domingo, 29 de noviembre de 2009

La conducta de domingo Santa María con el plenipotenciario peruano


Desde el día 11 hasta el 19 de Marzo no hubo negociaciones de ningún género entre el Plenipotenciario del Perú y la Cancillería de Santiago, directamente por lo menos. Nos dicta esta reserva la conducta bastante singular observada por uno de los personajes mas influyentes de los círculos políticos de Santiago, D. Domingo Santa María, antiguo amigo del Plenipotenciario peruano, al cual visitara desde su llegada a la Capital chilena, y a cuyos faldones estuvo siempre continuamente cosido durante toda su permanencia allí, conversando y discutiendo familiarmente con él sobre el objeto de su misión y sobre todas las cuestiones mas vitales de actualidad. Santa María, como en varias ocasiones el mismo se complacía declarar: “ no se mezclaba en estos negocios que como amigo del Perú, del Plenipotenciario Lavalle y del señor Pinto, Presidente de Chile, que lo había expresamente autorizado para ello, pero sin carácter oficial alguno (1).”

Ahora bien, aunque no tuviese ningún carácter oficial, la expresa autorización del Presidente de Chile le revestía por lo menos de cierto carácter oficioso, que le daba la facultad, y hasta cierto punto le obligaba a hacer de portavoz entre dicho
Presidente y el Plenipotenciario Lavalle: sin embargo, parece que este último no se preocupó ni mucho ni poco de semejante circunstancia; e hizo muy a menudo, al amigo, confidencias tales que no hubiera hecho ciertamente a personas revestidas de carácter oficial; como por ejemplo, la que relata en Nota 13 de Marzo a su Gobierno, a saber que, habiéndole preguntado Santa María; “si a su juicio, y hablándole francamente de amigo a amigo, el mal éxito de las negociaciones que se le habían encargado, daría como resultado inevitable la guerra entre el Perú y Chile….. el contestó sin vacilar que sí”

Nosotros no suponemos en modo alguno que Santa María, persona muy respetable, abusase a sabiendas de tales confidencias. Pero de cualquier modo que fuese, el Plenipotenciario peruano no hubiera debido olvidar jamás el carácter semioficial de dicho Señor, y prever la probabilidad nada remota que, aun inconscientemente y sin mala intención por su parte, podía este permitir alguna vez que el intermediario oficioso o autorizado escuchara lo que únicamente se decía al amigo. Además, Maquiavelo decía que en política no hay amigos; quizás la sentencia es demasiado absoluta, pero es conveniente no olvidarla.

El 19 de Marzo el Plenipotenciario Lavalle tuvo una segunda conferencia con el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, el cual, después de las mayores manifestaciones de simpatía hacia el Perú, que llegaron hasta hacerle decir que: “jamás
Chile declararía la guerra al Perú, y que se limitaría a resistir si era agredido, considerando esa la mas dolorosa de las necesidades a que podía verse expuesto”, y después de haber reiterado su primera declaración de la imposibilidad de desocupar el litoral boliviano, como base del arbitraje propuesto por el Perú, no pudiendo abandonar los ciudadanos chilenos que la habitaban, al despotismo y a la perpetua anarquía de Bolivia, le manifestó; 1° el proyecto del Gobierno chileno de intentar con la mediación del Perú, un arreglo directo e inmediato con Bolivia; 2º de trasladar las negociaciones a Lima, donde podrían discutirse amigablemente las bases de dicho arreglo, con la Intervención del Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, entre los Plenipotenciarios de Chile y Bolivia; 3º que el Plenipotenciario de Chile sería Don Domingo Santa María, sobre el cual se podía contar, si bien realmente todavía no hubiera aceptado la misión; 4º que era necesario conservar el mayor secreto sobre el particular. Y aquí es de advertir, que dicho proyecto desarrollado oficialmente por el Ministro chileno como habiendo entrado ya en las miras de su Gobierno, se había formado poco a poco en los días anteriores en las conferencias entre Lavalle y su amigo Santa María.

El día siguiente, 20 de Marzo, el Plenipotenciario del Perú recibió la visita de costumbre de Santa María, el cual le comunicó, que el Presidente de Chile le había instado vivamente, para que se trasladase a Lima, a lo que había respondido afirmativamente, aunque fuese un gran sacrificio para él abandonar Santiago en aquellos momentos, únicamente por el deseo de asegurar la paz entre Chile y el Perú; y que sin embargo temía fuese ya demasiado tarde, y su sacrificio estéril, la actitud del Perú con sus armamentos y con el envió de dos mil hombres a la frontera de Bolivia, siendo muy sospechosa y amenazadora para Chile. De todas maneras, se acordó que Santa María saldría de Chile con el vapor del 29 del mismo mes, si nada de particular acaecía en este intervalo. Al día siguiente, 21 de Marzo, Santa María hizo una nueva visita a Lavalle, para decirle que después de maduro examen y de una larga conferencia con el Presidente de Chile, había decidido no trasladarse a Lima; porque abrigaba el temor de llegar demasiado tarde, y sin otro resultado que el de ver disparar el primer cañonazo.

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