domingo, 29 de noviembre de 2009

Chile hace el papel de provocado


El Gobierno de Chile dijo que dicho decreto contenía una declaración de guerra lanzada de motu propio por Bolivia contra
Chile; que el estado de guerra entre Chile y Bolivia comenzaba solamente entonces, en virtud de aquel decreto con el cual Bolivia provocaba Chile a la lucha y que por esto, siendo Chile el atacado, procedía a invadir, por represalia, el territorio del
Estado agresor. Dicho y hecho, dio orden telegráficamente a la escuadra y ejército que treinta días antes se apoderaron en plena paz de Antofagasta, Mejillones y Caracoles, de invadir y ocupar también los puertos y territorios restantes de Bolivia, hasta los confines del Perú. Y como el supuesto Estado agresor, Bolivia, no tenia en sus lejanos y miserables puertos de Tocopilla y Cobija, que escasamente unas pocas docenas de soldados empleados como fuerza de policía, los acorazados chilenos no tuvieron mas que presentarse y desembarcar una compañía de línea para apoderarse de ellos: otras cuantas compañías salieron al mismo tiempo de Caracoles para apoderarse a su vez del villorrio interno de Galanía, situado en el Alto-Atacama; y así es que todo el desierto quedó en pocas horas en poder de Chile - Bien entendido, sin encontrar la menor resistencia, exceptuados solamente unos pocos disparos de fusil en Calama, donde se habían refugiado en medio de mil dificultades y careciendo de todo, especialmente de agua y calzado, los pocos soldados bolivianos desalojados sucesivamente de Antofagasta, Mejillones, Caracoles, Tocopilla y Cobija (1).

En fin Chile, solamente porque había iniciado contra Bolivia una guerra de nuevo genero, sin previa declaración escrita ni verbal, procediendo por sorpresa a invadir el territorio Indefenso del amigo, el 14 de Febrero, bajo el pretexto de reivindicar lo que decía suyo; o en otros términos, solamente porque su agresión del 14 de Febrero había sido mas o menos pérfida, consideraba que dicha invasión no era en modo alguno un principio de guerra, y ni aun siquiera una simple provocación. Aun suponiendo, como remota hipótesis, que Chile hubiese tenido sus buenas razones para ejercer un derecho de reivindicación sobre un territorio poseído pacíficamente por Bolivia, y cuyo dominio Chile mismo le había reconocido por dos Tratados sucesivos ¿ Es acaso con una brutal invasión de dicho territorio, con una invasión hecha de improviso cuando se vive bajo el amparo de la paz asegurada por el derecho internacional, que ese derecho reivindicatorio pueda y deba ejercerse, para luego sostener que dicha invasión no es un acto hostil, y de la peor de las hostilidades?. Sin embargo Chile, armado de una lógica araucana que le es peculiar, sostenía que dicha invasión no constituía por sí misma un acto de guerra, ni una provocación suficiente para romper las hostilidades. Llamaba por el contrario provocación y declaración de guerra, el decreto antes citado del Presidente de Bolivia, cuyo espíritu bien diverso se revela fácilmente a todo aquel que no carezca de sentido común; y se aferraba a este pretexto para extender su invasión de 14 de Febrero a todo el Desierto de Atacama, o sea a toda aquella parte del territorio boliviano que se había propuesto conquistar. ¡Hasta donde pueden llegar el espíritu de prepotencia y la ceguera de las pasiones!!

Y todo esto, mientras se escuchaban y dejaban en suspenso las gestiones del Perú que se ofrecía como mediador, para zanjar amigablemente las dificultades con Bolivia.

(1) En la Historia de la Guerra del Pacífico, escrita por el historiador chileno Diego Barros-Arana, con la ayuda e inspiración del Gobierno chileno, allí donde se habla de estos hechos y del famoso decreto del Presidente de Bolivia, General Daza, se lee: « Desde que el General Daza había declarado la guerra a Chile… a la cabeza de unos 500 hombres de las tres armas salió de Caracoles el coronel—> pág. 68.

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