domingo, 29 de noviembre de 2009
El Perú aún neutral tenía derecho de armarse
Aun prescindiendo del derecho que tienen todos los Estados de un mismo Continente de armarse como pueden, cuando dos o mas de ellos se hallan en guerra, para encontrarse en el caso, si fuese necesario, de defender su propia neutralidad, la especial condición del Perú era tal que, deseando conservar su neutralidad en la lucha empeñada entre Chile y Bolivia, únicamente era posible para él, la que el derecho internacional distingue con el nombre de neutralidad armada.
Además de que uno de los beligerantes era su vecino – circunstancia siempre apremiante para que un Estado neutral asegure sus propios intereses armándose - había sido escogido para teatro de la guerra, no solamente el territorio del vecino, sino aquella parte justamente del territorio de este que confinaba con el suyo proprio; siendo así, que la suerte de las armas entre los dos beligerantes debía decidirse en los confines mismos del Perú, hasta donde Chile había extendido su invasión en la segunda mitad de Marzo. Añádase a esto, que estas tierras limítrofes del Perú, cerca de las cuales debía arder con sus siniestros resplandores la roja antorcha de la guerra, eran precisamente la parte mas rica del territorio peruano, es decir el desierto de Tarapacá, Iquique, Pisagua y sus famosos depósitos de salitre; se añade además, que la población de Iquique se hallaba en gran parte compuesta de obreros chilenos y bolivianos empleados en las grandes explotaciones de salitre, y se verá de aquí que, mas que razón, tenia el Perú necesidad absoluta de armarse y prepararse a todo evento en sus confines.
La pequeña división de dos mil hombres enviada a Iquique, tenia como especial misión la de prevenir y contenerlas luchas que los obreros chilenos y bolivianos, dado su peculiar carácter, hubieran casi seguramente empeñado entre ellos; y que además habrían podido servir de incentivo y fácil pretexto, para la entrada en el territorio peruano de uno o de ambos ejércitos combatientes del otro lado del Loa. ¿Quien ignora, hasta donde puede dejarse arrastrar a veces el caudillo de un ejercito invasor, por el entrañable amor por sus compatriotas puestos a dos pasos de él, y que, con razón o sin ella, imploren su ayuda…..sobre todo, si este afortunado caudillo perteneciera a una Nación que dio siempre pruebas no equivocas de sobrada ternura hacia sus hijos residentes en el extranjero? (1).
Hay todavía más. Bolivia que se encontraba completamente desprovista de un buen armamento, Bolivia que no poseyó jamás un cañón ni siquiera como objeto de curiosidad, no podía batirse con Chile sin antes armarse convenientemente, dejando a un lado sus viejos y enmohecidos fusiles de treinta o cuarenta años atrás. Pero un armamento cualquiera no podía recibirlo que por dos solos caminos: o del Atlántico a través de la República Argentina, camino bastante largo y difícil, por no decir imposible; o bien del Pacifico, desembarcándolo en un puerto del Perú, para introducirlo luego dentro del Estado pasando por el territorio peruano; puesto que su costa del desierto de Atacama se hallaba toda en poder de Chile. De un tercer camino por las fronteras del Brasil sería ocioso ocuparse. Y aunque Bolivia no tuviese marina, podía sin embargo dar patentes de corsario, como lo hizo efectivamente el 26 de Marzo; podía comprar algún barco de guerra, uno o dos buques blindados, o simplemente vapores mercantes armados con este objeto, cosas muy posibles todas ellas.
Entonces el Perú se hubiera encontrado amenazado seriamente. Bolivia habría sin duda alguna forzado sus puertos, para proveerse de un buen armamento; y en lugar de hacer descender sus tropas al teatro de la guerra escogido por Chile, a través de la Cordillera y del desierto de Atacama (por sitios casi absolutamente impracticables y faltos de todo, de víveres, de agua y de forrajes), hubiera preferido el camino relativamente fácil y llano del Perú; lanzándolas sobre la acostumbrada vía de La-Paz a Tacna, para embarcarlas luego en Arica, como hizo siempre en épocas de paz, con el consentimiento del Perú, para renovar las pequeñas guarniciones de sus puertos del desierto de Atacama: Antofagasta, Mejillones y Cobija. Y en vista de tantas y tan posibles contingencias; ¿quien no descubre la imperiosa necesidad en que se hallaba el Perú de armarse, para hacer respetar su neutralidad y ponerse a cubierto de cualquiera sorpresa, que de un momento a otro podía comprometer sus intereses y hasta la integridad del suelo nacional?
Por último, es preciso no olvidar las palabras tan altamente significativas que el Presidente mismo de Chile dijo al Plenipotenciario peruano, en la conferencia del día 24 de Marzo:
“Hoy mismo Chile podría hacer la paz con Bolivia, con detrimento del Perú....” hecho que, con algo asaz peor todavía, el Perú conocía desde mucho antes, como diremos a su debido tiempo; y se juzgue por todo esto, si el Perú podía permanecer en una neutralidad inerme, en momentos y circunstancias en que todo era amenaza para él.
(1) El Diario oficial del Perú, EL PERUANO, publicaba el 7 de Marzo la siguiente noticia: “Hoy ha partido para el Sur de la República una división de soldados. Dos razones han dictado esta medida al Supremo Gobierno: es la primera, la natural previsión hacia acontecimientos que pudieran sobrevenir en nuestras fronteras; y consiste la segunda en-la necesidad de conservar a todo trance el orden público en algunas poblaciones del sur, donde, según han informado las autoridades políticas al Gobierno, se principia a sentir alguna excitación entre las colonias chilena y boliviana.”
Publicando después la noticia de la llegada de estas tropas a Iquique, el mismo diario oficial añadía: “Hay actualmente de doce a quince mil chilenos y bolivianos en Iquique y en sus inmediaciones, que no contendrían sus ímpetus belicosos faltando la fuerza competente: he aquí el primer peligro que se ha prevenido.”
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