domingo, 29 de noviembre de 2009
Como fue recibido el plenipotenciario peruano en Valparaíso
Habiendo salido de Lima el 22 de Febrero, el Plenipotenciario peruano llegó el 4 de Marzo a Valparaíso, donde fue bastante mal acogido. Su salida de Lima había sido anunciada telegráficamente al Gobierno de Chile, por su Representante en aquella ciudad, así como el objeto de su misión; y habiendo sido solícitamente divulgada dicha noticia, la población de Valparaíso, donde debía desembarcar el señor Lavalle para dirigirse a Santiago, se preparo de antemano a recibirlo de la manera que lo hizo.
Cual fuera esta acogida, lo dirá la Nota oficial, fecha 8 de Marzo, que el Cónsul General del Perú en Valparaíso dirigía con este objeto a su Gobierno:
“Señor Ministro... Ya en comunicaciones particulares he manifestado a Ud. que este pueblo miraba con profunda aversión y enojo la misión conciliadora del señor Ministro Lavalle; que el anhelo de la guerra al Perú es vehemente en todos los círculos sociales de Chile, y que el tono de la prensa de Valparaíso y Santiago revela la resolución de comprometer a nuestro país en la lucha provocada a Bolivia. Los azuzadores de la guerra, recelando que este Gobierno llegue a ceder a la pacífica instancia de la mediación peruana, decidieron mover al pueblo para ultrajar a los Representantes del Perú, y especialmente a nuestro Plenipotenciario, el día de su llegada al puerto, como el recurso más fácil y breve de cortar toda relación entre el Perú y Chile.
-Con perfecta evidencia de este propósito, me dirigí el día 3 al señor Intendente de esta provincia, manifestándole la enormidad del desacato que se preparaba, v pidiéndole que hiciera guardar al señor Ministro La valle todo el respeto debido a su alto rango oficial y a la seguridad de su persona. El señor Intendente me contestó que ya tenía noticia del atentado que se pretendía cometer; que había aconsejado a los promotores de tal desorden que no le pusieran en el caso de hacer sablear y fusilar al pueblo, y que me garantizaba que el ultraje no se llevaría a cabo. - El día 4, desde las primeras horas de la mañana, me constituí en el desembarcadero para ir a bordo a la llegada del vapor del norte y acompañar al señor Lavalle. Tres a cuatro mil hombres de la más baja esfera se apiñaban en la explanada y plazoleta del Resguardo, esperando el desembarco del Ministro peruano. En cuanto se avistó el vapor una fuerza de doscientos hombres de línea y una compañía numerosa de agentes de policía secreta se introdujeron entre la turba, cubriendo el frente del desembarcadero. A la una de la tarde regresamos de a bordo acompañando al Enviado del Perú, y desde el muelle al Hotel Central tuvimos que caminar entre dos filas de policiales y estrechados a cada paso por una muchedumbre airada y enemiga, como reos que llevan al suplicio. El respeto impuesto por la fuerza pública y las amenazas del señor Intendente Altamirano evitaron el crimen preconcebido. El señor Ministro Lavalle salió en el tren de 5 de la tarde para Santiago. - En la noche del mismo día se verificó el meeting de protesta e indignación contra la misión peruana, a que había sido invitado el pueblo a la víspera. Después de los más torpes e indecentes insultos contra el Perú y sus Representantes, lanzados por una turba de seis a ocho mil hombres, grupos considerables se dirigieron al Hotel Central en busca del señor Lavalle. Convencidos allí de que había ya salido del puerto, se encaminaron a la plaza municipal, en que estaba situado el Consulado, al cual atacaron a pedradas, con vociferaciones de muerte contra el que suscribe.
Habiendo sido nuevamente amagada mi casa en la siguiente noche, por un pequeño grupo de individuos que querían atentar contra mi persona y que fueron rechazados por dos individuos armados que custodiaban el Consulado, resolví trasladar la Oficina de mi cargo a la calle de la Aduana, lugar mas al centro del puerto….. L. E. MARQUEZ (Cónsul General del Perú)”
A este documento será conveniente añadir el siguiente:
“República de Chile - Ministerio de Relaciones Exteriores – Telegrama recibido de Valparaíso el 5 de Marzo de 1879, a las 12,45 p. m.
Señor Ministro: Anoche tuvo lugar en la plaza de la intendencia el meeting anunciado. Los oradores discurrieron, estando a lo que vi en parte y a lo que se me ha dicho, sobre la necesidad de no aceptar la mediación que supone viene a ofrecer el señor Ministro del Perú. Terminados los discursos, el pueblo se retiraba tranquilo al parecer. Era imposible prever que un grupo se detendría frente a la casa del señor Cónsul General del Perú, para dar gritos de odio y lanzar piedras sobre la puerta. Muy cerca de la casa estaba el ayudante Espindola, de la guardia de seguridad, y corrió a proteger la casa del señor Cónsul General del Perú; pero como el grupo de gente aumentaba, y no obedecía a sus intimaciones, dejó a algunos soldados de policía y a algunas personas decentes custodiando la puerta, y se dirigió a darme aviso. En el acto me trasladé a la casa del señor Cónsul con muchos caballeros que estaban conmigo, y encontramos todavía un grupo considerable de gente, pero ya tranquila. Se le pidió que despejara el sitio, y como no se consiguiera con prontitud pedí un piquete de 16 soldados de a caballo, y con esto se retiró aquella gente…… E. ALTAMIRANO (Intendente de Valparaíso).”
Los gravísimos hechos a que se refieren estos documentos, uno de los cuales emana de las mas altas autoridades chilenas, prueban la evidencia, que aun antes de la llegada del Plenipotenciario peruano portador de la mediación, se había formado en Chile una atmósfera contraria al Perú, y que se buscaba con los medios aun mas violentos provocarlo a un conflicto. En Chile, a pesar de ser un país republicano, las conmociones populares no son tan fáciles y frecuentes como en los demás Estados americanos. Gobernado por una Autoridad fuerte e intolerante, por medio de una Policía numerosa y bien organizada, el pueblo chileno sabe perfectamente que no puede moverse, y no se mueve sino dentro de la esfera de acción consentida por el Gobierno: el cual, si no se hace escrúpulo alguno de usar y abusar del látigo por las mas fútiles faltas de policía (1), se lo hace aun mucho menos de sablear y fusilar la plebe en las grandes ocasiones, según la locución usada por el Intendente de Valparaíso en la conferencia con el Cónsul del Perú. Todo esto, pues, hace suponer que en los referidos desórdenes de Valparaíso, que es la segunda ciudad de Chile, tan importante, y políticamente quizás aun mas que la misma Capital, las Autoridades, que todo lo sabían de antemano, fueron mas ó menos cómplices de la muchedumbre puesta en movimiento. Veremos mas adelante el porque de todo esto.
El Plenipotenciario peruano fue recibido, sin embargo, con todo género de consideraciones por el Gobierno de Santiago, el cual no dejó de manifestarle su sentimiento por la mala conducta del populacho de Valparaíso, y de presentarle sus debidas excusas.
(1) La pena del látigo se halla autorizada en Chile por los Reglamentos de Policía, y forma el pan de cada día de sus cárceles. Ha habido hasta periodistas ignominiosamente azotados en las plazas públicas, sin más orden que la de un Agente superior de Policía.
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