoria para Chile hubiera sido no tan solo segura, sino a poco precio, a costa de nulos o insignificantes sacrificios, así de hombres como de dinero. Pero no era esta la única ventaja que Chile pensaba sacar de la neutralidad del Perú, ni tampoco la mas importante. La ventaja principal y verdadera consistía en el odio y deseo de venganza, que hubiera engendrado en todo boliviano contra el Perú, la neutralidad de este último, que ya de antemano se hallaba unido a Bolivia por un tratado de alianza defensiva.
Abandonada por el Perú, a pesar del antiguo pacto de alianza, en la desigual lucha provocada por Chile, Bolivia hubiera indudablemente aceptado los insistentes proyectos de éste (que ofrecidos en la punta del acero vencedor se habrían presentado como una necesidad y como un medio de salvación) de hacer causa común contra el Perú; y ciertamente no le hubiera faltado razón, tanto por vengarse de la ofensa, o por mejor decir de la traición de que habría sido victima, cuanto para reparar con creces, a costa del traidor, el daño que por su culpa hubiese sufrido en su guerra con Chile, en la cual había sido deslealmente abandonada.
Relativamente nula en una guerra contra Chile, aliada con este último, Bolivia hubiera sido de gran importancia en una guerra contra el Perú, pudiendo con la mayor facilidad invadir las provincias limítrofes de Tacna, Puno y Moquegua, mientras Chile operaría por mar sobre los mismo puntos y sobre otros de la República; la cual, obligada a dividir sus fuerzas y a luchar contra enemigos muy superiores numéricamente, habría debido indudablemente sucumbir.
He aquí palmariamente explicada la conducta de Chile; tanto su gran solicitud para arrancar al Perú una declaración de neutralidad en su conflicto con Bolivia, como la precipitación con la cual lo envolvió en dicho conflicto, cuando se apercibió que no le era posible obtener semejante declaración con la prontitud que deseaba, y que quizás no la, hubiera obtenido jamás, sin abandonar antes sus ideas de conquista sobre el desierto de Atacama.
La guerra contra Bolivia era en realidad dirigida contra el Perú
La guerra emprendida por Chile el 14 de Febrero de 1870 invadiendo el territorio boliviano, era contra el Perú y no contra Bolivia. Este es y era desde entonces un hecho generalmente, reconocido en Chile y fuera de Chile. No habiendo conseguido durante largos años decidir Bolivia a unirse a él contra el Perú, intentó obligarla a este paso con la fuerza, o servirse de ella como pretexto para arrastrar al Perú sobre los campos de batalla, en la oportuna, y tal vez única ocasión en que este se encontraba sumamente débil. El dilema puesto por Chile era de los más rigurosos; y no podía dejar de dar sus resultados. Abierta la guerra contra Bolivia en un momento tan difícil para el Perú, una de dos: o éste, vista su propia impotencia, se abstenía de correr en socorro de su aliada, lo cual hubiera dado más tarde como resultado evidente una guerra contra Chile y Bolivia juntos; o por el contrario, se negaba a declarar su propia neutralidad, y Chile lo hubiera derrotado como aliado de Bolivia, en el solo momento favorable en el cual podía esperar conseguirlo con la casi seguridad del triunfo.
A fin de que semejante dilema diese todo los resultados apetecidos, era necesario no dejar al Perú el tiempo suficiente para mejorar sus anormales condiciones, y sobre todo de aumentar en lo mas mínimo su flota; y ya hemos visto como sin ni siquiera esperar que el Perú declararse si quería permanecer neutral o no, fue suficiente que no lo hiciera inmediatamente, como Chile exigía, para que éste con una precipitación sin ejemplo, y agarrándose a los mas fútiles pretextos, le declarase la guerra.
Que la guerra emprendida en perjuicio de Bolivia fue principalmente dirigida contra el Perú, como hemos dicho, lo prueba también el hecho de que el 9 de Marzo 1879 (reinando todavía la mas perfecta paz entre Chile y el Perú, antes de comenzar las negociaciones para la mediación ofrecida por este último, y cuando aun no había pedido Chile la declaración de neutralidad) el Plenipotenciario chileno en Lima telegrafiaba ya a su Gobierno, que sorprendiese y se apoderara de una parte de la flota, peruana con la división de soldados que trasportaba a Iquique. Esto se desprende claramente de una Nota oficial que con fecha de 12 de Marzo escribía el citado Plenipotenciario de Chile, J. Godoy, al Ministro de Relaciones Exteriores en Santiago. En dicha Nota se dice: “…..En mi telegrama del 9 no pude menos de manifestar a V.S. el concepto de que nos interesa sobremanera precipitar la solución, obligando al Perú a que se pronuncie antes que él mismo considere llegado el momento de pronunciarse, esto es, antes de que complete la organización de sus elementos bélicos. Llevé mi idea en el telegrama del 9 hasta creer conveniente la captura del transporte, “Limeña” con las tropas y armamento que a su bordo iban encaminados a Iquique; porque preveo que guarneciéndose aquel puerto con un ejército que puede hacerse llegar a 4ooo hombres, más tarde su ocupación nos impondrá grandes sacrificios”
Evidentemente, el Plenipotenciario chileno no se habría en modo alguno permitido escribir y telegrafiar tales cosas a su Gobierno, cuando no había aparecida aun la mas ligera nube que amenazase romper la paz entre Chile y el Perú, si se exceptúan las espontáneas injurias hechas en Valparaíso al Plenipotenciario y Consulado del Perú, sino hubiese plena y oficialmente conocido que las intenciones de su Gobierno eran de romper a toda costa con el Perú. La conducta del Plenipotenciario chileno no podría explicarse, sin un acuerdo precedente con su Gobierno, lo que prueba evidentemente de cuanto tiempo atrás venían los designios desarrollados luego en tan breve tiempo contra el Perú.
Las palabras arriba citadas prueban también cuan antiguo y determinado fuese en la política de Chile el proyecto de apoderarse de Iquique, o sea del desierto peruano de Tarapacá; y prueban al mismo tiempo, como no hubieran completamente olvidado en Chile el sistema con el cual se apoderaron de la flota peruana el año1836, puesto que el Plenipotenciario Godoy pedía la repetición de tan escandaloso hecho.
Documentos I
Para mejor inteligencia de cuantío se ha dicho, será conveniente no omitir la lectura de los siguientes; importantísimos documentos:
“Legación de Bolivia en el Perú - Al señor Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Lima, Abril de 1879.
“….Refiriéndome a las conferencias que hemos tenido sobre los pasos e insinuaciones del Gobierno de Chile, para que Bolivia arrebate al Perú la provincia litoral de Tarapacá y el departamento de Moquegua, anexándose Chile el litoral de Bolivia….
V E, se servirá encontrar adjuntas dos cartas de los señores Dr. D. Mariano Donato Muñoz y Coronel D. Juan L. Muñoz personas caracterizadas y actores principales en los sucesos que han dado lugar a una de las innumerables manifestaciones de aquellos propósitos entre esos innumerables casos, y prescindiendo de los que me son relativos con motivo de mi continuo contacto con los hombres de Chile…. me limito a recordar la serie de idénticas insinuaciones hechas al ilustre hombre de estado señor Bustillo, Ministro Plenipotenciario de Bolivia, por los directores oficiales y privados de la política de Chile el año de 1872.
Z. FLORES
(Ministro Plenip. De Bolivia)
“Señor Dr. D Zoilo Flores, Ministro Plenipotenciario de Bolivia-Lima, Abril 20 de 1879.
“Acabo de recibir su respetable comunicación de hoy, en la cual me pide datos sobre la expedición organizada en Valparaíso por el señor General D. Quintín Quevedo, para ocupar el litoral boliviano por Agosto de 1871. Como fui uno de los jefes de aquella expedición y concurrí a organizarla, conozco los antecedentes y otros; pormenores, de que puedo darle conocimiento sin que por ello crea faltar a mis deberes, puesto que aquellos han sido casi de pública notoriedad en Valparaíso”.
“Obligado el general Quevedo a alejarse del Perú a principios del 72, marchó a Chile y se situó en Valparaíso. Habiendo resuelto organizar la expedición militar, a que Ud. se refiere, invitó a los emigrados en Tacna y otros puntos del Perú, para dirigirnos a aquel puerto, siempre que estuviésemos resueltos a tomar parte en la campaña que él se proponía emprender sobre el litoral boliviano, que debía servirle de base para sus operaciones militares en el interior, con el fin de derrocar la dominación de Morales (Presidente de Bolivia). A medida que llegaban los emigrados, fui encargado, en mi calidad de Coronel de ejército, de la organización de la fuerza expedicionaria. - Reunido el número competente para el efecto insinuado, negociado el armamento y las municiones precisas, llegó la oportunidad de embarcarnos en el buque a vela María Luisa, comprado exprofeso para la expedición. En estas circunstancias fue llamado el general Quevedo a Santiago, con mucha urgencia, por D. Nicomedes Ossa, amigo suyo que le servía de intermediario con el Presidente de Chile, D. Federico Errázuriz. Dejándome instrucciones para tener la gente las municiones listas para el embarque, marchó en tren expreso a Santiago y regresó al siguiente día, abatido y desesperado por la grave contrariedad que había sufrido en la capital, y resuelto a suspender la expedición…. Supe que todo procedía de su caballerosidad y patriotismo muy ascendrado, pues habiéndole propuesto el Presidente Errázuriz, como condición- de su apoyo y disimulo en sus operaciones, la cesión de una parte del litoral reconocido como integrante de Bolivia, ofreciéndole en cambio ayudarlo con todo el poder de Chile en la adquisición del litoral de Arica e Iquique (pertenecientes al Perú), había rechazado sin vacilación tan torpe propuesta, renunciando a toda consideración privada de parte de ese Gobierno, y aun a su plan mismo expedicionario, antes que consentir en la infamia que se le proponía. - Horas después de este conflicto, llegó de Santiago el señor Ossa y tuvieron una larga conferencia…. Supe por el General, que el señor Errázuriz había retirado definitivamente su proposición, y que en prueba de ello le envió con el señor Ossa una comunicación abierta para el señor Intendente de Valparaíso, D. Francisco Echaurren, en la cual le ordenaba que prestara al general Quevedo el apoyo más decidido para que pudiese realizar su expedición, embarcando su gente y sus armas. Así se hizo en efecto, y pudimos realizar el embarque de armas y una parte de la gente en la María Luisa….”
JUAN L. MUÑOZ
“Señor Dr. D. Zoilo Flores, Ministro Plenipotenciario de Bolivia - Lima, Abril 21 de 1879.”
“……Por Marzo del 66 fue reconocido en La Paz el señor D. Aniceto Vergara Albano, en su carácter de Ministro Plenipotenciario de Chile en Bolivia, con el objeto de negociar la alianza ofrecida (contra España) y de reanudar las conferencias pendientes sobre límites entre ambos países.
Llenado el primer objeto, el Plenipotenciario Vergara Albano y yo, en mi carácter de Secretario General de Estado y Ministro de Relaciones Exteriores, procedimos a reabrir dichas conferencias.... Fue durante esas conferencias que tuve ocasión de escuchar al Representante de Chile la proposición a que se refiere la carta que contesto; esto es: “que Bolivia consintiera en desprenderse de todo derecho a la zona disputada desde el paralelo 25 hasta el Loa, o cuando menos hasta Mejillones inclusive, bajo la formal promesa de que Chile apoyaría a Bolivia del modo más eficaz para la ocupación armada del litoral peruano hasta el Morro de Sama, en compensación del que cedería a Chile, en razón de que la única salida natural que Bolivia tenia al Pacifico, era el puerto de Arica. * - Dicha proposición me fue hecha reiteradas ocasiones por el señor Vergara Albano, puedo decir desde la primera hasta la última conferencia, sin haber omitido hacerla directamente al general Melgarejo, cuyo ánimo belicoso trató de halagar con la idea de una campaña gloriosa que no habían podido realizar sus predecesores. Con tenaz perseverancia apoyaba a Vergara Albano, su secretario D. Carlos Walker Martínez, que supo captarse la simpatías íntimas de Melgarejo, a quien le arrancó el despacho de Sargento mayor de ejército, para servirle de Edecán en la campaña sobre el Perú, a que ambos le inducían. Debe existir la toma de razón de este despacho en el escalafón del ejército de aquella época.
“No bastó el rechazo leal y franco que Vergara Albano escuchó de parte de Melgarejo y de la mía, para que el Gobierno chileno hubiera podido desistir de sus tendencias absorbentes y de sus propósitos esencialmente usurpadores; pues hallándome en misión especial en Santiago, en los días anteriores a la conclusión definitiva del Tratado de limites, suscrito allí en 10 de Agosto del 66 por los Plenipotenciarios D. Álvaro Covarrubias por parte de Chile y D. Juan Ramón Muñoz Cabrera por la de Bolivia; el señor Covarrubias insistió con empeño en la demarcación y cambio de litorales que me propuso Vergara Albano; y no fue tan solo Covarrubias, entonces Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, sino también otras muchas personas notables de aquella capital, que nos sugerían la misma idea, a Muñoz Cabrera y a mi, bajo razonamientos distintos, pero todos en el sentido de persuadirnos de que Chile abogaba en favor de Bolivia, y se proponía únicamente el equilibrio de los Estados del Pacífico, y la rectificación más natural en los límites de los tres países. Viven aun Vergara Albano, Covarrubias y Walker Martínez, así como otros muchos a quienes me refiero: que me desmientan si rehúsan prestar homenaje a la verdad de mi aserto...”
MARIANO D. MUÑOZ.
Documentos II
“Legación de Bolivia en el Perú - Ex Señor Ministro de Relaciones Exteriores del Perú - Lima, 8 de Mayo de 1879.
“En confirmación de lo que tuve el honor de asegurar a V.E. en mi Oficio de 22 de Abril último, respecto de la perseverante labor de Chile en el sentido de unirse a Bolivia para desmembrar el territorio del Perú, me es grato adjuntar, en copia legalizada, dos cartas dirigidas de Santiago de Chile, con fechas 8 y 11 de Abril último, al Sr. Presidente de Bolivia, General Hilarión Daza, por D. Justiniano Sotomayor, ex-Cónsul de Chile en Corocoro, República de Bolivia, hermano del Coronel D. Emilio Sotomayor, actual Jefe de Estado Mayor General del Ejército chileno en campaña sobre el Perú y Bolivia, y hombre influyente en la política de Chile.”
« Séame permitido, además, llamar la atención de V.E. sobre la innovación que se hace ahora en la amplitud del ofrecimiento con que Chile ha pretendido siempre seducir la lealtad de Bolivia, para con su hermana y aliada la República del Perú; pues ese ofrecimiento, reiterado y perseverante, ha consistido en ayudar a Bolivia a conquistar todo el territorio peruano comprendido entre el Rio Loa y el Morro de Sama, en cambio de la cesión que Bolivia debía hacerle de todo su litoral hasta el rio Loa, mientras que en las cartas adjuntas se excluye de ese ofrecimiento toda la provincia de Tarapacá, y se limita solo al territorio comprendido entre los puertos de Arica e Yslay.
« No me persuado que cause extrañeza en el ánimo de V.E. el uso que esta Legación hace de las cartas aludidas, pues además de hallarme plenamente autorizado para hacer de ellas el uso que crea conveniente, no puede escaparse a la penetración de V.E., que dichas cartas salen por su naturaleza de la esfera de lo confidencial; que su contenido tiene un carácter de pública notoriedad en Bolivia, Chile y el Perú; y que es necesario, en fin, descorrer el velo de mentida lealtad y circunspección con que Chile encubre su alevosía y la desmoralización en sus relaciones político internacionales."
Z. FLORES
(Ministro Plenip. de Bolivia).
“Santiago, Abril 8 de 1879 - Señor D. Hilarión Daza - La Paz.”
“Apreciado Amigo - Me encuentro aquí desde hace un mes, y Ud. no tendrá necesidad de que le diga porque me he venido.
La ruptura de relaciones entre Bolivia y Chile me ha sido muy dolorosa, porque siempre he sido de opinión que no debería y haber en la América del Sur países que cultivasen mas estrechas relaciones de amistad. El Perú por el contrario, es el peor enemigo de Bolivia, es el que la agobia bajo el peso de sus trabas aduaneras, el cancerbero de la libertad comercial, industrial y hasta cierto punto política de Bolivia…. Chile es el único país que puede librar a Bolivia del pesado yugo con que el Perú la oprime. Chile es también la única Nación que, aliada a Bolivia, puede darle lo que le falta para ser una gran Nación, es decir, puertos propios y vías expeditas de comunicación. ¿Puede pensarse seriamente en Bolivia en buscar por Cobija y demás puertos de su litoral una salida para su comercio? Profundo error. Los únicos puertos naturales de Bolivia son Arica, Ilo y Mollendo, o Yslay. Aliada al Perú y haciendo la guerra a Chile, ¿qué le sucederá a Bolivia si Chile es vencido? que caerá en manos del Perú, y gemirá como antes bajo el peso de sus gabelas. Y si Chile triunfase ¿qué ganarían los aliados? Bolivia, vencedora o vencida, quedará sin puertos y anulada como Nación. Por el contrario, Bolivia unida a Chile ¿no tendría seguridad de vencer al Perú? ¿No tendría en su mano apoderarse de la puerta de calle de que carece?
“Una cosa he notado aquí desde mi llegada. No hay odio alguno contra Bolivia, se han respetado los bienes y personas de los bolivianos, la guerra a Bolivia no ha conmovido al país, salvo alguno que otro movimiento de tropas, parecíamos estar en paz. Pero llegó el momento de declarar la guerra al Perú, y el país se levantó en masa como un solo hombre….
“Al Perú le haremos la guerra a muerte, a Bolivia no podernos odiarla. ¿Por qué andamos tan descaminados haciendo guerras que no nos convienen, y contrayendo alianzas que nos convienen menos aun? Sería aun tiempo de poner las cosas en orden? ¿Por qué no? Ahora o nunca debe pensar Bolivia en conquistar su rango de Nación, su verdadera independencia, que por cierto no está en Antofagasta, sino en Arica - Después de esta guerra ya será tarde. Chile vencedor no lo consentiría, a menos de tener a Bolivia de su parte. El Perú vencedor le impondrá la ley a Bolivia su aliada y a Chile su enemigo; y Chile debilitado no podrá ayudar a Bolivia, aunque ésta se lo pidiese. El hombre que de a Bolivia su independencia del Perú será mas grande que Bolívar y Sucre, porque aquellos solo le dieron un simulacro de libertad, y éste se la daría real y verdadera.
¿Estaba reservada a Ud. tan colosal empresa?”
Su afectísimo amigo y S. S.
J. SOTOMAYOR.
«Santiago, Abril 11 de 1879 - Señor D. Hilarión Daza - La Paz.
“Estimado Amigo - Con fecha 8 del corriente me he tomado la libertad de dirigirle una carta, sometiéndole ciertas ideas que espero le hayan merecido alguna atención; porque no ha de tardar mucho en llegar el momento de que puedan ser llevadas al terreno de la práctica….. Durante mi permanencia en Bolivia he expresado siempre mi parecer de que Bolivia no tiene mejor amigo que Chile, ni peor verdugo que el Perú. Este hace el papel de vampiro, que chupa a Bolivia toda su savia vital, mientras Chile le ha llevado brazos, capitales e inteligencia para desarrollar su riqueza nacional. El Perú oprime a Bolivia con sus leyes de tránsito o de aduanas, y en Chile se ha visto con pena ese estado de cosas, y se ha simpatizado con la aspiración de un noble país que lucha en vano por obtener vías propias para ponerse en relación con el resto del mundo. Buscar esa solución por el Amazonas, o por Cobija, o Mejillones, son sueños; porque esas vías serán en todo caso mucho mas caras que la de Tacna y Arica, aun cuando en ésta se cebe la codicia del Perú. Para Bolivia no hay salvación, no hay porvenir, mientras no sea dueño de Ilo y Moquegua, Tacna y Arica. Imagínese Ud. a Bolivia en posesión de esos territorios. En muy poco tiempo una línea férrea uniría a Tacna con la Paz, y el telégrafo la pondría en contacto con el mundo entero. La industria y comercio tomarían un inmenso desarrollo. Bolivia vería incrementarse rápidamente sus rentas, afluir la inmigración, crecer la población; sus importantes productos agrícolas y mineros irían a competir con los de sus vecinos en los mercados del mundo. Bolivia podría tener marina de guerra y marina mercante. En vez de consumirse en disturbios y revoluciones internas, emplearía su actividad en progresar y enriquecerse. La posesión de Tacna y Arica sería para Bolivia la varita mágica que todo lo transformaría. Bolivia que encierra en su seno tantas o mayores riquezas que Chile y el Perú, y a las que solamente faltan puertos propios en situación conveniente, llegaría en muy poco tiempo a competir con sus vecinos en población, rentas, riquezas v adelantos materiales de todo género. La alianza con el Perú, la derrota de Chile ¿pueden darle algo parecido? ¿Tendría siquiera gloria? ¿La gloria no seria para el Perú, y los gastos y perjuicios de la guerra no serian para Bolivia? ¿No quedaría Bolivia más oprimida que antes por el Perú; y con menos probabilidades de salir jamás de su posición secundaría y avasallada? Y en caso de vencer Chile por mar, que es lo más seguro a la escuadra peruana ¿como podría Bolivia pensar en atacarnos en Antofagasta? Todo su valor y decisión ¿no serian vencidos por el desierto aun antes de llegar a las manos? El Perú que ha sido desleal con Chile y con Bolivia en repetidas ocasiones, no tardará en dar a Ud. algún motivo poderoso de queja que sirva de punto de partida para la alianza con Chile, la cual aquí no encontraría grandes dificultades para ser aceptada, según el espíritu que he podido observar en la generalidad del pueblo, el cual, si odia al Perú, ha tenido mas bien simpatías por Bolivia, hasta la última emergencia que nos ha hecho romper relaciones.
“Con gusto me impondré de la contestación que tenga a bien darme, para seguir trabajando por la difusión de mi idea, dado caso de ser aquella favorable. »
Su afectísimo amigo y S. S.
J. SOTOMAYOR.
La población chilena se divide en dos clases importantes
Del estado social y económico de Chile hemos dicho ya algo: sin embargo, para conseguir completamente nuestro objeto, y saber el conjunto de causas que impulsaran a Chile a desafiar sobre los campos de batalla la alianza Perú-boliviana, será conveniente profundizar más semejante estudio lo que nos servirá también para conocer las cualidades generales del soldado chileno, del cual hemos de ocuparnos mas tarde.
Como hemos dicho en otra ocasión, cuando a principios de este siglo se convertía Chile de Colonia española en República independiente, su población se dividía en dos clases: una poco numerosa, de propietarios de las tierras, o sea de hacendados y mineros; y la otra, de la gran mayoría proletaria de la población indígena, o sea de la plebe, del roto (descamisado).
La clase media que entonces no existía, sino de una manera rudimentaria, hizo su aparición real y verdadera después de la independencia; formándose parte, de las grandes familias empobrecidas con el tiempo y o fraccionadas por las sucesivas divisiones y subdivisiones del patrimonio primitivo, y parte, poco a poco del pueblo mismo, comenzando con desempeñar modestos empleos de la administración pública, con el paulatino engrandecimiento a la sombra de las familias ricas, con la explotación por su cuenta de pequeñas minas, y en fin por alguno de los muchos medios de lenta o repentina elevación, que son comunes a todos los pueblos.
Esta clase media, que ha venido formándose paulatinamente, y que hoy día mismo no es ni numerosa ni adelantada, no desempeña mas que una parte muy secundaria en la economía de la República. Desempeñará una mas tarde; y quizás poco buena, por su escasa educación y por su poca o ninguna base en una sólida propiedad rural, cuando, siendo más numerosa, pretenderá que se cuente con ella en el manejo de la cosa pública. Y creemos no equivocarnos opinando, que la guerra de que nos ocupamos ha aproximado grandemente ese momento, por las muchas ambiciones que ha despertado y por la mucha gente que ha sacado de su verdadero centro, como diremos mas tarde; pero por ahora, dicha clase media desempeña un papel muy secundario, y no es necesario decir más.
Los peones, inquilinos y trabajadores de minas
Hemos hablado ya de la fracción aristocrática (aristocracia de capitales y tierras) que gobierna el Estado. Ocupémonos ahora del pueblo.
Dejando a un lado el pueblo de las ciudades y de los puertos comerciales, que con poca diferencia es casi siempre el mismo en todas partes, el pueblo del campo que constituye exclusivamente la gran población rural de Chile, se divide en tres categorías: peones, inquilinos y trabajadores de minas que todas juntas, en unión también al pueblo de las ciudades y puertos, van comprendidas en la denominación general de rotos.
Los peones son la verdadera personificación del proletarismo según la moderna acepción de esta palabra: más o menos libres de todo vínculo de familia, sin domicilio fijo ni ocupación determinada, viven al día, donde pueden y como pueden, abrazando precariamente toda clase de oficios, y deseosos de correr continuamente en busca de uno mejor, que por regla general no encuentran nunca, o casi nunca, de su agrado. Un par de zapatos a suela gruesa, un par de calzones, y una camisa en un estado no siempre meritorio, con encima de todo esto un poncho (1) ordinario, que con la sola diferencia de la calidad de la tela es la prenda nacional por excelencia, tanto del rico como del pobre, los peones se encuentran por todas partes sobre la superficie de Chile. De su educación moral poco hay que decir; porque no pasa más allá de alguna superstición católica (2), que con la promesa de un perdón muy fácil de conseguir, mediante algunas horas pasadas en el templo de cuando en cuando, les deja la mas completa libertad de acción. La educación intelectual, que es nula en la mayor parte, se reduce en los demás a la simple lectura de alguna página de impreso, que no siempre entienden; y esto gracias a las escuelas elementales diseminadas por el Gobierno en toda la República, sobre todo en los últimos diez años.
Inquilinos, son los labriegos encargados de los trabajos del campo; y toman su nombre de inquilinos del domicilio estable que gozan en las grandes posesiones a las cuales prestan sus servicios. Cada inquilino recibe del propietario un pequeño terreno que puede trabajar por su cuenta, y en medio del cual debe construir la modesta vivienda que lo cobija, a él y a su familia: frecuentemente, no siempre, pues esto depende de los usos de la localidad y de la cualidad y cantidad del terreno (que nunca excede del necesario para proveer una pequeña familia de un poco de legumbres y hortaliza), tiene cambien derecho a que se le suministren los bueyes necesarios para arar su tierra. En cambio de esto, el inquilino se halla obligado a prestar al propietario una cantidad determinada de trabajo no remunerado, o remunerado únicamente con la comida (que consiste ordinariamente en dos platos de judías y un pedazo de pan ázimo, según las costumbres locales) y además a presentarse a trabajar siempre que se le llame: en este caso recibe un jornal; pero sumamente módico, o por mejor decir, a precio rebajado. Esta servidumbre de trabajo, llamada inquilinaje, es extensiva a todos los individuos varones que componen la familia, pequeños y grandes.
Simple reproducción, se puede decir, de los antiguos pecheros, los inquilinos vegetan y mueren ordinariamente sobre la propiedad en que vieron la luz. Confinado bajo el humilde techo toscamente construido, de paja o de madera, de la miserable casucha que lo vio nacer, o de otra parecida levantada al lado de ésta; sin mas sociedad que la de su familia y de sus semejantes (exceptuando el domingo que, si tiene dinero, lo celebra alegremente en la cantina más cercana) el inquilino tiene escasas probabilidades de progresar, y trasmite en consecuencia a su hijo, con poca o ninguna diferencia, la misma semi-barbarie que heredara de su padre; siendo quizás inferior al mismo peón que al menos viaja y ve tierras, como suele decirse.
Finalmente los trabajadores de minas, como el mismo nombre lo dice, son los dedicados especialmente a los trabajos sumamente difíciles y fatigosos de la explotación de éstas, que frecuentemente penetran varios centenares de metros en las entrañas de la tierra, siguiendo en todos sus sentidos las caprichosas vueltas y revueltas de la vena metálica. Trabajador infatigable mientras se encuentra con la enorme piqueta de diez a quince libras en las manos, o con la pesada espuerta de mineral en los hombros, - no sale de allí sino para gastar en pocas horas de infernal orgía, todas sus pequeñas economías de quince días de todo un mes (según el periodo establecido en cada localidad para el arreglo de cuentas); y es el verdadero representante del hombre-bestia.
(1) El poncho es una especie de manta, con un corte longitudinal en el centro, por el cual se pasa el cuello
(2) Es necesario advertir que el clericalismo, con sus inseparables efectos de ignorancia, superstición y falsa devoción es una de las plagas sociales que más
pronunciadamente inundan a Chile.
El roto
El roto chileno, sea peón, inquilino o trabajador de minas, es eminentemente trabajador y sobrio, mientras se ve acosado por la necesidad. Trabaja doce horas al día con el mismo afán que en el primer momento, y se contenta como único alimento de un pedazo de pan ázimo y algunos platos de porotos (judías, muy abundantes en Chile); pero a condición de poderse abandonar a la crápula de cuando en cuando, sea en las tabernas, sea en jaranas, o fiestas de familia, entregándose hasta donde lo permiten sus fuerzas físicas, a clamorosas orgías, que a veces se prolongan por muchos días consecutivos, hasta que se gasta el último céntimo de sus economías.
El roto, como regla general, no es nada económico, y no piensa nunca el día de mañana. El dinero no tiene para él mas que un solo valor: el de facilitarle el camino de la taberna o de la jarana, o sea de la orgía; y únicamente por esta razón lo aprecia y lo busca: excluyendo este empleo, no sabría que hacerse de él; y de aquí proviene su constante pobreza, pues la orgía absorbe continuamente cuanto gana, o de cualquier manera le cae entre las manos. Mientras que le queda un solo maravedí en el bolsillo, no trabaja; y aun teniendo otras necesidades urgentes que satisfacer, aquella moneda la dedica con preferencia a la orgía, en la cual consuma algunas veces sumas relativamente considerares, mientras su familia va cubierta de trapos y el mismo se encuentra andrajoso. Su economía no tiene más punto de mira, que el cuidado de dejar a la orgía la mayor parte posible.
Cuando dos rotos se pelean, comienzan, antes de venir a las manos, aun borrachos, por quitarse el poncho y la camisa, para que no se rompan o ensucien de sangre; y esta economía, a costa de su propia carne, no la hacen, repetimos, que a beneficio exclusivo de la orgía.
Esta tenaz propensión a la orgia, unida a su escasa o nula educación moral, da como resultado que el roto prefiera dedicarse siempre que puede, al robo mas bien que al trabajo, para •procurarse los medios de satisfacer su pasión. Sin embargo, la policía chilena ha pensado y piensa siempre asiduamente a esto; uniendo a su fuerte organización, un rigor que quizás no hubiese sido tolerado en Europa, ni aun en los Estados mas despóticos de la Edad Media. El hurto, lo mismo que toda infracción a las leyes nacionales, es perseguido en la persona del roto con una justicia mas o menos sumaria, que comienza siempre en los cuarteles de la policía con una fuerte dosis de latigazos.
El látigo es la primera ley del roto; es quizás la única que teme. Esta aserción se halla corroborada por la observación constante, de que el roto, tan dócil y obediente en Chile (hecho que ninguno podría negar) no posee ninguna de estas dos cualidades, cuando se encuentra fuera de su patria, donde no existe la dolorosa pena del látigo.
El roto no es nada valiente, pero sí, de índole feroz: brutal y descarado. Turbulento y fácil a buscar querella, si encuentra un enemigo que no le teme se hace humilde y rastrero inmediatamente; si por el contrario se apercibe que se le tiene miedo, se hace insultante y provocador, dejándose trasportar aun sin motivo, hasta los últimos excesos, por simple fanfarronada y brutalidad. En una palabra, el roto es culebra o tigre según el enemigo que tiene delante.
Dos clases, de que Chile tendría urgente necesidad, faltan casi absolutamente en este país; a saber: la de pequeños propietarios rurales que hagan valer por sí mismos sus tierras, y la de arrendatarios acomodados que unan a su propio trabajo capitales suficientes para cultivar bien y con provecho las inmensas haciendas de los propietarios que viven en la Capital A las indiscutibles ventajas que producirían a la agricultura, es necesario añadir la todavía aun mas importante de orden social, de que dichas clases servirían corno elemento moralizador de la enorme población rural, sacándola poco a poco con el ejemplo y con la influencia que ejercerían directamente sobre ella, de la abyección en que se encuentra actualmente.
Productos de Chile y la Araucanía
Chile no posee manifacturas en el verdadero sentido de la palabra. Si se exceptúa una elaboración de orden completamente secundario, o como diríamos embrionaria, dicho Estado lo recibe todo de Europa. Telas, hilados, vajilla, cristalería, quincalla, papel de escribir y para la imprenta, máquinas, muebles de precio, instrumentos de trabajo, objetos de lujo de todas clases, todo lo recibe de Europa. El comercio se encuentra por nueve decimos en manos de los extranjeros. Valparaíso, primer puerto y centro mayor del comercio chileno es una verdadera Babilonia en cuanto a idiomas. Allí se oyen todas las lenguas de Europa, con pronunciado predominio de la inglesa.
Los productos principales de Chile son los cereales y el cobre. Es sobre estos dos productos que se ejerce, en razón de un ochenta por ciento por lo menos, la actividad nacional; y es sobre ellos que reposa todo el comercio de exportación de la República. De consiguiente, depende únicamente de dichos productos el necesario equilibrio entre el comercio de exportación
y el de importación.
A comenzar desde la época de su independencia, cuando Chile no contaba mas que medio millón de habitantes,, su población indígena ha ido siempre aumentando rápidamente, en una proporción que pasa sobremanera la que acusa la Estadística en los demás Estados del globo. Esto ha dependido y depende en su mayor parte de la cercana Araucanía, poblada de los restos de una de las muchas tribus salvajes que habitaban el territorio extremo de la América meridional, y que formaron la primera población indígena de Chile, después de la conquista española.
Tribu valiente, belicosa y feroz, la de los araucanos sostuvo continuas y encarnizadas luchas con los conquistadores ibéricos, los cuales, si bien llegaron de cuando en cuando a someter pequeñas fracciones, no consiguieron nunca someterla completamente.
La República de Chile, tanto por su propia defensa cuanto para apoderarse de las tierras ocupadas por los salvajes Araucanos, continuó y continua siempre contra ellos, quizás con mayor actividad y constancia, la guerra iniciada por los conquistadores españoles, consiguiendo frecuentemente, como aquellos, apoderarse de una parte de su territorio y reducirlos, en fracciones mas o menos grandes, a su obediencia.
Sin andar más lejos, una prueba de este hecho nos la ofrece el discurso leído por el Presidente de Chile al Congreso nacional el 1° de Junio 1881, del cual hemos hecho ya mención: “Terminada la campaña de Lima - dice el Presidente - y no siendo posible licenciar de una vez al ejército de reserva, creí que podrían utilizarse, los servicios de esa tropa en el adelanto de la frontera que nos separa de las tribus de la Araucanía…. A la fecha se encuentran ya establecidos siete nuevos fuertes.... Con los fuertes recientemente establecidos ha quedado sometido todo el territorio que se extiende del Malleco al Cautín…. Establecida nuestra línea de frontera sobre el Cautín, y ocupados los puntos que acabo de mencionar, la estrecha faja de terreno comprendida entre ese río y el Tolten podrá ser sometida al imperio de nuestras leyes en el momento que se crea oportuno.”
Los salvajes habitantes de la Araucanía, que desde el 1820 hasta nuestros días ha ido siempre sometiendo Chile a su obediencia, y que han entrado naturalmente a engruesar la numerosa clase de los rotos, son pues los que principalmente han contribuido a aumentar con tal rapidez la población de la República; la cual, si en 1820 llegaba con dificultada 5oo,ooo habitantes, contaba 1,439,120 en 1854, y 2,319,266 en 1875, como resulta de los empadronamientos de los años respectivos.
Comercio de importación y de exportación
Como era natural, con el aumento de la población, crecieron proporcionalmente también sus necesidades v su actividad productora. Así es que, comenzando desde la época en la cual Chile comenzaba a tener una estadística bien hecha, o sea desde 1843, se observa, hasta 1873 por lo menos, un continuo aumento, interrumpido únicamente en algún año excepcional, tanto en el consumo como en la producción; y consiguientemente, tanto en la importación como en la exportación, que son su indicio mas cierto.
Examinando los primeros cinco años, desde 1843, el doble comercio de importación y exportación nos da las cifran Siguientes:
En Pesos
El año 1854, cuando la población de Chile había llegado ya a millón y medio próximamente la importación fue de pesos
17, 428,299, y la exportación de 14, 527,156.
Finalmente e los últimos cinco años anteriores a la guerra, en los cuales la población había aumentado todavía en dos terceras partes próximamente, encontramos:

Como resulta de todas estas cifras, las necesidades de Chile fueron siempre mayores a los recursos procurados por su actividad: consumía más de lo que producía. Y no puede disminuir en modo alguno el valor de esta verdad, el hecho de haber sido la importación inferior a la exportación en los últimos tres años del cuadro anterior; puesto que no fue esta última la que aumentara, sino la primera la que había disminuido; lo que se explica fácilmente, y es además una nueva prueba del malestar económico siempre en aumento del país, como ahora, veremos.
Malestar económico de chile
Si exceptuamos el pequeño aumento en la exportación de 1876, que no llegó tampoco a la cifra de importación de los años anteriores, dicha exportación bajó por el contrarío en los años 1877 y 1878; lo que prueba una diminución en la producción, y de consiguiente en la riqueza privada; y si a la par disminuyó la importación, esto no fue mas que una consecuencia, lo repetimos, del malestar económico del país.
En nuestros Estados europeos, todos ellos mas o menos industriales y manufactureros, la diminución en la importación no es generalmente, salvo casos excepcionales, mas que una consecuencia del progreso de las industrias y manifacturas propias, las cuales disminuyen en tanto la entrada de los productos extranjeros, cuanto mas avanzan ellas mismas y consiguen satisfacer las necesidades del consumo interior. Pero esto no es ni podría ser aplicable a Chile, el cual, como hemos dicho, no tiene manufactura alguna, ni industria de ningún género, aparte sus minas de cobre y la agricultura, a las cuales se podría añadir, si bien en muy modestas proporciones, la del carbón fósil.
Exceptuando los productos agrícolas y los metalúrgicos, repetimos, Chile lo recibe todo del extranjero. De consiguiente, la diminución en la importación no puede depender mas que de uno de estos dos motivos: o por haber disminuido las necesidades, o por faltar los medios para satisfacerlas. Cerrando sus puertos a la importación extranjera, su población podría materialmente subsistir con el producto de sus tierras; pero no podrían hacer la vida natural a los pueblos civilizados. Comenzando desde la camisa hasta los vestidos de mayor lujo, desde los primeros a lo$ últimos utensilios e instrumentos de trabajo, desde el indispensable hasta el objeto mas superfino de que se rodea el hombre civilizado, todo lo recibe Chile del extranjero. De consiguiente, para admitir una diminución de necesidades sobre estos artículos, sería necesario comenzar por admitirla en el consumo, como consecuencia de la diminución de la población, o sea de los consumadores, o del retroceso de la población en la vía de la civilización. Pero mientras está probado que la población de Chile aumenta todos los días rápidamente, es también un hecho reconocido que esta marcha siempre adelante, aunque con mas o menos lentitud, sobre la vía de la civilización y del progreso.
No sería de consiguiente ni verdadero ni verosímil, el admitir una diminución en las necesidades; y la diminución de consumos que manifiesta la rebaja de la importación, solamente puede y debe atribuirse a la diminución de los medios que ocurren para satisfacer tales necesidades, o lo que es lo mismo, al malestar económico del país. Mientras que le fue posible, mientras pudo disponer de exuberancia de fuerzas vivas, o sea de capitales de reserva, vivió a sus expensas, y pagó con ellos el exceso de consumo que no llegaba a cubrir con el producto de su exportación. Más tarde, como sucede ordinariamente tanto en la vida de los pueblos corno en la de los individuos, habituado a este bienestar, y habiendo agotado, o poco menos, sus capitales de reserva, se encaminó en el sendero del crédito, descontando de antemano sus fuerzas virtuales o del porvenir. Y cuando este último recurso, tan ruinoso siempre, comenzó también a faltarle; cuando su impotencia se pronunciaba ya en todos sentidos, se vio obligado, por grado o por fuerza, a someterse al régimen de las privaciones; y principió a consumar menos de año en año, dejando de año en año sin satisfacer una parte siempre mayor de sus necesidades. Dejando aparte los últimos cinco años que nos han procurado los dalos para este examen, encontramos que en el año siguiente 1879, que fue el primero de la guerra, la importación disminuyó todavía mas, llegando escasamente a la cifra de 22,794,608 pesos; es decir, que fue inferior en mas de dos quintos a la de los años 1874 y 1875.
Es muy sabido que, principalmente para los pequeños pueblos, los anos de guerra, y de una guerra relativamente colosal,
Son años de la mayor economía y privación. Sin embargo, como resulta de los mencionados datos estadísticos, la importación de 1879 no fue mas que de dos millones y medio próximamente inferior a la del año anterior 1878, la cual había sido ya de cuatro millones poco mas o menos inferior a la del 1877, que a su vez fue de seis millones menos que la precedente importación de 1876, ya disminuida en cerca de tres millones de la del 1875. Esto prueba que cuando llegó la guerra, que por sus inmensas proporciones necesitara el concurso de todas las fuerzas del país, éste había llegado ya por grados sucesivos casi al sumo en la escala de las economías y privaciones posibles; en modo que fueron bien pocas las que todavía pudo hacer, y siempre inferiores a las de los años anteriores de paz octaviana. A pesar de todo, la importación de aquel año fue con pequeña diferencia igual a la del año 1860, cuando su población era una tercera parte menor en número, y de consiguiente, en necesidades.
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